
La dimensión de los movimientos migratorios forzosos que puede desencadenar el actual polvorín en Oriente Medio es, por ahora, incalculable. Pero los últimos datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ANCUR) pueden dar buena pista de la crisis migratoria que se le puede venir encima a Europa si el conflicto se sigue extendiendo por la región: el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán ha provocado el desplazamiento interno de más de 275.000 personas en Irán, Líbano, Afganistán y Pakistán, que podrían cruzar sus fronteras rumbo a suelo comunitario.

Por el momento, desde Bruselas lanzan el mensaje de que no se ha registrado aún ningún movimiento migratorio desde Irán, aunque se avanza que la Unión Europea (UE) está preparada para las eventuales consecuencias si se alarga la situación. Al igual que desde España, donde el Gobierno ya ha avisado de que será “coherente”, dando la misma respuesta a posibles desplazados que a los ucranianos que huyeron tras la invasión de Rusia en 2002.
Una de las principales causas de los movimientos migratorios masivos son los conflictos armados, tal y como ha quedado demostrado en las últimas guerras de Ucrania, Siria, Yemen o Sudán, que han generado millones de migraciones forzosas. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha recordado este jueves antes de reunirse con sus homólogos europeos, que “toda situación de inestabilidad manifiesta y complicada” como la que tiene lugar en Oriente Medio “genera una problemática diversa”, poniendo como ejemplos las consecuencias del conflicto en Siria en 2015 o la agresión de Rusia a Ucrania hace cuatro años. Como dato, la población de Irán es aproximadamente cuatro veces mayor que la de Siria, donde la guerra civil provocó hace una década la llegada a Europa de más de dos millones de refugiados.
Pero aquella de 2015 no es la actual: se ha pasado de la célebre frase de la entonces canciller alemana Angela Merkel “Wir schaffen das” (“Lo lograremos”) con la que se simbolizó la política de puertas abiertas a los refugiados a la UE a los líderes europeos que hablan de “invasión” de extranjeros o impulsan los centros de deportación de migrantes en terceros países. Aquí puede darse una de las principales contradicciones entre los presidentes de derecha, o ultraderecha, que están exhibiendo su claro apoyo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con respecto a los ataques de Israel, pese a que estos puedan desencadenar una crisis migratoria que afecte a sus países. Uno de ellos, el primer ministro de Hungría, el ultranacionalista Viktor Orbán, aliado de Trump y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
En clave interna, el Gobierno no ha abierto todavía un frente cuerpo a cuerpo con el Partido Popular por este asunto, aunque fuentes ministeriales apuntan a que “la hipocresía” del principal partido de la oposición, cuya “brújula en la cuestión migratoria la marca Vox”, aflorará si finalmente los refugiados comienzan a llegar a Europa. Si llega ese momento, la Ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha garantizado la postura del Gobierno: la misma que en 2022, tras el estallido de la Guerra de Ucrania. “España cada vez que tiene oportunidad demuestra que está a la altura, con coherencia, de abrir los brazos y de transmitir esa solidaridad para dar respuesta a esas crisis y a personas que huyen de guerras”, ha explicado esta mañana en el desayuno informativo Forum Europa. La también portavoz del Gobierno ha recordado que España fue el cuarto país de la Unión Europea en acoger más ucranianos.

