Balance de daños semanales después de la guerra de Oriente Medio: el Dow Jones ha vivido su peor semana desde el mes de octubre; el precio del gas en Europa ha subido un 60% desde el conflicto; el petróleo rompió ayer la barrera de los 90 dólares; el Ibex se ha dejado un 7% en tan solo cinco sesiones. El campo de batalla deja heridos, pero pudo ser peor.
No hay una crisis que sea igual a otra, pero la hemeroteca nos recuerda que el S&P 500 cayó cerca del 12% la semana siguiente a la reapertura de los mercados tras el atentado de las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001 (y pese a un recorte de tipos), en el que fue el mayor retroceso semanal desde la Gran Depresión.
En cuanto a la quiebra de Lehman Brothers (2008), este indicador perdió alrededor de un 20% en la sesiones inmediatamente posteriores. Por último, tras el anuncio del confinamiento global por la covid, en marzo del 2020, Wall Street retrocedió un 15%.
Pues bien, siete días después del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, el índice S&P500 se encaminaba ayer a última hora de la tarde a una caída semanal del 1%. En cuanto al Nasdaq, expuesto a la tecnología, apuntaba a una semana plana.
Si se compara con crisis anteriores, la corrección de las bolsas esta semana ha sido contenida
Se podría hacer el mismo cálculo histórico con el Eurostoxx 50 y, si bien es cierto que hay una mayor debilidad (Europa es estructuralmente más dependiente del petróleo del Golfo y no tiene el colchón del dólar como moneda de reserva), se llegaría a la misma conclusión: pese a las correcciones vividas estos días, estamos muy lejos del colapso global.
Los mercados interpretan que la guerra será limitada (en el tiempo y en el espacio). Bruno de Moura Fernandes, jefe de investigación macroeconómica de la reaseguradora de crédito Coface, resumía a este diario el actual sentimiento de los inversores. “Si realmente en el mercado fuera a faltar el 20% del gas licuado y el 20% del petróleo, los precios no se habrían quedado durante varios días en poco más de 50 euros en el caso del gas en Europa y en la franja de los 80-90 dólares por lo que se refiere al petróleo. El crudo estaría muy por encima de los 100 dólares y sin saber realmente qué techo podría tocar”, comenta.
A las bolsas les da miedo una posible subida de los tipos de interés, que encarecería el crédito y afectaría a los negocios (y, en consecuencia, a la economía real). En Europa (que tiene más dependencia del Golfo que EE.UU.), antes del ataque la probabilidad de que el BCE dejara sin tocar el precio del dinero este año se acercaba al 90%. Ahora los mercados estiman un escenario inédito (30% de probabilidades en Europa, 40% en EE.UU.), y es que los bancos centrales podrían subir una vez los tipos para atajar la inflación. “Pero claro, el incremento podría ser de 25 puntos básicos”, razona. Algo en principio bastante asumible. Y por cierto: el gobernador del Banco de Francia dijo ayer que ahora mismo “no hay razones para subir”.
Para De Moura Fernandes, hay una diferencia esencial con la guerra de Ucrania. “Si en Irán se acaba el conflicto, se acaba casi todo. Se reanuda el tráfico y se retoma de forma progresiva la producción. En una palabra, se va hacia una normalización. En cambio, sabíamos que incluso si Rusia ganaba de forma rápida al ejército ucraniano, al final iba a haber sanciones europeas durante años y un cuadro de incertidumbre prolongado”. En cuanto al impacto sobre los precios de los combustibles, desde el banco Julius Baer afirman que “nuestro escenario base sigue siendo un repunte breve e intenso en los precios de la energía. No se han producido daños significativos a la infraestructura, y la amenaza militar de Irán parece estar disminuyendo”.
“Si la guerra termina, se reanuda todo, la producción, el tráfico de mercancías”, dicen desde Coface
Aun así, habrá que estar atentos. De especial manera con el gas, porque chinos, japoneses y coreanos, que son los que salen más perjudicados de los cortes de suministro del estrecho de Ormuz, podrían desatar una subasta que encarecería las cotizaciones. Por ejemplo, barcos con destino a Europa podrían desviar su rumbo a Asia si estos países ofrecen más. La ventaja es que, como ahora los europeos han incrementado sus compras de gas natural licuado (GNL), es un mercado donde es más fácil diversificar, cambiar de proveedor y de barcos. Hay menos dependencia y más flexibilidad. Y, además, Europa tiene muchas terminales regasificadoras.
Un último aspecto a considerar, según De Moura Fernandes, es el impacto en las cuentas públicas. Si los gobiernos tienen que poner en marcha planes de apoyo a hogares y empresas para aliviar el coste de las facturas y si, como todo parece, un mayor gasto en defensa es irreemplazable (e improrrogable), podrá haber repercusiones sobre deuda y déficit. Al final dependerá de si la guerra se alarga. Algo que no se contempla. Y que no interesa a nadie. Ni a Trump.
El conflicto elevará el IPC español por encima del 3%
Con la guerra en marcha y el estratégico estrecho de Ormuz cerrado, las repercusiones en la economía española están aseguradas, pero falta saber en qué grado llegará el impacto. Funcas ha hecho un primer análisis a partir de un escenario conservador, que el conflicto dure tres meses. El resultado es que la inflación en España se elevaría por encima del 3% hasta el verano, para posteriormente retroceder y acercarse al 2,5% hacia finales de año; y con el PIB creciendo en el 2026 dos décimas menos de lo esperado, es decir, quedando en el 2,2%. Se trata de un impacto moderado, aunque el mismo estudio señala que, si la contienda se prolonga o se destruyen infraestructuras clave, las consecuencias serían mucho más negativas.
Funcas también destaca las diferencias de repercusión entre esta guerra y la de Ucrania, dado que ahora, por el momento, es menor. La reacción de los mercados es menos virulenta, y hay menos dependencia europea de abastecimiento del gas del Golfo.
