Cuando Ormuz estornuda el primero en resfriarse es Asia, destino de más del 80% del petróleo y del 90% del gas que por allí circulan. Puesto que el continente asiático es el actual motor del crecimiento mundial, en un 60%, la preocupación por su salud está justificada. El contagio a Europa y el resto del mundo es inevitable.
China, Corea del Sur y Japón no solo son muy distintos por su geografía, sino también por sus opciones energéticas. Los dos últimos, con menos recursos naturales y mayor dependencia del golfo Pérsico, viven con zozobra el curso de los acontecimientos. A ningún pueblo atemoriza tanto la inflación como a Japón.
Los billetes de avión entre Asia y Europa han triplicado su precio por las cancelaciones
Corea del Sur, que genera la mitad de su electricidad a partir de gas licuado, se prepara para impulsar las centrales térmicas de carbón y acelerar el retorno a la red de reactores nucleares en mantenimiento (dos en marzo y cuatro en mayo), para conjurar el colapso.
El gobierno de Seúl llevaba 30 años sin fijar precio máximo al combustible. Ha multiplicado, además, los “vales energéticos” para hogares vulnerables.
Por otro lado, el abrazo energético entre Rusia y China ha quedado sellado por la guerra contra Irán, su socio en el grupo de los Brics. En Pekín, la Asamblea Nacional Popular, recién concluida, así lo fija para el plan quinquenal 2026-2030. Este acelera la construcción del gasoducto del Lejano Oriente y da el visto bueno al denominado Poder de Siberia 2, tras veinte años de debates. Doblará, con un trazado aún por decidir, la capacidad del Poder de Siberia, inaugurado en 2019.
El documento, ratificado en la clausura de las asamblea chinas Dos Sesiones, sitúa la seguridad energética como prioridad estratégica en un entorno “de cambios profundos”. Algo que se traduce en que llenar el depósito en Pekín cuesta 3,50 euros más, su mayor subida en cuatro años.
En Japón, para más inri, la reapertura de la que fuera la mayor central nuclear del mundo, Kashiwazaki-Kariwa (KK), prevista para el jueves, vuelve a retrasarse por un fallo eléctrico. La entrada en servicio del primero de sus seis reactores era un golpe de efecto de la primera ministra, Sanae Takaichi. Y lo era por partida doble ya que está impulsada por Tepco, la firma responsable de la central accidentada de Fukushima.
KK busca atraer a centrales de datos, de enorme consumo energético. También Seúl compite por este filón, dominado por la potencia tecnológica y financiera de un puñado de firmas de EE.UU. Pero si el precio del kilovatio se disparara, el pinchazo de la burbuja de la IA también podría acelerarse.
Mientras, los pasajes entre Asia y Europa han triplicado su precio por cancelaciones en Dubái, Abu Dabi o Qatar. Las embajadas de España en el sudeste asiático han recibido cientos de quejas. Pero en un mundo globalizado, una mala noticia para Bali puede ser una buena noticia en Mallorca.
