El Papa lleva a Mónaco su mensaje sobre la redistribución de la riqueza

Robert Francis Prevost elige formas sutiles para lanzar sus mensajes. Para enviar uno de los más contundentes en el terreno social, escogió el escenario menos esperado: el Principado de Mónaco. León XIV habló de redistribución de la riqueza en su segundo viaje apostólico internacional, una visita relámpago a uno de los pocos Estados confesionales católicos que quedan en Europa, la única nación del mundo más pequeña que el Vaticano, donde ningún Papa había viajado en siglos.

Llegado en helicóptero tras un vuelo de poco menos de dos horas desde Roma, el Papa fue recibido por el príncipe Alberto II, la princesa Charlene —vestida de blanco— y sus dos hijos. Firmó el libro de honor en un escritorio con un gran retrato de Grace Kelly al fondo, la princesa que se casó con Rainiero III y está enterrada en la catedral. Después, desde un balcón del Palacio de los Príncipes, pronunció un discurso que parecía responder a las dudas que habían circulado tras el anuncio de un viaje a un lugar donde muchos millonarios han fijado su residencia, a veces también por razones fiscales: “Vivir aquí representa para algunos un privilegio y para todos una llamada concreta a preguntarse por el propio lugar en el mundo”, dijo el Papa.

Mezcla social

León XIV subraya que “aquí muchos ocupan puestos de influencia, pero muchos otros desempeñan tareas de servicio”

Pero detrás del glamour de Mónaco hay otro mundo, que el Papa quiso recordar: “No pocos ocupan aquí puestos de considerable influencia en el ámbito económico y financiero, pero muchos son también los que desempeñan tareas de servicio”. Las desigualdades forman parte de la vida cotidiana de esta ciudad asomada a la Costa Azul: “Todo talento, toda oportunidad, todo bien puesto en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido, sino redistribuido, para que la vida de todos sea mejor”. Para subrayar aún más este mensaje, León XIV regaló al príncipe Alberto II un mosaico que reproduce la imagen de san Francisco según el pintor trecentista Cimabue.

La familia principesca ha cultivado una relación constante con el mundo católico, también mediante iniciativas filantrópicas y presencia en actos vaticanos.

“A menudo se tiene una imagen un poco caricaturesca del Principado, visto solo como una ciudad del lujo. En realidad, su riqueza deriva de la gran variedad de procedencias y también de cierta mezcla social”, había recordado en los días previos el arzobispo de Mónaco, monseñor Dominique-Marie David. “Aquí están representadas casi 150 nacionalidades: en cierto sentido, el gran mundo está presente en este pequeño espacio”.

La guerra

El Papa denuncia la lógica de la fuerza y advierte de que la ostentación del poder perjudica al mundo y amenaza la paz

Junto a las referencias a la doctrina social de la Iglesia, también emergieron las de política internacional, en un momento especialmente dramático. En su discurso, pronunciado en perfecto francés, lengua aprendida en casa por su madre, León XIV denunció que “la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz”, antes de recordar que “los pequeños hacen la Historia”.

Más tarde, en la misa celebrada en el estadio Louis II, añadió que las guerras que “ensangrientan nuestro presente” son “fruto de la idolatría del poder y del dinero”. “Toda vida truncada es una herida en el cuerpo de Cristo. No nos acostumbremos al estruendo de las armas ni a las imágenes de guerra. La paz no es un mero equilibrio de fuerzas: es obra de corazones purificados, de quien ve en el otro a un hermano al que custodiar, no a un enemigo al que abatir”.

También estuvieron presentes los temas éticos, inevitablemente ligados a la política local. Alberto II bloqueó en 2025 la promulgación de la ley aprobada por el Consejo Nacional que habría legalizado el aborto en el principado. El Papa no lo mencionó de forma explícita, pero sí aludió a la cuestión al subrayar el “valor de la vida”. Dejándolo claro.

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