Alternativa para Alemania (AfD), después de su sonada victoria en el land de Sajonia-Anhalt, quiere ahora consolidar su avance electoral con una estrategia para desmantelar la Unión Europea desde dentro. La colíder de la formación de extrema derecha alemana, Alice Weidel, acudió este miércoles a la sede del Parlamento Europeo en Estrasbrugo para explicar una nueva hoja de ruta para desmantelar Europa con un ultimátum: si llegan al Gobierno federal alemán pero no logran “cambios sustanciales en la UE en beneficio de los intereses alemanes”, entonces “el propio pueblo alemán deberá decidir qué rumbo quiere seguir Alemania en su política europea”, aseguran, sin mencionar directamente un referéndum para abandonar la UE, tal y como había planteado la formación en el pasado.
Mientras Weidel se definía como “proeuropea” en la rueda de prensa, el documento programático, al que ha tenido acceso este diario, revela una estrategia sistemática diseñada para desarmar la arquitectura política, financiera e institucional de la Unión Europea. Lejos de proponer meros ajustes administrativos, el texto fija el año 2029 como el momento histórico en el que una eventual mayoría de ultraderechas en la Eurocámara podría llegar a renegociar los tratados europeos para destruir el modelo comunitario actual.
El documento programático
El partido quiere eliminar las elecciones europeas y que los eurodiputados los designen las cámaras nacionales
El plan quiere neutralizar los pilares de la gobernanza europea supranacional. “Tenemos que devolver las competencias a los parlamentos y a los gobiernos nacionales. Son ellos los que tendrán que volver a asumir todo el proceso de toma de decisiones”, indicó Weidel, desde la misma plataforma de la Eurocámara. AfD aboga, en primer lugar, por la eliminación de la elección directa del Parlamento Europeo por sufragio universal, transformando la Eurocámara en una mera asamblea de diputados delegados designados por los parlamentos nacionales.
También busca recortar drásticamente el papel de la Comisión Europea, retirándole su condición de Ejecutivo comunitario. Lo que pretende AfD es que las decisiones las tomen únicamente los líderes nacionales en el Consejo Europeo y degradar la Comisión a una entidad meramente administrativa que coordine las diferentes iniciativas, destruyendo las muchas agencias y direcciones generales consideradas “superfluas”.
Es más: AfD busca también terminar con el actual Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) al considerar que el derecho nacional debería pasar por encima del comunitario. Quedaría solo un simple “Tribunal Europeo de Arbitraje” que no tendría potestad sobre las constituciones estatales.
En el plano económico, AfD ya no dice abiertamente que quiere salir del euro —Weidel esquivó una pregunta sobre el asunto en Estrasburgo—, sino que busca estrangular los mecanismos de solidaridad y financiación común hasta el punto de amenazar con usar el veto alemán para bloquear cualquier ley de financiación europea si Bruselas no accede a estas reformas. Quiere modificar las normas en el Banco Central Europeo para que Alemania tenga más poder y también prohibir la emisión de deuda conjunta europea. “Pero en cualquier caso, el euro es un constructo erróneo que le está costando a Alemania y que por eso tenemos que corregirlo”, desafía Weidel.
Sin solidaridad
Buscan blindar competencias para que Alemania pueda rechazar las cuotas de migrantes
Además, plantea que Alemania pueda eximirse de las principales directrices comunitarias a través de la reforma de los tratados, suprimir completamente el Pacto Verde, rechazar de forma absoluta las cuotas comunitarias de asilo de inmigrantes o terminar con programas sobre políticas de género, diversidad LGBTQ o educación sexual en los centros educativos. El documento incluso define el modelo de familia como el formado por un hombre, una mujer y sus hijos.
En definitiva, la Unión Europea de AfD se convertiría prácticamente en un mercado de libre comercio con un puñado de competencias para rechazar inmigrantes en las fronteras. El partido está intentando tejer puentes con las otras formaciones en Europa, que hasta ahora lo han visto demasiado radical para formar parte de sus grupos como los Patriotas (del que forma parte Vox) o los Conservadores y Reformistas.
La hoja de ruta fija también un calendario. En una primera fase, de dos a tres años, quieren recortar los gastos dedicados a Europa y utilizar el poder de veto; y en una segunda fase, de cinco a siete años, revisar los tratados para blindar que Alemania pueda eximirse de las decisiones comunitarias. Dinamitando la representación ciudadana directa y la primacía del TJUE, la solidaridad financiera y la agenda climática.
Todo, apenas una semana después de que la líder de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, ofreciese una rueda de prensa en Bruselas en la que dejó claro que, de llegar al poder, terminaría con las ayudas a Ucrania. Entre el público en la rueda de prensa se encontraba Roberto Vannacci, el general ultra italiano que le disputa el voto más extremista a Giorgia Meloni en Roma, a quien Weidel saludó cariñosamente.
