El balance que hace la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) sobre los resultados de la reforma laboral es mixto. Por un lado, la parte positiva, una reducción clara, rotunda, de la tasa de temporalidad. Pero, inmediatamente le añade un efecto negativo, la constatación de que no se traduce en más estabilidad real en el empleo, en una referencia a la duración menor que ahora tienen los contratos fijos ordinarios respecto al periodo anterior a su entrada en vigor.
En un estudio realizado entre los trabajadores de menos de 30 años, Fedea apunta a que la duración de los contratos fijos se ha reducido en 100 días. Es la comparativa entre el 2021, cuando estos contratos tenían una media superior a los 250 días, y en 2023, cuando se ha reducido a menos de 150. “Poner restricciones a la contratación laboral era necesario, pero no es suficiente. Hay que garantizar que haya incentivos alineados”, explica Marcel Jansen, autor del informe. Añade que el despido en el contrato indefinido, cuando se lleva poco tiempo trabajando, es relativamente barato, y plantea ofrecer incentivos a las empresas para abordar el problema.
“Los incentivos han de estar alineados y el sistema bonus-malus” tiene unas ventajas enormes en comparación con la propuesta que defiende el Ministerio de Trabajo, de endurecer el régimen de despido”, ha añadido Jansen que, en cambio, plantea una fórmula que penalice a las empresas con rotación excesiva y premie a las que rotan poco.
El informe también destaca otros claroscuros de los efectos de la reforma laboral. Por un lado, explica que ha eliminado el 90% de las diferencias del acceso de los jóvenes al contrato indefinido; esta es la parte buena, pero hay matices. Los progresos son claros, pero aparecen más modestos cuando se examina la duración del empleo y los ingresos. Resulta que la reforma ha reducido un 40% la brecha en la duración del primer empleo, un 32% la posibilidad de que durara al menos seis meses y un 14% la brecha de ingresos en este plazo.
La conclusión es que hay muchos más trabajadores jóvenes que ocupan los nuevos contratos indefinidos, pero que estos tienen una duración más corta. Un tiempo superior a la de los contratos temporales y los fijos discontinuos, pero más reducido que el que tenían antes.
Esta duración más corta de los contratos indefinidos debería tener un mayor coste para las empresas por el pago de los despidos, pero este incremento puede ser limitado. No todo son despidos; hay abandonos voluntarios, que han aumentado, y también se ha producido un incremento de la salida después del periodo de prueba.
