El Senado de Estados Unidos ha rechazado este miércoles llevar a votación una iniciativa demócrata que buscaba reafirmar la autoridad del Congreso sobre la guerra y limitar la campaña de bombardeos masivos en la que está inmersa el presidente Donald Trump, junto con Israel, con el objetivo declarado de eliminar la “amenaza del régimen terrorista de Irán”. Con un resultado de 47 votos a favor y 53 en contra, es la séptima vez en el último año que el legislativo rechaza una votación de este tipo, amparada en la Resolución de Poderes de Guerra de 1973, que hubiera permitido bloquear próximos ataques por parte de Washington sin autorización del Congreso.
La Administración Trump no notificó al Congreso, ni a la mayoría de sus aliados internacionales, de la magnitud de la guerra en la que pretendía entrar con los primeros bombardeos el sábado. Los demócratas denuncian que invadió la autoridad del legislativo sobre los asuntos de guerra y que no ha dado ningún argumento de peso que justificara el ataque unilateral. La Casa Blanca se escuda en que, en tanto que comandante en jefe de las fuerzas armadas, Trump tiene discreción para usar efectivos militares a discreción, sin necesidad de avisar a nadie.
Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes
“Irán nos ha declarado la guerra. No estamos en guerra ahora mismo. Es una operación muy específica, la Furia Épica”
“Tienen objetivos cambiantes todo el tiempo, distintas respuestas cada día. Estoy verdaderamente preocupado por la expansión descontrolada de la misión”, alertó el martes el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, a la salida de una sesión informativa con el secretario de Estado, Marco Rubio, con legisladores de alto rango sobre la guerra de Irán. “Ahora más que nunca, temo que vayamos a enviar tropas sobre el terreno”, afirmó, tras escuchar las explicaciones de Rubio.
Los republicanos, que se han alineado de forma casi unánime con el presidente (solo el senador Rand Paul se ha unido a los demócratas), llevan desde el sábado dando bandazos al intentar describir los objetivos de la campaña militar, e incluso dando mensajes contradictorios sobre si es, en efecto, una guerra. Esta mañana, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, se ha expresado en un lenguaje medido para justificar que el Congreso renuncie a sus competencias: “Irán ha atacado tres de nuestras embajadas, nos han declarado la guerra. No creo en los juegos semánticos: no estamos en guerra ahora mismo. Llevamos cuatro días en una misión y operación muy específica y clara, la Operación Furia Épica”.
Tras su fracaso en el Senado, la Cámara de Representantes tiene previsto votar mañana otra una resolución similar, que Johnson dijo que cree tener los votos para derrotar. “La idea de quitarle a nuestro comandante en jefe la capacidad de terminar este trabajo me parece una perspectiva aterradora”, afirmó. “Es peligroso, y ciertamente tengo la esperanza de tener los votos para rechazarla”.
El artículo 1 de la Constitución de Estados Unidos otorga al legislativo el poder de declarar una guerra, pero el Congreso ha abdicado progresivamente con los años de esa competencia. De hecho, la última guerra que declaró el legislativo fue en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, contra las potencias del eje, y las últimas veces que autorizó el uso de la fuerza militar fue en el 2001 y el 2002, en respuesta a los atentados terroristas del 11 de septiembre, para librar la guerra en Afganistán y la invasión de Irak.
La Casa Blanca se ampara en que la misma Constitución designa al presidente como comandante en jefe del ejército, por lo que puede lanzar campañas militares a su antojo, aunque estas violen el derecho internacional, como han hecho los predecesores de Trump.
Para resolver el choque de competencias entre ejecutivo y legislativo, el Congreso aprobó en 1973 la Resolución de Poderes de Guerra, que intenta limitar la capacidad del presidente de comprometer fuerzas militares sin aprobación del legislativo más allá de 60 a 90 días. Sin embargo, ningún presidente, demócrata ni republicano, ha reconocido formalmente su constitucionalidad, argumentando que limita los poderes del comandante en jefe y resta efectividad y celeridad a sus operaciones militares.
Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado
“Ahora más que nunca, temo que vayamos a enviar tropas sobre el terreno”
“Deberíamos dejarle terminar el trabajo”, dijo el senador republicano Lindsey Graham, justificando su voto en contra de la resolución en apoyo a Trump. “Deberíamos alentarlo, en mi opinión”. En realidad, aunque el Congreso aprobara una resolución de este tipo, el presidente tendría la capacidad de vetarla y, para anular su veto, se requeriría una mayoría de dos tercios en ambas cámaras. Ninguna resolución de poderes de guerra ha superado jamás un veto.
Pero, llevando a votación los poderes de guerra de Trump, los demócratas (y algunos republicanos) están tratando de situar en la agenda mediática su rechazo a un conflicto de consecuencias catastróficas, que, según una reciente encuesta de Ipsos, tan solo aprueba uno de cada cuatro ciudadanos de EE.UU.
