El socialista Seguro se impone con comodidad en Portugal y contiene el avance ultra

Tras semanas de borrascas, el sol salió este domingo en Lisboa para la izquierda en tiempos de recurrentes naufragios en diferentes latitudes, gracias a la amplia victoria obtenida en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales por un exlíder del Partido Socialista, António José Seguro, por quien apenas nadie apostaba hace poco más de un mes. La comodidad de su victoria, con un 66,8% de los votos, el segundo mejor resultado de siempre, se debe a la inclusiva unión nacional que generó a su alrededor la presencia en la segunda vuelta del líder ultra André Ventura, que, con su 33,2%, no logra proyectarse como firme candidato a primer ministro, pero rompe su techo electoral, del 25%.

Ventura mostró desde el principio de la noche electoral su firme determinación de proclamarse a partir de ahora como el nuevo líder de la derecha, al obtener un resultado similar al que sacó el primer ministro, el conservador Luís Montenegro, en las parlamentarias del año pasado, del 33,2%, homologando la distinta manera de calcular los porcentajes en las dos convocatorias. Se trata de una comparación poco procedente, entre una segunda vuelta presidencial con dos candidatos, con circunscripción única, y unas parlamentarias, como las generales españolas, en 22 distritos y una decena de partidos.

Salió el sol y la gente acudió a las urnas de una forma inesperada, que condicionó el desenlace final

El verdadero umbral, al que el líder ultra no se acercó, estaba situado en el 40%, que sí superó su aliada Marine Le Pen en las presidenciales francesas del 2022. De rebasarlo este admirador confeso del dictador Oliveira Salazar, al frente de un partido fundado en 2019, sí habría hecho temblar al régimen que pretende sustituir y que, como lamentó este domingo, se unió en su contra.

En unos comicios sin emoción, ya decididos desde el 18 de enero, el día de la primera vuelta, una vez que el intenso rechazo que genera en la mayoría de la población inhabilitaba al candidato que lidera el partido de extrema derecha Chega, la gran y decisiva sorpresa la aportó la intensa afluencia de votantes a las urnas durante la mañana. Fue en contra de todos los pronósticos, condicionados por la magnitud de la catástrofe que provocó el 28 de enero la borrasca Kristine, seguida después por Leonardo y Marta.

La tregua de un día que amaneció soleado, lo que constituye toda una noticia en la Lisboa de este 2026, animó a la gente a salir de casa y acercarse a las mesas, con la afluencia matinal más alta desde el 2006, desde que hay registros en presidenciales. Después el ritmo se atemperó, para acabar rondando el 59% en el territorio nacional, lo que para los usos portugueses y en unas elecciones como éstas, de segundo orden, resulta más que aceptable. Está por encima de los niveles de 2011, 2016 y 2021, cuando hubo solo una vuelta, aunque quedase tres puntos por debajo del dato de enero.

Como es consustancial a Portugal, en especial cuando sufre de forma muy intensa los efectos del cambio climático, a través de tempestades, sequías y olas de calor y fuego forestal, el tiempo acabó siendo una variable fundamental en las elecciones, aunque no en el sentido que llegó a temer Seguro. El jueves, en una dramatización exagerada de su preocupación, habló ante la prensa de un escenario de “pesadilla”, en el que, pese a contar con el aval mayoritario de la ciudadanía, perdiese fruto de una abstención colosal.

Ventura, admirador del dictador Salazar, pudo asustar a parte del electorado al pedir aplazar los comicios

Al mismo tiempo Ventura tiró de su instinto populista, cuando a la borrasca Leonardo del jueves le seguía Marta del sábado. Propuso aplazar la votación, después de llevar días con su lema de “¡Al diablo con las elecciones!”. La jugada le podría haber salido bien si, con pueblos inundados y muchos ríos y embalses al límite, la situación se hubiese agravado más, pues todas las autoridades con competencias apostaban por ceñirse a la ley, que establece aplazamientos puntuales mesa por mesa, como sucedió.

Todo apunta que, en un domingo de tregua meteorológica, sobre todo por la mañana, la apuesta por no abrir las urnas de un candidato que afirmó que Portugal necesita “tres Salazares” alimentó el miedo entre alguna franja del electorado, que vio en peligro el sistema democrático. Ante la complejidad de jugar esa carta, cuando necesitaba movilizar a los electores de los partidos de derecha templada, los conservadores y liberales, Seguro había evitado, salvo en algún momento puntual, plantear las elecciones como un combate entre democracia y dictadura. Ventura al final se lo dio servido.

Al llegar al 33%, los ultras rompen de nuevo su techo, pero se anuncia una mayor estabilidad política

Sólo dos municipios se le resistieron al candidato socialista, São Vicente, en Madeira, y Elvas, ciudad fronteriza con Badajoz. Esta semana cuando hacia campaña allí, en unas calles desiertas, se acercó a un señor que resultó ser de Barcelona y con el que departió en su castellano de natural de Penamacor, un pueblo fronterio con la provincia Cáceres. Allí nació en 1962 este profesor universitario de Relaciones Internacionales y pequeño empresario. Lideró las Juventudes Socialistas, fue ministro con el hoy secretario general de la ONU, António Guterres, y encabezó el PS entre 2011 y 2014, cuando pasó al ostracismo del que salió el año pasado.

Con su bonhomía y habilidad estratégica, logró superar las resistencias de buena parte de su partido para después seguir su rumbo en la tormentosa primera vuelta, marcada por la división de la derecha. Al pasar a la segunda con Ventura, consiguió llegar a la presidencia en el Portugal más conservador desde el fin de la dictadura. Su tradicional línea moderada dentro del PS anuncia un período de estabilidad en la relación con el primer ministro Montenegro, que puede hasta sentirse más cómodo con él que con el actual jefe del Estado, Marcelo Rebelo de Sousa. Los dos gobernantes compartirán el objetivo de frenar a los ultras, que tendrán enfrente a un Seguro para el sistema en el presidencial palacio de Belém,

Anxo Lugilde

Corresponsal en Galicia y Portugal y redactor de Política. Licenciado en Ciencias de la Información (UPV) y en Ciencias Políticas (USC). Doctor en Historia Contemporánea (USC).

También te puede interesar