Pedro Sánchez decidió posponer la presentación de los presupuestos debido al conflicto en Irán. En consecuencia, si se alcanza la paz en un par de semanas, lo prioritario debería ser presentar y aprobar las cuentas del Reino para este año. Pero lo cierto es que ni están ni se esperan.
La razón es básicamente que no tiene el apoyo político ni parlamentario para hacerlo y porque es su mejor instrumento para controlar el gasto público ante las presiones de sus socios de coalición. Mientras sigan llegando las subvenciones europeas no hay prisa. Si de algo ha servido de verdad el programa Next Generation EU ha sido para que el presidente se mantenga en el poder durante toda una legislatura sin presentar los presupuestos generales del Estado (PGE), algo totalmente insólito en nuestra democracia. Se podría decir que es un presidente de investidura, pero no un presidente de gobierno, porque no ha podido aprobar prácticamente nada de su programa electoral.
Perspectiva
Las elecciones municipales del 23 de mayo del 2027 aún están lejos; el presidente tiene tiempo para decidir si prioriza el PSOE a escala local o la Moncloa
Este será el primer y principal desafío del nuevo vicepresidente primero Carlos Cuerpo. Un hombre más dialogante que su antecesora, que sabe más de economía, tiene mejor talante y es más pragmático. Aunque nada de esto le va a servir de mucho. Si convence al PP o a Junts que se los voten sería para quitarse el sombrero. Pero todo hace pensar que las cosas seguirán igual. Se limitará a gestionar las consecuencias de la guerra que, a corto, va a tener un impacto significativo en el incremento de la inflación y, por tanto, del déficit público.
Así las cosas, la oposición podría utilizar la frase “tahúr del Misisipi” para calificar a Pedro Sánchez, como hizo Alfonso Guerra para referirse a Adolfo Suárez, entonces presidente del gobierno, durante los intensos debates políticos de la transición. Con aquello insinuaba que era un político oportunista, hábil en el engaño y que siempre se guardaba un “as bajo la manga” para mantenerse en el poder. De esto hace casi medio siglo, pero las cosas no son tan diferentes.

El fin del conflicto bélico no modificará significativamente los planes del presidente, aunque desde una perspectiva política, hubiese sido más conveniente para él que la situación se prolongase y que convirtiera a Irán en la tumba política de Donald Trump. La postura de “no a la guerra” le ha proporcionado beneficios electorales, como quedó demostrado en Castilla y León, donde debilitó a sus aliados de izquierda y detuvo el crecimiento de Vox.
Lo que pase en Andalucía en próximo 17 de mayo está por ver, pero todos los sondeos de opinión dan casi mayoría absoluta a Juanma Moreno, que ha hecho una buena gestión económica, mientras que la candidata socialista, la exvicepresidenta María Jesús Montero lo tiene más que difícil. Sánchez tendrá que sacar algún conejo de la chistera distinto al “no a la guerra”. Para entonces, Trump ya habrá cambiado el discurso de la destrucción por el de la reconstrucción de Oriente Medio. Los dividendos de la paz serán una gran oportunidad para ganar dinero.
Las elecciones municipales del 23 de mayo del 2027 aún están lejos. El presidente tiene tiempo para decidir si prioriza el PSOE a escala local o la Moncloa, como mencionó Emiliano García-Page. Aunque adelantar las generales sería lo más pragmático, Pedro Sánchez suele optar por decisiones poco convencionales. Como dicen sus allegados, no es de este mundo.
