
Esquerra se ha convertido en el doctor Jeckyll y Mr. Hyde de la política catalana. Azote del Govern de Salvador Illa, al que tiene pendiente de un hilo con su provisional no a los presupuestos del 2026, y principal bastón del alcalde Jaume Collboni, al que de manera recurrente prestan apoyo explícito, cuentas municipales incluidas. Su líder en Barcelona y candidata para las elecciones del 2027, Elisenda Alamany, que además es secretaria general del partido, navega entre dos removidas aguas. Olas por aquí; olas por allá.
¿Cuál será su principal bandera de enganche para que la ciudadanía la vote en el 2027?
Recuperar la identidad de Barcelona. Hay una mayoría social que cree que hemos perdido el alma. También se ha roto el equilibrio entre su éxito y la posibilidad de vivir en la ciudad.
En sus vídeos en redes sociales usa el lema Nuestra Barcelona. ¿A quién incluye?
A los barceloneses con familias, gente recién llegada, que cree que estamos perdiendo la ciudad en lo más simbólico y también en lo más material. Hablo a menudo de una frontera en la que está atrapada mucha gente, al ser demasiado ricos para que las instituciones les ayuden y demasiado pobres para avanzar por sí solos. Nuestra Barcelona es la de una gran mayoría de barceloneses que tienen derecho a quedarse en la ciudad a vivir.

Cuando los medios internacionales hablan de Barcelona, una de las cosas que más destacan es su estilo de vida.
No somos una ciudad monumental, somos una ciudad que exporta calidad de vida. Y su éxito es también eso. En la medida en que seamos capaces de construir una Barcelona donde la gente pueda vivir y sentirse orgullosa, también proyectaremos el éxito de unos valores que han sido tradicionalmente los de Barcelona. Eso se ha perdido.
Y la nueva configuración social, con más del 25% de población extranjera, ¿en qué medida cree que puede afectar a esta bandera que quiere levantar?
Cada vez hay más personas recién llegadas; una comunidad que quiere escuelas públicas de calidad, que quiere llegar a fin de mes, que habla lenguas diversas. Creo que no le podemos negar a las personas recién llegadas el conocimiento de la lengua, la participación y los lazos comunitarios. No quiero construir una ciudad en la que vengan a cobrar sueldos de miseria y estar en una precariedad invisibilizada. Yo quiero una Barcelona donde todo el mundo avance a la misma velocidad y por eso también deberemos hablar, evidentemente, del modelo económico y de su dependencia de servicios de poco valor añadido que se nutren de mano de obra poco calificada.
Consensos
“Esquerra puede pactar con Junts, el PSC y los comunes, y eso es algo que no puede hacer ningún otro partido”
En el Ayuntamiento hay una lucha abierta sobre el problema de la vivienda. ¿Por qué es tan difícil avanzar sobre la principal preocupación de la población?
Hemos estado enquistados demasiado tiempo. Hemos tenido debates interesantísimos, pero al final, lo que podrá explicar el gobierno de Barcelona en 2027 son medidas estructurales que ha hecho posible Esquerra. Hoy hay regulación del alquiler en Barcelona porque la hizo posible Esquerra, al igual que la eliminación de los pisos turísticos o el alquiler de temporada o de habitaciones. Esto lo impulsamos en los dos años al frente del Departament de Territori. Creo que hoy el próximo paso es regular las compras especulativas en la ciudad. Existe consenso y debemos ponernos de acuerdo al menos los partidos de izquierdas.
¿La alcaldesa Alamany mantendría el plan de eliminar los 10.000 pisos turísticos en el 2028?
Es una medida nuestra. Esta política lo que plantea es recuperar el equilibrio de la ciudad. Hoy el turismo es una actividad económica muy importante, pero es verdad que compite con otros derechos como el del acceso a la vivienda, la despersonalización en algunos barrios o la dificultad de tener comercios que respondan a las necesidades de la población. No me va a temblar el pulso. Incluso las clases acomodadas de nuestra ciudad están de acuerdo, porque sus hijos compiten con los hijos de extranjeros y, por tanto, ven también que no podrán quedarse a vivir en Barcelona. Por lo tanto, afecta a todas las condiciones socioeconómicas de la ciudad.

La medida de la reserva del 30% está teniendo un éxito bastante discutible, con poco más de 30 pisos conseguidos desde el 2019. El precio del alquiler, además, sigue creciendo, aunque menos que antes, es cierto. Se aplican medidas, pero no están teniendo un efecto real en el mercado. ¿Cree que se deben modificar?
No puede decirse que sean las políticas de izquierdas las que nos han llevado hasta aquí. Lo que tengo muy claro es que a partir del 2027 y teniendo en cuenta cómo irán las elecciones, se necesitarán consensos, gente preparada para poder negociar con varias fuerzas políticas, con un espectro muy amplio. Esquerra puede pactar con Junts, el PSC o los comunes. Creo que no hay otro liderazgo con esta capacidad de negociación y esta actitud. Sobre el 30%, es cierto que no ha funcionado. Si llego a la alcaldía, veremos de qué manera se puede modificar para que funcione.
La misión
“Si gano, lo primero que haré será sentarme con las ciudades medianas y grandes y poner Barcelona a su disposición para reequilibrar el país”
Tras las elecciones, su partido alcanzó un acuerdo con Trias que no prosperó. Luego se convirtieron en socio prioritario del gobierno de Collboni.
En Esquerra nos hemos centrado en marcar el rumbo y el paso del gobierno de Barcelona. Junts no ha querido condicionar ninguna política, los comunes han quedado desorientados después de la pérdida del gobierno y aquí Esquerra ha sido determinante en la lucha por la emergencia del catalán, el derecho a la vivienda y la gobernanza del turismo. No quiero explicar qué es lo que voy a hacer, lo que voy a prometer. Quiero explicar lo que he hecho en estos años. Creo que la gente debe tener muy claro a quién vota, qué ha hecho cada grupo político, y yo creo que la oposición de Barcelona durante estos años ha estado haciendo la siesta, ha renunciado a sacar poder al PSC, y yo he intentado condicionar, influir y representar esas luchas que no estaban en la agenda del PSC.

Y a la hora de buscar pactos, ¿dónde se siente más cómoda?
Me presento para ganar las elecciones. No me presento de entrada para pactar con nadie. Si gano, quiero que Barcelona deje de ser una isla en la nada, porque durante mucho tiempo hemos tenido un PSC que quería competir con Madrid, con políticas de eventos. Ésta no es mi vía. Lo primero que haré, si soy alcaldesa, es sentarme con las ciudades medianas y grandes de Catalunya en el Saló de Cent y poner la ciudad a su disposición para reequilibrar el país y darle la vuelta a un modelo económico más próspero para nuestros ciudadanos. Hace años que hemos perdido el rumbo y por eso los barceloneses ya no sienten orgullo por el hecho de ser de Barcelona. Quiero que la gente se sienta orgullosa de vivir en esta ciudad que nos hizo soñar en otros momentos y que nos hacía sentir bien y nos gustaba.
¿Cuánto hace de esa algarabía colectiva?
Era la Barcelona de cuando yo tenía nueve años (1992), donde parecía que todo era posible, donde parecía que formabas parte de un proyecto también de país. No quiero poner nombres, pero a mí me gusta la Barcelona que me hacía poner camisetas con el nombre de mi ciudad. Esta es la Barcelona que quiero recuperar, la que me haga sentir tan orgullosa que me compraría una gorra de mi ciudad. Ahora se las ponen los turistas.
Tiempos pretéritos
“Quiero recuperar la Barcelona que me hacía sentir orgullosa y ponerme camisetas y gorras con el nombre de mi ciudad”
Con el ‘no’ de ERC a los presupuestos de la Generalitat, la capital dejaría de ingresar 250 millones de euros. ¿Qué pesa más para usted, Catalunya o Barcelona?
La ambición nacional y las respuestas estructurales que necesita nuestro país. No se puede llevar a tramitación un presupuesto sin los apoyos ligados y quien ha decidido seguir adelante ha sido el PSC, sabiendo las condiciones no existían y, por tanto, eso me pesa. Me preocupa que no haya presupuestos. Espero que el PSC cumpla sus promesas y ponga más de su voluntad y energía.

Pueden acusarla de traicionar a Barcelona.
Todo el mundo sabe cuál ha sido mi actitud. A mí me preocupa el malestar que existe hoy en el país; el colapso de las infraestructuras, como Rodalies, por ejemplo. Creo que debemos dejar de mirarnos tanto entre partidos e intentar escuchar más lo que nos dice la gente. Yo veo que al país le revientan las costuras por todas partes. Y por eso nosotros hemos puesto sobre la mesa la necesidad de una nueva financiación, de la condonación de la deuda del FLA, de la recaudación del IRPF, porque creemos que son necesarias respuestas estructurales.
Barcelona ha sido demasiado individualista en asuntos como la movilidad?
Estoy de acuerdo en que hemos construido una Barcelona cerrada que al resto de catalanes cada vez les cuesta más reconocer. Defiendo una ciudad caminable y en bici, pero también debe estar bien conectada, que un ciudadano de Figueres pueda llegar con comodidad y rapidez. O que si viene del área metropolitana, pueda llegar en transporte público.
¿Algún proyecto urbanístico que tenga en mente de cara a las elecciones de mayo del 2027?
Sí, le puedo decir que en la ciudad hay una brecha: el parque de la Ciutadella. En la línea de buscar una Barcelona caminable en la que las familias puedan disfrutar del espacio público, ahí veo una oportunidad.
¿Es partidaria de sacar el zoo de la Ciutadella?
Creo que debemos caminar hacia un parque de país, en el sentido de ganar espacio público. Tendremos tiempo de hablar de ello.

Esquerra está a favor de la escalinata de la Sagrada Família y la lengua verde hasta la Diagonal?
A mí me parece que junto a un monumento como la Sagrada Família debe haber una pacificación. Creo que lo planificado debe ejecutarse. Hay que completarla tal y como estaba pensada, pero buscando el encaje con los vecinos.
¿Como valora la previsible entrada de Aliança en el Consistorio?
Me preocupa que nosotros no hagamos todo lo posible para que el malestar que existe en nuestra ciudad o en nuestro país no sea capitalizado por la extrema derecha. Éstos son los deberes que yo me pongo, hacer política de izquierdas, hablar de cómo está la gente hoy, de ese encarecimiento del coste de la vida, de unos sueldos que no dan para vivir en la capital del país; sintonizar con esta agenda de preocupaciones, porque en la medida en que hagamos bien esto, la gente no tendrá la tentación de votarles.
Antes hablaba de la Elisenda de 9 años. ¿Qué pondría en esa camiseta para volver a sentir cierto orgullo de Barcelona?
No lo sé… creo que pondría recuperemos nuestra Barcelona. Sería un buen lema.

