
A la política española le ha faltado comunicación y cuando sus actores la descubrieron lo hicieron para convertirla en propaganda. El término agitprop nació en la Unión Soviética tras la revolución de octubre de 1917. El Partido Comunista Soviético creó, dentro de su comité central, el Departamento de Agitación y Propaganda, encargado de difundir la ideología bolchevique y movilizar políticamente a la población. Con el tiempo pasó a designarse agitprop a cualquier comunicación basada en la simplificación y orientada a la movilización.
Carlos Mazón
La comunicación política es imprescindible en democracia. Es la forma que tienen los actores políticos de transmitir a los ciudadanos sus acciones, sus estrategias, su política, su gestión. A eso debería referirse Alberto Núñez Feijóo cuando mandó al entonces presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, dos mensajes en los que le instaba a dar un paso adelante: “Lleva la iniciativa de la comunicación. Es la clave”. Y no le faltaba razón. En la gestión de una crisis, de una situación extraordinaria, es imprescindible la información, porque solo proporcionando todos los elementos se puede transmitir confianza en momentos de incertidumbre, cuando los ciudadanos necesitan que alguien les explique qué les está ocurriendo, porque no entienden qué les está pasando.
Los políticos tienen tendencia a solucionar las crisis cambiando a sus jefes de comunicación
Claro que el problema en esos momentos no era de comunicación, que también, porque la ausencia de su presidente dejó a los valencianos huérfanos, sin tener a quien mirar, sin encontrar un referente en quien confiar. A quién mirar para ser consolados, para saber qué hacer o no hacer. Es decir, un líder. Lo que ocurrió aquel día es que no había nadie. Es que Mazón, responsable directo o no de la situación, tenía a unos ciudadanos que le necesitaban y él no estaba ahí. El gran obstáculo para que se produjera la comunicación política entre el presidente valenciano y los ciudadanos era que no había qué comunicar, porque no había acción, no se había hecho nada. Mazón estaba en otro sitio. No había gestión que comunicar porque no había habido gestión. No había instrucciones que transmitir, porque nadie se había puesto a trabajar en ellas. No había nada, luego no se podía comunicar nada.
No sabemos si el líder del PP, cuando mandó estos mensajes a Mazón, pasadas las ocho de tarde, sabía que el presidente valenciano se había pasado toda la tarde obviando la situación, minimizando lo que estaba ocurriendo y sus consecuencias, que estaba a lo suyo, fuera lo que fuera. Pero antes de la comunicación se necesitaba gestión, y en aquel momento había algo más importante que la comunicación, hacer algo, la acción, la política.
Los dirigentes políticos tienen una marcada tendencia a intentar solucionar las crisis cambiando a sus responsables de comunicación. Creen que es lo que ha fallado cuando los ciudadanos desaprueban una medida impopular. Y es verdad. Si no se explica, la cuestión o no existe, o no es entendida. Las decisiones más duras, si se adoptan con transparencia y se explican sin ocultar nada, son asumidas, porque la mayoría entiende que es lo que hay que hacer, que cualquier alternativa sería peor. Es lo que ocurrió, sobre todo al principio de la pandemia, con el entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa. Entonces hubo gestión, acción, decisión, desde el inicio. Había qué comunicar. Su voz era autoridad. No lo fue la de Pedro Sánchez hace apenas un mes, cuando tras conocerse los últimos casos de corrupción que afectan al PSOE el silencio fue su reacción, nada de comunicación ni de política. Cuando intentó tomar las riendas y compareció ante los españoles, era tarde.
La comunicación política es básica, pero tiene que haber política que comunicar; si no, estaremos hablando de propaganda, de agitprop , y de eso, con las redes, estamos sobrados.
