España va a la gasolinera con el no a la guerra y una política muy inflamable

El economista norteamericano Paul Krugman defiende volver a la limitación de velocidad de los años setenta para ahorrar combustible. Cincuenta y cinco millas por hora (88 km/h). En un irónico video publicado en las redes, Krugman recordaba ayer la campaña de ahorro de combustible que puso en marcha el presidente Jimmy Carter a partir de 1977, con el acrónimo Meaow (Moral Equivalent of War), que suena miau. Moral de guerra con gatitos en las viñetas humorísticas de los periódicos.

Mientras Carter maullaba, el vicepresidente económico Enrique Fuentes Quintana comparecía en TVE veintitrés días después de las primeras elecciones democráticas (15 de junio de 1977) para dar a conocer a los españoles que el país se hallaba al borde de la suspensión de pagos. Ese discurso de Fuentes Quintana es hoy una joya de la comunicación política: sobrio, claro, convincente, sin marrullerías emocionales. De esa alocución surgieron los Pactos de la Moncloa, que incluyeron un notorio sacrificio salarial de los trabajadores –cinco puntos de poder adquisitivo menos en los convenios–, para contribuir al control de la inflación y garantizar la estabilidad política necesaria para acordar la Constitución. Ese esfuerzo laborista nunca ha sido reconocido en los cantares de gesta de la transición. La Constitución de 1978 huele a petróleo.

No estamos en los años setenta del siglo pasado, pero el crudo puede dispararse hasta los 180 dólares el barril si la guerra de Irán prosigue después del mes de abril, según proyecciones saudíes citadas esta semana por The Wall Street Journal. En tal caso, podríamos ver a Pedro Sánchez en televisión anunciando una reducción del límite de velocidad en las carreteras, mientras su socios de gobierno le exigen domingos sin coche. Ya hubo prohibición de circular los domingos en varios países europeos durante aquella crisis.

España ha ganado autonomía energética, pero no está a salvo de un shock mundial de precios

España era entonces muy dependiente del carbón y del petróleo de Oriente Medio. En 1977, el 75% de las importaciones de petróleo provenía del golfo Pérsico. Cuando en 1980 el estrecho de Ormuz estuvo a punto de ser bloqueado por la Guardia Revolucionaria iraní (guerra Irán-Irak), Adolfo Suárez, ya en horas bajas, sufrió. Se conspiraba en los cuarteles y volvía a subir la inflación.

Ahora el estrecho de Ormuz se halla prácticamente bloqueado, ahora sí, y el shock podría ser mayor que el de 1973, según cómo evolucionen los acontecimientos en los dos próximos meses. Nadie sabe qué pasará, y la caótica narrativa de Donald Trump no ayuda a intuirlo. La capacidad de resistencia de Irán es superior a la esperada, y es evidente que apuestan por un colapso de la economía internacional.

España ya no quema carbón, y el petróleo proviene de Estados Unidos (15%), Brasil (13%), México (12%) y Nigeria (10%), con un menor peso de Oriente Medio. El gas natural se compra en Argelia (34%), Estados Unidos (31%), Rusia (12%) y Nigeria (7%). Las compras de gas a Qatar son mínimas, un 1,3% en el acumulado anual, según el boletín estadístico de Enagás.

Argelia cobra importancia como suministrador de gas; Italia, en dificultades, le está cortejando

España sigue importando más del 65% de su energía primaria, de la cual el 44% corresponde al petróleo. El petróleo sigue siendo fundamental para la movilidad. Las energías renovables (eólica, fotovoltaica e hidráulica) han avanzado mucho y en estos momentos suponen cerca del 60% de la producción de energía eléctrica. Energías renovables y centrales nucleares producen el 70% de la electricidad. En términos comparativos, España se halla hoy más protegida, hay poca dependencia del golfo Pérsico, y el modelo eléctrico es mucho más autónomo. Pero el país no está a salvo de un shock general.

Habrá que prestar atención a Argelia. Argelia gana importancia como suministrador internacional de gas, después del bombardeo de la principal planta de gas natural licuado de Qatar, uno de los grandes exportadores mundiales de este combustible. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, efectuará esta próxima semana un viaje de urgencia a Argel para intentar ampliar los contratos de compra, habida cuenta de que el 15% del gas consumido en Italia provenía hasta ayer de Qatar. El Gobierno italiano está nervioso y ha abierto una batalla en Bruselas para eliminar el Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (mercado europeo de derechos de emisión de CO2) hasta que baje el precio de los combustibles fósiles. España se opone a esta medida, con el apoyo de los países nórdicos, Portugal, Eslovenia y Luxemburgo. Un motivo más para la fricción entre Meloni y Sánchez. Un motivo más para que Meloni desee una pronta coalición del Partido Popular y Vox en el gobierno de España.

Nadie sabe qué va a pasar. Sánchez ha conseguido un notable éxito en la opinión publicada europea con su no a la guerra. Los principales periódicos europeos lo han elogiado.  El modelo energético español vuelve a ser citado como un ejemplo a seguir. Sánchez no ha quedado aislado en la UE, como podía temerse. Alemania envió esta semana a su secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Géza von Geyr, a Madrid para suavizar tensiones. El enviado alemán estuvo reunido durante cinco horas con su homólogo español, Diego Martínez Belio. Cuando el viernes Sánchez saludó al canciller Friedrich Merz en Bruselas, los engranajes ya estaban de nuevo engrasados. Volodímir Zelenski también ha pasado por Madrid. El porvenir de la guerra de Ucrania es ahora una de las relevantes preocupaciones del gobierno federal alemán.  Ucrania y el veto de Hungría a los créditos de ayuda a ese país. Hungría está en vísperas de unas elecciones legislativas (12 de abril) que pueden ser dramáticas. Ayer, los principales exponentes de la extrema derecha europea se reunieron en Budapest para dar apoyo a la continuidad de Víktor Orbán

Alemania ha enviado a su número dos de Exteriores a España para suavizar tensiones

Hoy hace una semana, el PSOE levantaba la cabeza en las elecciones autonómicas de Castilla y León a costa de sus aliados de izquierda. Sumar ya no existe en estos momentos como sujeto político. Ese nombre va a desaparecer en las próximas contiendas electorales. Hay una coordinadora de partidos con 26 diputados en estos momentos, cuya principal cabeza visible, Yolanda Díaz, ha anunciado que no se presentará a la reelección. El ciclo iniciado en abril del 2023 en el pabellón madrileño de Magariños ha concluido.  El error Magariños: la escisión Sumar-Podemos.  Sánchez les está ocupando el espacio con el no a la guerra, y ya se otean las  elecciones en Andalucía, entre finales de mayo y principios de junio. Reducido a la mínima expresión, Podemos juguetea ahora con Gabriel Rufián y exige la salida de España de la OTAN

Sánchez se está quedando con los antiguos votantes de Sumar y la coordinadora necesita levantar cabeza. El viernes se plantaron a las puertas del Consejo de Ministros. Obtuvieron un decreto sobre tope de alquileres que será tumbado en el Congreso por el voto de las derechas unificadas y plurinacionales (PP, Vox, Coalición Canaria, Junts y PNV), pero no les importa. Quieren visibilidad. El ministro Pablo Bustinduy, que no desea ser el nuevo líder de la plataforma, llevó la voz cantante en la negociación con los socialistas.

España va a la gasolinera con el no a la guerra y un cuadro político muy inflamable. El activismo internacional de Sánchez alarma a Alberto Núñez Feijóo, que no quisiera ver al Partido Socialista como el más votado en unas generales.

Sumar ha dejado de existir; es ahora una coordinadora de partidos que ve al PSOE en su terreno

El PP no regalará su voto al PSOE para el decreto de los combustibles. Nadie hará regalos a Sánchez después de verlo fortalecido. Vienen pinzas. Y empieza una acerada campaña de desgaste de Vox en la prensa madrileña. No le discuten el programa, no hay batalla de ­ideas; van a romperles las piernas. Apuntan a la mujer de Santiago Abascal. Y la esposa de Sánchez vuelve a estar citada para declarar.

Se aproxima el momento andaluz y España mantiene sus singularidades en la retaguardia europea.

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

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