La Casa Blanca ha dado esta semana un paso decisivo en el despliegue de la segunda fase del plan del presidente estadounidense, Donald Trump, para poner fin a la guerra en Gaza, con el anuncio de la composición de un órgano internacional encargado de supervisar la gestión del enclave tras el conflicto. El nuevo Consejo por la Paz, que estará presidido por el propio Trump, actuará como paraguas político de una arquitectura de transición diseñada en Washington y que incluye una administración palestina tecnocrática y un dispositivo de seguridad internacional.
El viernes, la Casa Blanca hizo pública la lista de miembros del comité ejecutivo que ejercerá como brazo operativo del Consejo por la Paz. Entre ellos figuran el ministro de Exteriores de Turquía, Hakan Fidan; el diplomático catarí Ali el Zawadi; el jefe de la inteligencia egipcia, Hassan Rashad; la ministra emiratí de Cooperación Internacional, Reem el Hashimy, y el ex primer ministro británico Tony Blair. También forman parte del órgano figuras clave del entorno de Trump, como el secretario de Estado, Marco Rubio; el enviado especial Steve Witkoff, y el yerno del presidente, Jared Kushner.
El Gobierno israelí asegura que no aprobó el listado, y que presentará sus objeciones a Rubio
La inclusión de Turquía y Qatar, dos países muy críticos con la ofensiva israelí en Gaza y con canales de comunicación abiertos con Hamas, ha provocado un inmediato malestar en Jerusalén. La oficina del primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, afirmó el sábado que el anuncio estadounidense no fue coordinado con Israel y que contradice la política del Gobierno. Según el comunicado, el ministro de Exteriores, Gideon Saar, trasladará sus objeciones a Rubio. Israel se ha opuesto reiteradamente a cualquier papel turco en Gaza, aunque el Ejecutivo evitó precisar qué aspectos concretos del nuevo órgano considera inaceptables.
Washington ha defendido que la composición del comité refleja la necesidad de contar con actores capaces de presionar a Hamas para avanzar en su desarme, uno de los pilares de la segunda fase del plan. Esta etapa contempla también el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización, la retirada progresiva del Ejército israelí y el inicio de la reconstrucción del territorio devastado por la guerra. La gestión cotidiana recaerá en el Comité Nacional para la Administración de Gaza, un panel de tecnócratas palestinos encabezado por Ali Shaath.
El Consejo por la Paz tendrá un papel principalmente estratégico y simbólico, mientras que el comité ejecutivo coordinará la gobernanza, la seguridad y la llegada de ayuda y fondos internacionales. Estados Unidos sostiene que este marco transitorio permitirá estabilizar Gaza y sentar las bases de una administración sostenible, aunque las reticencias israelíes y la fragilidad del alto el fuego anticipan un camino lleno de obstáculos.
El plan de Trump prevé que el Consejo por la Paz reúna en las próximas semanas a varios jefes de Estado y de Gobierno al margen del Foro Económico Mundial de Davos, con el objetivo de movilizar respaldo político y recursos financieros. La Casa Blanca insiste en que el éxito de la iniciativa dependerá de la cooperación de Israel, de los países árabes implicados y de la comunidad internacional en su conjunto. Sin embargo, sobre el terreno, la situación humanitaria y la inseguridad siguen marcando el día a día.
