El atentado fallido contra una base de la RAF en el Reino Unido y los ataques, ahora casi diarios, de Rusia contra Polonia, Rumanía, Moldavia y las repúblicas bálticas demuestran que Europa está en el punto de mira del Kremlin y la República Islámica de Irán.
El pasado agosto, agentes rusos quisieron atentar contra el aeropuerto de Leipzig, importante base de apoyo logístico a Ucrania. Fue el intento hasta ahora más audaz para llevar la guerra al corazón de Europa.
Europa no está preparada para el acoso de Rusia, Irán y otros rivales
Rusia acosa sin cesar a los países europeos con drones, patrullas aéreas, sabotajes y campañas de desinformación que favorecen a la extrema derecha. A partir de ahora, sin embargo, Europa debe prepararse para ataques aún más graves, según han advertido el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro polaco, Donald Tusk. La mala noticia es que no sabe cómo hacerlo.
Hace unos días, después de varias entrevistas en Estrasburgo con los comisarios Kubilius (Defensa), Virkkunen (Soberanía Tecnológica) y Albuquerque (Finanzas), me hice a la idea de que Europa no está preparada para hacer frente a las amenazas de seguridad. Necesita a Estados Unidos y lo necesitará durante mucho tiempo. La tan ansiada autonomía estratégica parece muy lejana.

Virkkunen, por ejemplo, reconoció que a las agencias de inteligencia europeas les falta coordinación para identificar mejor las amenazas. Kubilius dejó claro que la urgencia no es el rearme sino “¿cómo nos organizamos?”. Habló de la necesidad de contar con una fuerza europea de reacción rápida que esté siempre lista para intervenir, formada por soldados de varios países y bajo un mando único. Este mini ejército permanente, sin embargo, obliga a una muy difícil cesión de soberanía. La defensa es una competencia fundamental del estado nación, como lo son también las finanzas.
Kubilius, por ejemplo, lamenta que no haya gigantes europeos en la industria de la defensa y Albuquerque que no los haya en la banca de finanzas. A Europa le falta mucho músculo para poder defenderse sola. El 80% de las armas las compra fuera y el 60% a Estados Unidos. No tiene suficientes chips ni centros de datos propios.
No es que Europa no sepa lo que tiene que hacer –habla de una comunidad de defensa desde los años cincuenta–, pero no tiene liderazgo. Sin él es muy difícil hacer frente al enemigo, sea Rusia, Irán o China, sobre todo hoy que es tan difícil defenderse.
“Nuestros sistemas de defensa fueron concebidos en otros tiempos –ha reconocido Von der Leyen–. Necesitamos un manual para la guerra híbrida.”
El atentado contra la base de la RAF se abortó porque una vecina dio la alarma, no porque la inteligencia británica estuviera al quite. Así de grande es la amenaza y así están nuestras fuerzas en este contexto de guerra híbrida.
Nos vemos forzados a vivir en una situación de guerra y no guerra al mismo tiempo. Los físicos hablarían de guerra cuántica. ¿Estamos o no estamos? Yo diría que si lo parece es que estamos.
Se trata de una guerra de desgaste, que debilita nuestras sociedades y economías, mientras siembra dudas sobre nuestras instituciones políticas. Es todo lo que el enemigo busca, por ahora.

