Europa está de moda entre los inversores

Una de las máximas del ensayista Rafael Argullol es que, cuando uno se ve atrapado por un remolino en el mar, puede dejarse engullir porque, al llegar al fondo, el propio remolino le expulsará hacia arriba. Algo parecido parece estar ocurriéndole a Europa, a juzgar al menos por los comentarios con que los inversores describen su situación estos días. Tras la pandemia, el estallido de la guerra en Ucrania, la creciente amenaza rusa, los aranceles y el distanciamiento con Estados Unidos, la UE ha dado señales de resistencia y parece haber pisado fondo para tomar impulso y emitir ahora señales suficientes con las que atraer inversiones. Sin entusiasmos ni enormes perspectivas, sus empresas y proyectos recuperan oxígeno y ganan cierto reconocimiento entre los analistas. Es al menos la impresión de los que siguen de cerca las corrientes del mercado.

“Europa está en movimiento, y sería un error abandonar la pista de baile antes de que el ritmo se acelere”, afirma Caroline Gauthier, codirectora de renta variable de Edmond de Rothschild, para describir el estado de la cuestión y sus impresiones acerca de lo que puede suceder en el futuro. Tras tres años con el motor alemán al ralentí y los beneficios estancados, su previsión es que las ganancias empresariales avancen en el 2026 un 11% en Europa y un 14% en la zona euro. “Todos los sectores deberían ver crecer sus beneficios, lo cual es bastante excepcional”, afirma.

“Europa está en movimiento”, aseguran desde la firma Edmond de Rothschild

Para esta experta en renta variable, es decir, en la marcha de las bolsas, se está produciendo ahora algo así como un “cambio de régimen”. Es otra forma de decir que el remolino ya ha dejado de hundir a la UE. Ha comenzado lo que la propia Gauthier califica de “fase de esperanza”, que es el estadio previo a la llegada de la “expansión”. No obstante, asegura la directiva de Edmond de Rothschild, “se requiere paciencia, ya que la recuperación rara vez sigue un camino lineal”.

Lo cierto es que el cambio en el lenguaje ya es un paso. Los analistas destacan ahora al referirse a Europa elementos como su resiliencia, la capacidad del BCE para contener la inflación, la valoración más baja de sus empresas frente a EE.UU., la nueva toma de conciencia de la autonomía estratégica, los esfuerzos por simplificar trámites y reducir burocracia, la creciente convergencia en la prima de riesgo de sus economías y el buen desempeño económico de los países del sur, con España al frente. Son elementos que ganan peso frente a una preocupación persistente: la elevada deuda pública de los estados. Por orden de mayor a menor, Grecia, Italia, Francia, Bélgica y España tienen deudas superiores al 100% del PIB, lo que sugiere a los inversores una limitada capacidad fiscal y de inversión pública.

Sin embargo, por encima de todos estos factores destaca la nueva apuesta alemana por el crecimiento. El plan del canciller Friedrich Merz y el aval parlamentario para suspender las estrictas reglas de gasto generan la mayor expectación entre los analistas. La previsión es que Alemania superará tres años de recesión y volverá a tirar de la economía europea, pese a los problemas en industrias locales como la de automoción. Hay sobre la mesa un fondo de 500.000 millones de euros para defensa, infraestructuras, digitalización y energía, así como la disposición de más de 60 grandes corporaciones del país a poner en marcha el programa “Made for Germany”, con cerca de 630.000 millones de inversión en apenas tres años. Empresas como Siemens, SAP, Volkswagen y Deutsche Bank lo respaldan.

Tras la pandemia, la invasión de Ucrania y los aranceles, la UE ha demostrado resiliencia

Thomas Friedberger, director general adjunto de la firma francesa Tikehau Capital, afirma en un informe que Europa es ahora “una oportunidad de inversión única”. “Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa reúne cuatro elementos que, en nuestra opinión, generan valor económico”. Se refiere a una estrategia presupuestaria de reactivación económica, una política monetaria acomodaticia, valoraciones atractivas con “descuentos históricos” y un nivel medio de apalancamiento en las empresas inferior al de las estadounidenses.

Hay algún otro elemento para reforzar este discurso. El sistema bancario europeo ha alcanzado unos elevados niveles de saneamiento y se dan buenas condiciones de financiación. El nivel de innovación es menor, pero “contrariamente a algunas tesis que subrayan la debilidad del Viejo Continente, sigue habiendo en Europa una oportunidad de inversión significativa”, sostiene Friedberger. En un reciente encuentro con periodistas, el fondo Arcano Partners subrayaba esta tendencia: las empresas europeas quizá no despunten en tecnología, pero muestran un riesgo de morosidad más bajo que las estadouni­denses.

Sesenta grandes corporaciones alemanas están comprometidas con el plan de estímulo

Sin embargo, persisten algunas incertidumbres, incluidas las geopolíticas. El plan alemán aún debe ir más allá del papel y mostrar eficacia en la ejecución, al tiempo que la invasión rusa de Ucrania sigue operando como principal elemento de tensión. La amenaza de Rusia ha ayudado a la UE a despertar, pero sigue ensombreciendo la imagen del continente. La suerte de los más de 200.000 millones en activos rusos congelados en Europa añade intriga a la situación.

Para los economistas de ING, el momento se parece más a un bote de kétchup que a una botella de champán a punto de descorchar. “En lo referido a Alemania y Francia, estamos hablando del efecto del bote de ketchup. Estamos esperando pacientemente a que caiga algo”, afirman dos de los principales economistas de ING Research, Carsten Brzeski y Charlotte de Montpellier. Alemania, indican, “ha sido la mayor decepción de la zona euro, y ahora es la principal fuente de esperanza para este año”. “El anuncio de grandes inversiones en defensa e infraestructuras eleva las expectativas de un rebrote”, indican.

Desde Generali califican el 2025 de “año revulsivo” para Europa, aunque solo sea por su capacidad para estabilizar el crecimiento entre desafíos comerciales planteados por Trump. El BCE está cerca de cumplir la misión de contener la inflación, lo que sugiere que los tipos de interés deberían estabilizarse en niveles bajos. Mientras, en Estados Unidos los aranceles elevan los precios y convierten el coste de la vida en un problema político adicional.

Una muestra de la diferente temperatura a uno y otro lado del Atlántico es que Alemania se financiará en entornos del 2,1% en el 2026, y Estados Unidos lo hace por encima del 4%, según Deutsche Bank. La devaluación del dólar ha regresado al escenario y ejerce presión adicional sobre la inflación en Estados Unidos. A cambio, el euro está ahora más fuerte, lo que encarece las exportaciones europeas, pero abarata la compra de petróleo, referenciada en dólares.

En la comparación con Estados Unidos, la UE sale perdiendo en unas cuantas variables. Por lo pronto, crece menos y ha quedado rezagada en la carrera tecnológica, ahora que la IA concentra ingentes cantidades de capital. Las autoridades comunitarias siguen decididas a reducir la dependencias de gigantes estadounidenses o chinos y de­sarrollar sus propias capacidades.

El Gobierno alemán moviliza 500.000 millones para impulsar la actividad económica

El economista jefe global del fondo norteamericano Vanguard, Joe Davis, cifra en una nota para inversores entre 250.000 y 300.000 millones de dólares los compromisos de gasto de capital del sector tecnológico europeo en los próximos dos años, una cifra muy alejada de los dos billones de dólares de Estados Unidos. Eso tiene su efecto sobre uno de los motores del PIB, el de la inversión privada. Su incremento será del 2% en la zona euro en el 2026, asegura, frente al 7% pronosticado para Estados Unidos.

En su informe de previsiones anuales, Barclays insiste en que la zona euro va por detrás en las grandes tecnologías, lo que “puede ser un problema”. Sin embargo, ha sido capaz de demostrar al mismo tiempo una “inesperada resiliencia” que no la aparta del todo de la competición global por la innovación. “Europa ha navegado bien por múltiples tormentas”, concluye.

Si la palabra resiliencia es la consigna, los analistas también hilan fino al citar otros factores. Para Raphael Olszyna, del banco luxemburgués J. Safra Sarasin, es importante hablar del potencial de la “capacidad productiva sin utilizar” en Europa. Desde Mirabaud Wealth Management, la previsión es que en el 2026 los beneficios empresariales europeos crezcan a un ritmo de doble dígito.

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