
En febrero del 2011, Stephen Elop, entonces CEO de Nokia, escribió un documento interno titulado Burning platform . El contenido es ya un clásico del management . Describía cómo Nokia se había visto superada por Apple: su sistema Symbian no podía competir ni con iPhone ni con Android. La razón era fácil de entender: los dos competían con todo un ecosistema, mientras que Nokia estaba sola, a pesar de haber inventado el predecesor del iPhone. En management lo utilizamos como ejemplo de la capacidad de las plataformas para competir y desbancar a las empresas individuales – por excelentes que sean– en variedad, escala e innovación.
Europa se encuentra ahora en una situación parecida. Mientras las grandes empresas europeas tienen su propia red de proveedores, con contratos de larga duración, estándares de calidad y procedimientos de compliance , en China los proveedores se comparten. Tienen agencias comunes en sectores como el automóvil que definen los estándares para todos los fabricantes. El resultado es que una gran mayoría de coches chinos tienen elementos como el tirador para abrir la puerta exactamente iguales (y copiados del de Tesla, por cierto), pero también una reducción de costes y un incremento de la flexibilidad en la producción inalcanzables por parte de los fabricantes europeos.
Revolución
Ya se empiezan a ver en China camiones ligeros eléctricos con conducción autónoma haciendo distribución interurbana
Es una red que no abarca únicamente la parte civil, sino también la militar. Los mismos astilleros que hacen barcos civiles hacen los militares. Más todavía: los contratos militares tienen una gran flexibilidad y permiten cubrir los huecos de falta de demanda, además de dar solvencia a las empresas, asegurar la continuidad y saturar la producción. Este ecosistema se completa con una gran oferta de ingenieros y técnicos de alto nivel concentrada en áreas como los alrededores de Shenzhen. Todo eso proporciona una capacidad de competir con un ecosistema integrado difícil, por no decir imposible, de batir.
Ahora estamos justo al inicio de una revolución que hará este ecosistema aún más competitivo. Ya se empiezan a ver en China camiones ligeros eléctricos con conducción autónoma haciendo distribución interurbana. Es un tema importante porque hay mucha pequeña tienda y taller que funciona autónomamente, conectados a redes de distribución o fabricación como Shein, obviamente también fabricando piezas de precisión y alta calidad. Una logística autónoma a bajo coste –eléctrica y sin conductor– que funcione 24/7/365 puede incrementar radicalmente el nivel de competitividad de un ecosistema de producción distribuida. Eso es especialmente notable si esta distribución está controlada por agentes de IA inteligentes que pueden aprovechar todas las oportunidades reaccionando de manera instantánea. Otra vez, nos acercamos a la situación que se encontró Nokia hace quince años. No se trata solo de competir en tecnología o en costes laborales, sino de competir contra un ecosistema. Un ecosistema integrado y, ahora, coordinado por inteligencia artificial.
