
Está llegando el otoño finalmente en el hemisferio occidental, después de un verano interminable. Pero, con la bajada de temperaturas, lo que preocupa ahora es el próximo invierno. Porque las reservas de gas en Europa se encuentran en niveles especialmente bajos desde un punto de vista histórico en este período del año.
Los europeos ya redujeron su demanda un 12% después de la guerra de Ucrania
A los europeos no le queda más remedio que apretarse el cinturón (de la calefacción): los ciudadanos podrían verse obligados a recortar su consumo un 7%, según un informe del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA), difundido ayer. De no hacerlo, la UE tendría que desembolsar unos 3.000 millones de euros para rellenar este hueco.
En estos momentos, las reservas de gas de la UE están más vacías que a estas alturas de cualquier otoño desde 2011, según este instituto. Están en promedio al 73% de su capacidad. En Alemania el almacenaje está menos del 60%, mientras que en España se supera el 76%.
Desde finales de febrero, los combustibles fósiles importados le han costado a la UE 100.000 millones de euros adicionales
Europa no cumple sus propias reglas: en 2022, la UE exigió a los Estados miembros que llenaran sus reservas de gas hasta el 90% antes del 1 de noviembre en un año normal. Ante la fuerte subida de los precios del gas provocada por la guerra entre Estados Unidos e Irán, la Comisión Europea rebajó ese objetivo al 80% para evitar compras precipitadas por temor a una escasez. A estas alturas es casi imposible alcanzar la meta.
Por lo tanto, si los europeos no quieren quedarse cortos en caso de ola de frío, sería oportuno reducir la demanda. Estarían llamados a su segundo gran esfuerzo ya que después de la guerra de Ucrania, ya hubo una reducción del consumo cercana al 12%.
La carencia se explica por el veto europeo al gas natural licuado (GNL) ruso, que a partir de enero del 2027, pasará a ser total y definitivo. Además, en estos momentos, Europa depende cada vez más de EE.UU.. En la actualidad, importa el 58% de su total del GNL de su un socio norteamericano, con el que ha tenido varios desencuentros.
También hay un problema de precios: rellenar las existencias es cada vez más caro. Los futuros holandeses TTF, referencia para los precios del gas en Europa, alcanzaron 84,5 euros por megavatio hora a mediados de septiembre, el nivel más alto desde 2022, el año en que comenzó la invasión rusa de Ucrania.
Desde finales de febrero, los combustibles fósiles importados le han costado a la UE 100.000 millones de euros adicionales. “Comprar gas para almacenarlo se ha convertido en un riesgo financiero más que en una estrategia rentable”, señaló la IEEFA.
Por su parte, Bruselas quita hierro al asunto. En declaraciones del pasado jueves, la Comisión dijo que “aunque los niveles de almacenamiento de gas están por debajo de los registros históricos, el sistema gasista de la UE tiene suficiente flexibilidad para satisfacer la demanda este invierno. Las infraestructuras europeas pueden gestionar un mayor volumen de importaciones de GNL y compensar los menores niveles de almacenamiento”. Las reservas cubrieron el invierno pasado el 30% del consumo invernal de la UE. Al final un invierno con temperaturas suaves sacaría a Europa las castañas del fuego. Un poco arriesgada como estrategia.
