¿Irá Catalunya a elecciones?

Sábado por la mañana en la plaza Major de Vic. Una pancarta gigante de Carles Puigdemont cuelga de uno de los edificios, como vestigio de una época que ya no convoca multitudes. Los puestos comerciales bullen de curiosos y comerciantes en una liturgia semanal que mezcla rutina y ventas. En uno de los accesos principales, una carpa de Vox, atendida por una quincena de jóvenes, reparte trípticos y ofrece información a los transeúntes. Algunos se detienen; otros rehúyen el contacto con desagrado. Un poco más abajo, otro puesto de la ANC vende merchandising de la organización. Está vacío.

Reunión del president Salavdor Illa con Oriol Junqueras en el Palau de la Generalitat, tras anunciar el acuerdo de financiación a primeros de enero.
Reunión del president Salavdor Illa con Oriol Junqueras en el Palau de la Generalitat, tras anunciar el acuerdo de financiación a primeros de enero.Mané Espinosa / Propias

La imagen no es anecdótica. El malestar ciudadano y el enfado que durante años canalizaron los partidos y entidades independentistas parecen haber cambiado de cauce. Donde antes se concentraba la indignación soberanista, ahora emerge una extrema derecha que sabe leer el clima emocional y explotar el descontento y la desafección. Las formaciones políticas tradicionales lo saben, aunque no siempre acierten a responder: cuando una parte de la ciudadanía siente que no se interpretan sus frustraciones, alguien acaba ocupando ese espacio.

El resultado probable sería un Parlament de Catalunya aún más fraccionado

Lo ha experimentado el PP en el ciclo electoral que ha impuesto en Extremadura y Aragón y puede hacerse más evidente el 15-M en Castilla y León.

Catalunya no es una excepción ni vive en una burbuja política: su Parlament cuenta hoy con representación de dos fuerzas de extrema derecha. El president Salvador Illa es consciente de que convocar elecciones por no poder aprobar los presupuestos, tras el desencuentro con Esquerra, entraña riesgos evidentes. Ese mismo camino lo recorrió en 2024 Pere Aragonès, y el desenlace es conocido: la pérdida de iniciativa política y un mapa parlamentario fragmentado. ERC pasó de gobernar a tercera fuerza política.

En el escenario actual, poner las urnas no garantiza estabilidad. Puede, por el contrario, amplificar el malestar y reforzar a quienes mejor capitalizan la frustración. El resultado probable sería un Parlament de Catalunya aún más fraccionado. Es cierto que una convocatoria electoral cogería con el paso cambiado tanto a Junts como a Esquerra. Los posconvergentes, centrados en el regreso de Puigdemont, carecen hoy de un candidato claro. Tampoco Esquerra lo tiene, Junqueras sigue inhabilitado.

La crisis abierta entre el Govern y ERC mantiene en suspenso los presupuestos y compromete su viabilidad. El líder republicano ya trasladó a sus bases el pasado fin de semana que no estaba por la labor de avalar las cuentas –si no hay IRPF– y que se inclinaba por negociar suplementos de crédito. Será difícil bajarlo de aquí e Illa mantiene el órdago de presentarlos el viernes, aunque no disponga de apoyos suficientes. Ahora tienen dos semanas para negociar antes del pleno del 10 de marzo, porque ya se sabe que las elecciones las carga el diablo y siempre lo pueden complicar todo aún más.

Silvia Angulo Valdearenas

Silvia Angulo Valdearenas (Esplugues de Llobregat, 1973) es redactora jefa de Política en La Vanguardia. Licenciada en Historia y Periodismo y máster en Ciudad y Urbanismo. Entre 1998 y 2021 fue redactora y jefa de sección en local.

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