Irán confirma la muerte de Ali Lariyani, jefe de seguridad, a manos de Israel

En Teherán sonaban las explosiones este martes por la mañana cuando Israel lanzó la noticia: Ali Lariyani y Gholamreza Soleimani, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y el comandante de las milicias conocidas como basijis, habían sido “eliminados”.

Irán tardó en reconocer de manera oficial la muerte de Soleimani y guardó silencio sobre la de Lariyani, sin referencia alguna en los medios públicos. Hasta que entrada la noche los medios locales confirmaban su muerte después de la publicación de una carta suya, escrita a mano, en la que recordaba la muerte de los marineros del navío militar atacado por Estados Unidos frente a Sri Lanka, cuyo funeral comenzó este martes.

La noticia llegó en lo que debía ser una jornada festiva: la última noche de martes a miércoles previa al fin de año persa, el 21 de marzo, en la que tradicionalmente los iraníes se reúnen en las casas o en las calles para saltar el fuego, tirar juegos pirotécnicos e incluso bailar. Desde días atrás, las autoridades venían advirtiendo que estas congregaciones estaban prohibidas argumentando la seguridad y la protección de los servicios de emergencia, abrumados por la guerra. Pero el motivo, y así lo aseguran muchos en Irán, es el temor de que esta fecha fuera aprovechada por quienes se oponen a la República Islámica para tomar las calles y reanudar las protestas.

Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní asesinado por Israel, fotografiado el pasado agosto en Beirut
Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní asesinado por Israel, fotografiado el pasado agosto en BeirutBilal Hussein / Ap-LaPresse

“De reconocerlo, lo harán cuando todo esto haya terminado”, asegura un analista político local que este martes habló con la condición de mantener el anonimato. “La desaparición de Lariyani es un golpe fuerte para la República Islámica después del asesinato del líder, aunque muchos lo estaban viendo como un outsider entre este círculo más radical que rodea a Mojtaba Jamenei”, explica este analista.

Añade, también, que la muerte de Soleimani, si bien es una gran pérdida para ese sector de las milicias que lidera la dura represión en las calles, es una pérdida menor, al menos comparada con la de Ali Lariyani: “La Guardia Revolucionaria ha demostrado con los años que tiene una inmensa capacidad para reemplazar rápidamente a sus líderes asesinados”.

“El día que los malos me dejen”, respondió a un político europeo que le preguntó si algún día sería presidente

La importancia extrema de Lariyani dentro de la estructura de poder tenía varios niveles. Primero, una trascendencia fáctica debido a su cargo como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, un comité donde se toman las decisiones más importantes del país en defensa y seguridad. Lo lidera el líder supremo, pero lo integran militares, jueces, expresidentes o personalidades influyentes.

Por esa misma razón, Lariyani estaba desempeñando un papel especial coordinando el teatro de la guerra, estableciendo conexiones entre el Gobierno y el sector militar, liderando cierto griterío en contra de Estados Unidos e Israel, y hasta hablando con los países del Golfo, como se ha reconocido desde Dubái.

Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, durante una conferencia en Damasco en 2020
Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, durante una conferencia en Damasco en 2020Omar Sanadiki/Reuters

Pero más allá del papel actual, Lariyani representaba las entrañas del nizan, o sistema; estaba directamente relacionado con el mundo religioso, militar y político. Pocos como él habían tenido una carrera tan diversa y extensa en la República Islámica. Su padre fue ayatolá, al igual que su hermano Sadeg, que durante años fue el jefe de la Justicia.

En su juventud fue comandante de la Guardia Revolucionaria. Y si bien se quitó el uniforme hace décadas, algunas veces se le ha visto con él puesto en demostraciones de apoyo a esta fuerza militar creada con el surgimiento de la revolución en 1979. En su vida pública, fue negociador nuclear, portavoz del Parlamento, enviado especial del líder Ali Jamenei –del que se decía era muy cercano– a misiones diplomáticas con países estratégicos.

También representaba las luchas internas del poder iraní y las tensiones entre el sector pragmático –al cual se relacionaba– y el más radical. Durante las dos últimas campañas presidenciales, el Consejo de Guardianes le denegó la posibilidad de presentarse como candidato. “El día que los malos me dejen”, respondió a un político europeo que le preguntó si algún día sería presidente.

Irónicamente, meses después, el líder lo nombró secretario del Consejo Supremo de Seguridad. En los últimos días había escrito mensajes relacionados con la posibilidad de ser asesinado y el honor de convertirse en “mártir”. “Él estaba llamado a ser la persona que lideraría las negociaciones para acabar la guerra. Era un hombre que, a pesar del rechazo a los americanos, los conocía muy bien”, explicó el analista.

Este martes circulaba una carta que había dejado a los musulmanes y a los estados islámicos del mundo: “Piense acerca del futuro del mundo islámico. Ustedes saben que América no les es leal y que Israel es su enemigo”, escribió.

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