El hostigamiento ruso a Europa está mutando. A medida que la guerra en Ucrania se prolonga, Vladímir Putin se vuelve más temerario y dispuesto a asumir riesgos para testar las costuras de la Alianza Atlántica. La posibilidad de que el presidente ruso emprenda una huida hacia adelante pese a su difícil situación en el frente figura cada vez más en los análisis de agencias de inteligencia occidentales y líderes europeos.
Emerge la convicción de que los ataques híbridos rusos a países europeos –que vienen registrándose desde el inicio de la invasión a gran escala rusa de Ucrania hace cuatro años y medio– no solo aumentarán en su forma ya habitual de sabotajes, incursiones de drones, incendios intencionados, ciberataques y campañas de desinformación, sino que ampliarán su alcance y su naturaleza.
Intentando mantenerse por debajo del umbral del conflicto abierto, el nuevo escalón apunta a infraestructuras críticas para el apoyo a Ucrania. El incidente clave que ha consolidado esta nueva percepción es el fallido atentado con drones explosivos del 4 de agosto contra un avión de carga ucraniano en el aeropuerto de Leipzig, que el Gobierno alemán ha atribuido oficialmente a Rusia.
La advertencia del primer ministro polaco
Donald Tusk avisa de que Moscú planea ataques a países del flanco este: “El objetivo ruso es demostrar que el artículo 5 [la cláusula de defensa colectiva de la OTAN] es más teórico que práctico; es decir, que nadie querrá morir por Polonia, Letonia o Lituania”
El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó el jueves en una entrevista televisada desde el Elíseo que Francia podría sufrir un ataque similar al de Leipzig. “Rusia considera Europa como la profundidad estratégica de Ucrania; hace años que somos atacados en todos los frentes –dijo Macron–. “Debemos ser lúcidos sobre la evolución de la amenaza y debemos prepararnos; Rusia ha multiplicado los actos hostiles y criminales en Europa”.
Pocos días antes, el 17 de septiembre, el primer ministro polaco, Donald Tusk, informó al Parlamento en Varsovia de informes de inteligencia sobre posibles ataques en las próximas semanas contra países de la OTAN, empezando por Polonia. “Los rusos están introduciendo a gran escala un nuevo tipo de drones a reacción que se desplazan a una velocidad incomparablemente mayor y operan a gran altitud antes de descender en picado y alcanzar su objetivo”, explicó Tusk.
Ataques de carácter limitado a países de la Alianza
El objetivo ruso es socavar la confianza de los aliados en el artículo 5, la cláusula de defensa colectiva de la OTAN, indica el Servicio de Inteligencia de Defensa de Dinamarca
El líder polaco aseguró que se prevé que Putin use este armamento fuera de Ucrania para golpear a la opinión pública de países aliados. “El objetivo ruso es demostrar que el artículo 5 [la cláusula de defensa colectiva de la OTAN] es más teórico que práctico; es decir, que nadie querrá morir por Polonia, Letonia o Lituania”. En acciones como las descritas por Donald Tusk, la línea gris entre un ataque híbrido y un ataque convencional se difumina.
Más aún, según alertó el jueves el Servicio de Inteligencia de Defensa de Dinamarca, hay “un riesgo bajo pero creciente” de que el Kremlin lance “un ataque militar limitado contra uno o varios países de la OTAN fronterizos con Rusia”, algo que “potencialmente podría ocurrir en los próximos meses”. Aunque varias naciones encajan en esa definición geográfica, los temores se dirigen a los países bálticos y a Polonia.
Al tiempo, el organismo danés no ve “indicios de que Rusia vaya a lanzar una invasión a gran escala contra uno o varios países de la OTAN”. Esta alerta es preocupante porque adelanta el riesgo de ataque convencional a “los próximos meses”, frente al año 2030 que debaten como horizonte la mayoría de autoridades aliadas.

Un “ataque militar limitado” podría incluir ataques aislados con armas de largo alcance, sean drones o misiles, contra infraestructuras críticas para el apoyo a Ucrania; operaciones de falsa bandera con drones de fabricación ucraniana; o el despliegue de un pequeño número de soldados rusos –sin distintivos nacionales, como hicieron al entrar en Crimea en febrero del 2014– en países del flanco este con el pretexto de proteger a las minorías rusas, enumeró Thomas Ahrenkiel, director de la agencia danesa en rueda de prensa en Copenhague.
En estos supuestos, Moscú buscaría crear una situación en que la OTAN fuera incapaz de ponerse de acuerdo sobre cómo responder, o incluso sobre si debería hacerlo, a la agresión. Objetivos: mermar el respaldo a Ucrania, generar división en la Alianza, y alarmar a la población europea.
La nueva percepción sobre la escalada rusa viene también abonada por el ataque con drones del 13 de septiembre a un tren ucraniano cerca de la frontera polaca, sin víctimas. Apenas media hora antes había pasado por esa misma vía férrea otro convoy en el que viajaban el exprimer ministro británico Boris Johnson y altos funcionarios de seguridad europeos procedentes de una conferencia en Kyiv. ¿Era quizá este tren de personalidades occidentales el verdadero objetivo del dron ruso?
“Como mínimo, el Kremlin ha aceptado el riesgo de que los drones y misiles usados en ataques contra Ucrania penetren en el espacio aéreo de la OTAN y causen heridas a civiles, tal como ocurrió el 29 de mayo, cuando un dron ruso impactó contra un edificio de viviendas en Rumanía e hirió a dos personas”, señala el analista Mason Clark en un informe recién publicado por el Instituto de Estudio de la Guerra (ISW).
“El ISW estima ahora que algunas de las incursiones en el espacio aéreo de la OTAN asociadas a ataques en Ucrania son deliberadas”, escribe Clark, quien señala que buscan socavar el sentido del artículo 5. El viernes, cazas finlandesas y suecos interceptaron una escuadrilla de aviones de guerra rusos sobre el mar Báltico.
Ante las alertas de Macron, Tusk y la inteligencia danesa, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, replicó desde Nueva York que “todas las opciones de respuesta están sobre la mesa” y se utilizarán las que sean necesarias. “Putin se halla en una situación difícil –zanjó Rutte-; no está ganando la guerra en Ucrania”.
Para no subrayar vulnerabilidades
Los países bálticos, pioneros en la alerta, piden ahora moderación a los gobernantes occidentales
Los Gobiernos de los tres países bálticos –Estonia, Letonia y Lituania–, que durante años se desgañitaron alertando a Europa Occidental del peligro ruso sin que se les hiciera caso hasta el inicio de la invasión a gran escala rusa de Ucrania en febrero del 2022, se hallan ahora en la tesitura de pedir a algunos líderes occidentales que moderen sus declaraciones públicas. Hay temor a que hablar demasiado del riesgo de ataque de Putin en el flanco este subraye más la vulnerabilidad de las tres naciones y resulte perjudicial para sus sociedades y economías. El sábado, el secretario general del Ministerio de Exteriores de Estonia, Jonatan Vseviov, criticó el “pánico en las redes sociales” surgido en los últimos días ante un supuesto ataque inminente. “Si hubiera motivos para temer un ataque, tengan la seguridad de que lo dejaríamos claro. Hasta entonces, mantengan la calma, sigan adelante y apoyen a Ucrania”, escribió Vseviov en la red social X.

