La crisis de Ceuta convierte a España en un eje de la política italiana

España se ha convertido en uno de los grandes ejes del debate político italiano. Y también en los aeropuertos empieza a sentirse el efecto.

Pedro Sánchez y Giorgia Meloni, durante la conferencia para la reconstrucción de Ucrania celebrada en Roma en julio del 2025 
Pedro Sánchez y Giorgia Meloni, durante la conferencia para la reconstrucción de Ucrania celebrada en Roma en julio del 2025 Pool Moncloa / EFE

Los controles a los vuelos procedentes de España, reintroducidos en los aeropuertos italianos tras la suspensión de Schengen a raíz de la crisis de Ceuta, se aplican de forma irregular. Tras un comienzo discreto, están empezando a provocar colas y protestas en el periodo de mayor tráfico del año. La versión del Ministerio del Interior italiano —«solo se controlará a los ciudadanos extracomunitarios»— no ha resistido la prueba de los hechos: ¿cómo distinguirlos entre la multitud de pasajeros sin pedir antes la documentación?

Entre los viajeros que esperaban el martes por la noche en el aeropuerto de Milán-Linate estaba también Manuel Campo Vidal, llegado desde Madrid. “Nos hicieron las mismas preguntas que en la frontera con Estados Unidos. Fue una sensación desagradable. Nunca me había pasado al venir a un país que queremos tanto. La gente estaba muy molesta”.

El ministro de Exteriores, Antonio Tajani, terminó reconociendo el pasado martes, en una entrevista televisiva, que “no hemos encontrado a nadie que viniera de Ceuta, pero tenemos que hacer controles como hacemos con Eslovenia”. Las molestias y la evidente dificultad para explicar la medida con criterios racionales están abriendo una reflexión dentro del Gobierno sobre la posibilidad de levantarla antes de la fecha prevista, el 31 de agosto. “Sí, la decidimos cuando todavía no sabíamos que prácticamente todos serían repatriados”, admite un miembro del Ejecutivo que pide permanecer en el anonimato. Por ahora, sin embargo, no hay marcha atrás.

Pero el verdadero alcance de la crisis es político.

La explicación va mucho más allá de Ceuta. España se ha convertido en el principal contrapunto político del Gobierno de Giorgia Meloni. Si hace unos años ese papel lo desempeñaba Emmanuel Macron, hoy el adversario al que la derecha italiana señala con más frecuencia es Pedro Sánchez, convertido en el símbolo de un modelo migratorio y político que la coalición conservadora utiliza como contraste.

El primero en pedir a Meloni que comparezca en el Parlamento para explicar la ruptura diplomática con Madrid fue Nicola Fratoianni, líder de Alianza Verdes e Izquierda. “Anunciar a toda prisa la suspensión de Schengen no solo es un gesto miserable y cínico, sino también muy embarazoso —explica a La Vanguardia—. Quizá el objetivo era otro: golpear a una de las economías europeas que más crece gracias a políticas progresistas”.

La izquierda 

Fratoianni: “La suspensión de Schengen buscaba golpear a una España que crece gracias a políticas progresistas”

Meloni no respondió a la petición. Quien sí defiende la medida es Carlo Fidanza, jefe de Hermanos de Italia, el partido de Meloni, en el Parlamento Europeo, buen conocedor de España, que encuentra precisamente en el modelo español la clave de lectura. “Está claro que Ceuta es un episodio geopolítico, pero ocurre porque Sánchez es el hombre de las puertas abiertas. También en inmigración ha demostrado la misma hipocresía que con la energía: compró gas ruso y ahora, como ya no puede hacerlo, llama a la puerta de Argelia, con el resultado que todos vemos…”. Para Fidanza, suspender Schengen fue, ante todo, “una señal política”.

La derecha

Fidanza: “Lo ocurrido en Ceuta también es consecuencia del modelo de puertas abiertas”

Pietro Benassi, diplomático de larga trayectoria, fue representante permanente de Italia ante la Unión Europea, embajador en Alemania y Túnez y subsecretario de la Presidencia del Consejo durante el Gobierno de Mario Draghi. Cree que Italia cometió un error al no mostrar solidaridad con España e incluso condolencias por las víctimas de aquellos días, una actitud que, a su juicio, dificulta una respuesta verdaderamente europea al fenómeno migratorio. “La inmigración consiste precisamente en gestionar la complejidad, pero hoy se prefiere simplificar. Ya verá que dentro de unos días en Italia nadie hablará más de esto. Mejor, por un lado, visto cómo se ha tratado el asunto, pero al mismo tiempo demuestra la superficialidad con la que se construye hoy la agenda política”.

Para Lorenzo Pregliasco, politólogo y director de la empresa demoscópica YouTrend, la decisión responde sobre todo a una necesidad política. “La inmigración y la seguridad son el nervio más sensible de este Gobierno. Una encuesta nuestra muestra que siete de cada diez italianos dicen no sentirse seguros; Además, Meloni tiene ahora a su derecha un adversario, Vannacci, que insiste precisamente en estos temas. Había que agitar una bandera, y se eligió suspender Schengen”.

Comparación

El pólitologo Pregliasco: “España se ve como un país más dinámico y es la némesis perfecta para Meloni”

España reúne todos los elementos para convertirse en el símbolo perfecto de esa batalla política. “Es un país que despierta cercanía y simpatía —añade Pregliasco—, pero al mismo tiempo también una cierta envidia. En Italia crece la sensación de estar siendo superados por un país más dinámico. Incluso el poder blando de España se percibe con mucha fuerza; basta mirar al deporte. A eso se añade que España está gobernada por el único líder progresista de Europa, a quien la oposición italiana pone constantemente como ejemplo: es la némesis perfecta para Meloni”.

La frontera ya no está solo en los aeropuertos.

También te puede interesar