Las infraestructuras ferroviarias se depreciaron entre el 2014 y el 2022 un 5,4% en Catalunya mientras que en el conjunto de España esa devaluación fue del 1,8%. La pérdida de valor de las redes de ferrocarriles se produce porque la inversión efectuada en ese periodo no fue suficiente para cubrir el desgaste sufrido por la instalación en el periodo analizado como consecuencia de su uso y del paso del tiempo. Son datos de la Fundación BBVA y el IVIE sobre el stock de capital.
Francisco Pérez, director del IVIE, alerta de “la caída del stock de capital que se está produciendo prácticamente en todas las infraestructuras, desde luego en la de ferrocarril también”. El economista añade que “lo que sucede es que la inversión, aunque está aumentando, no permite reponer lo que según los criterios internacionales que utilizamos se necesitaría para cubrir la depreciación del stock de capital y por eso sale ese signo negativo”. Y precisa que “esa reducción en el caso de Catalunya es algo más intensa”.
Aunque los datos por comunidades sólo están disponibles hasta el 2022, la depreciación y deterioro de las infraestructuras es tan intensa desde el 2014 que se necesitarán muchos años para recuperar el nivel de las mismas. Esa depreciación de la red coincide con los años de deterioro del servicio en Rodalies de Catalunya, que se prolonga hasta este año con numerosos tramos cerrados o restricciones de velocidad por falta de mantenimiento de la línea.
Para el conjunto de España, la estadística alcanza hasta el 2025. En ese caso, las infraestructuras ferroviarias se depreciaron un 0,7% entre el 2014 y el 2025. Pérez precisa que no se puede relacionar la reducción de valor de las infraestructuras ferroviarias con casos puntuales como el del accidente de Adamuz. Lo que sí dicen los datos macro es que no se invierte lo suficiente en mantenimiento.
Las infraestructuras ferroviarias se depreciaron entre el 2014 y el 2022 un 5,4% en Catalunya mientras que en el conjunto de España esa devaluación fue del 1,8%
En la actualización sobre el stock de capital, los autores llaman la atención sobre la necesidad de acometer infraestructuras para luchar contra el cambio climático y los efectos de fenómenos meteorológico extremos como la dana de Valencia del 2024. Los autores alertan que “la trayectoria de menor inversión y pérdida del valor de las infraestructuras de uso público en el país coincide con una mayor frecuencia de episodios en los que se pone de manifiesto la amenaza que representa la proliferación de catástrofes naturales de elevada intensidad, derivadas del cambio climático”. Esos hechos “evidencian tanto las insuficiencias de las inversiones en infraestructuras preventivas como la destrucción de parte de las dotaciones existentes”. El problema con el que se encuentran los investigadores es que las cifras no reflejan las pérdidas por estos fenómenos y, por eso, tratan de buscar una metodología para calcularlo. Partiendo de los datos del último medio siglo y del estudio de la dana de Valencia, para el conjunto de España el esfuerzo inversor necesario supondría el equivalente a entre un 0,2% y un 1,1% de la inversión anual acumulada a lo largo del periodo de 50 años. Si esa inversión fuera en un solo año consumiría entre el 5,4% y el 38,3% de la inversión global. IVIE y la Fundación BBVA recuerdan que “la dotación de capital no es excesivamente elevada si se anticipa el esfuerzo y se pone en relación con la inversión nacional”.
