La economía crece un 2,8% en el 2025 por el impulso del consumo y la inversión

En las últimas semanas se multiplicaban los indicios de que el último trimestre del año pasado iba a ser mejor de lo esperado, y finalmente ayer se ha confirmado. La economía creció en ese periodo un 0,8%, entre dos y tres décimas por encima de lo que los economistas tenían calculado anteriormente, y este impulso ha permitido que el 2025 haya cerrado con un aumento del PIB del 2,8%.

Esta cifra supone encadenar cinco años consecutivos de crecimientos notables después del hundimiento del 2020 a causa del impacto de la pandemia. Y también continuar muy por encima de la zona euro, prácticamente doblando su crecimiento, ya que en el 2025 el bloque quedó en un alz el 1,5%, según Eurostat ayer.

Es cierto que el crecimiento del 2,8% del año pasado pierde ritmo respecto al 3,5% registrado en un 2024 que fue magnífico en términos económicos; y también que es una décima por debajo de la previsión del Gobierno. En este caso, que no se haya alcanzado el 2,9% tiene mucho que ver con la revisión a la baja que ha llevado a cabo el Instituto Nacional de Estadística (INE) del primer trimestre del año pasado en los datos publicados este viernes. Sin embargo, de cara a futuro es más destacado el impacto que tendrá este acelerón del último trimestre porque traslada su inercia al 2026, que arranca, ya de salida, con un crecimiento del 1,1%. 

En todo caso, los protagonistas del 2025 son el consumo de los hogares y la inversión, que han impulsado el aumento de la actividad. En el caso del consumo, el gasto de los hogares ha acelerado hasta el 3,4% en el 2025, gracias en buena parte a la mejora del poder adquisitivo de los ciudadanos. Aquí interviene el buen funcionamiento del mercado laboral, como demostró la EPA del martes, con la creación el año pasado de 605.000 puestos y la reducción del paro por debajo de la barrera del 10%. Otro elemento que explica esta mejora de la capacidad de gasto es que la subida de los salarios del año pasado quedó por encima de la inflación.

Este aumento del consumo de los hogares contrasta con la reducción del gasto de las administraciones públicas que, si en los años postpandemia fue un determinante para mantener la actividad, en los últimos ejercicios se ha ido reduciendo gradualmente.

Por lo que respecta a la inversión, una de las asignaturas pendientes de la economía española, se incrementó un 6,3% en 2025, claramente por encima del aumento del año anterior. En este terreno destacan el aumento del gasto en construcción y en bienes de equipo.

Tal como apuntábamos, el último trimestre del 2025 fue el mejor del año, con un crecimiento del 0,8%, superando de esta manera los periodos precedentes. La inercia que genera este empuje puede llevar a una revisión al alza de las previsiones para el 2026, que se movían en el entorno del 2%.

”Es un dato positivo también por la composición del crecimiento, con un sostenimiento de la inversión. El único elemento negativo son las exportaciones de bienes que están muy débiles”, afirma María Jesús Fernández, economista senior de Funcas. Unas exportaciones que pagan la debilidad de las economías europeas que son uno de los mercados prioritarios donde van dirigidas.

De esta manera, es la demanda nacional la que protagoniza el impulso de la actividad, y aporta 3,6 puntos al crecimiento interanual del PIB con datos del cuarto trimestre del 2025, mientras que la demanda externa restó un punto.

Con estos datos,  el crecimiento de la economía española sigue mostrándose como el más destacado entre los grandes países europeos, y supone prácticamente doblar el de la media de la zona euro. Es uno de los elementos que ha destacado el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, añadiendo también que “esta aceleración de final de año es muy positiva puesto que sienta las bases para un crecimiento sólido en el 2026”. 

Jaume Masdeu Burch

Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia

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