La economía social gana peso en Catalunya

Mataró ha sido designada capital de la economía social, un reconocimiento que subraya tanto su trayectoria histórica como su potencial actual. La ciudad alberga hoy más de 100 entidades de economía social, entre cooperativas, mutualidades, fundaciones y centros especiales de trabajo, y que generan una importante actividad económica con impacto social.

La elección de Mataró no es casual. Fue en la capital del Maresme donde se fundó la primera cooperativa de Catalunya y figuras históricas como Joan Peiró desempeñaron un papel clave en el desarrollo del cooperativismo laboral. Esta herencia sigue viva hoy con iniciativas como la Cátedra de Economía Social del TecnoCampus.

Esta cátedra, pionera en Catalunya, analiza el sector desde una perspectiva académica y aplicada. Junto con el CAdESC, desarrolla investigación, prospectiva y propuestas de política pública para reforzar la economía social. “Estos elementos dotan a Mataró de una potencialidad inédita, especialmente en una ciudad que no es capital de provincia”, explica su director, Eloi Serrano.

La Cátedra también reivindica la transversalidad de esta propuesta y su capacidad de adaptarse a diferentes sectores productivos, más allá de su concepción tradicional. Serrano afirma: “Una de las cosas que defendemos es que este modelo no es solo un sector. Es una forma de organización empresarial que debería extrapolarse a toda la actividad productiva de la sociedad”.

Las personas en el centro

Serrano insiste en que la economía social debe entenderse como un modelo empresarial “que pone a las personas en el centro y sitúa el dinero como herramienta, no como finalidad. Son instituciones de base democrática que combinan el interés interno de la empresa con un impacto positivo en la sociedad en general”. Se trata de un modelo transversal, aplicable a todos los sectores productivos, ya sea industrial, agrario, financiero, de servicios o de cuidados.

En Catalunya, por ejemplo, más de la mitad de la producción agraria está gestionada por cooperativas. Sin embargo, en otros ámbitos, como el financiero, la presencia de entidades de economía social es más limitada y únicamente Caixa d’Enginyers funciona como cooperativa de crédito. Según Serrano, en países como Francia o Finlandia, las cooperativas financieras alcanzan cuotas de mercado del 30% al 60%, frente al 10-12% en España, lo que refleja un amplio margen de crecimiento.

“Tenemos un potencial que, en determinados sectores, está empezando a realizarse, pero necesitamos fortalecer los procesos de integración empresarial y fomentar que las cooperativas crezcan para poder jugar de manera relevante en el mercado”, señala.

Datos y estructura del sector en España

En el conjunto del país, según datos de 2024, existen alrededor de 70.000 entidades de economía social con criterios éticos comunes: primacía de las personas sobre el capital, gestión democrática, participación activa, reinversión de beneficios en la propia entidad y compromiso con el territorio y la cohesión social. Entre ellas se incluyen cooperativas, sociedades laborales, mutualidades, empresas de inserción, centros especiales de trabajo de iniciativa social, sociedades agrarias de transformación y fundaciones vinculadas al sector.

Estas organizaciones combinan eficiencia empresarial con valores de solidaridad y responsabilidad social. Aunque muchas de ellas son de menor dimensión, compiten en mercados internacionales y, en numerosos casos, lideran sus sectores a escala territorial.

Retos y oportunidades del sector

El principal desafío, según Serrano, es ganar dimensión y fomentar la intercooperación para alcanzar una masa crítica que permita competir con empresas tradicionales. “Si no hay músculo suficiente, es difícil que los gobiernos vean este modelo como significativo. Necesitamos que las cooperativas puedan actuar de manera relevante en el mercado, no quedarse en la periferia”, asegura.

También subraya la importancia de políticas públicas que faciliten la financiación, el crecimiento orgánico y una gobernanza interna sólida y democrática, capaz de preservar los valores fundacionales. Como ejemplo menciona la experiencia de Abacus Cooperativa, relevante en el ámbito cultural y educativo, aunque todavía pequeña en comparación con gigantes del comercio global como Amazon. “Tenemos que trabajar para fortalecer modelos como este, con un crecimiento sostenido que respete su esencia democratizadora”.

En un contexto de globalización tecnológica y concentración de poder en grandes corporaciones, Serrano concluye que democratizar la economía es clave para preservar derechos y libertades en un entorno donde las decisiones tecnológicas redefinen constantemente las reglas del juego.

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