La frase de Merkel que aún resuena

El 31 de agosto del 2015, hace ahora diez años, la entonces canciller de Alemania, Angela Merkel, pronunció en la rueda de prensa estival en Berlín una frase que pasó casi inadvertida y que al poco tiempo se convertiría en icónica: “ Wir schaffen das ” (‘podemos lograrlo’, en el sentido de ‘somos capaces de hacerlo’). La líder conservadora emplazaba así a los alemanes a asumir el reto migratorio. La frase ha pasado a la historia, y despierta todavía hoy admiración y rechazo en una Alemania que está ahora a años luz de aquel momento crucial en el que triunfó la Willkommenskultur (cultura de bienvenida).

El verano del 2015 tocaba a su fin, y cientos de miles de refugiados que huían de la guerra en Siria y de conflictos en Irak y Afganistán se agolpaban en los caminos de Europa con la esperanza de alcanzar Alemania. Por normativa comunitaria, gran número de ellos permanecían bloqueados en la estación de Budapest. Cuatro días después de la frase, Merkel les abría las fronteras de este país.

El río humano de hombres, mujeres y niños cambió el horizonte de Alemania, e influyó en su sociedad y en su política. Entre el 2015 y el 2016 llegaron más de un millón de solicitantes de asilo. El discutido lema sigue dividiendo al país entre defensores y detractores. Uno de los principales reproches es que el incremento de la inmigración ha dado alas al partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que en diez años ha ido creciendo hasta convertirse en segunda fuerza parlamentaria en las elecciones del pasado mayo (20,8%).

¿Por qué la entonces canciller obró de tal manera? “La pregunta que me hice era: ¿empiezo ahora a intentar cerrar nuestra frontera? Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, había tratado muy mal a los refugiados, gente necesitada. Y yo, como canciller alemana, ¿qué hago ahora? ¿Utilizo cañones de agua en la frontera para impedir que lleguen estos refugiados? No creí que eso fuera compatible con nuestros valores europeos”, afirmó Merkel el pasado diciembre en Barcelona en conversación con esta corresponsal durante la presentación de su libro de memorias Libertad (editorial RBA).

La realidad es que la propia líder, cuestionada por sectores de su partido, la democristiana CDU, y consciente de que su visión del asilo le depararía costes políticos, dio marcha atrás muy pronto. La alemana tejió en Bruselas el pacto UE-Turquía de marzo del 2016, por el que Ankara, a cambio de compensaciones financieras, echó el cierre a la ruta migratoria irregular que fluía desde sus costas hacia Grecia y los Balcanes. “Por supuesto, debían abrirse procedimientos de asilo y quien no tuviera derecho, debía marcharse –admitió Angela Merkel en Barcelona–. Y yo sabía que no podían llegar 10.000 refugiados a Alemania al día; era inasumible”.

Entre el 2015 y el 2016 llegaron a Alemania más de un millón de personas desde Siria, Irak y Afganistán

Su gobierno de coalición de conservadores y socialdemócratas fue diseñando leyes para acotar las llegadas, atajar la inmigración económica, y facilitar las deportaciones. El siguiente canciller, el socialdemócrata Olaf Scholz, al frente de un tripartito con verdes y liberales, prosiguió en esa senda. El actual jefe de Gobierno, el democristiano Friedrich Merz, que desde mayo encabeza una coalición de conservadores y socialdemócratas, reniega de la decisión de su predecesora y correligionaria.

En el mismo marco –la rueda de prensa estival del canciller, que esta vez se celebró el 18 de julio–, Merz afirmó: “La señora Merkel dijo eso en un contexto específico, y diez años después, hoy, sabemos que hemos fallado claramente en el área a la que se refería entonces. Por eso estamos intentando corregirlo”.

En efecto, en cuanto fue investido canciller, Merz redobló los controles policiales en las fronteras contra la inmigración irregular, ampliando los ya instaurados en octubre del 2023 por el gobierno anterior del socialdemócrata Scholz. Todo ello ha frenado las llegadas de migrantes. En el primer semestre del 2025 se redujeron en casi un 50%, según la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF).

El grueso de la población apoya esta estrategia. El sondeo mensual Deutschlandtrend de la cadena pública ARD de enero indicó que el 68% de ciudadanos cree que Alemania debería aceptar menos solicitantes de asilo.

El balance de estos diez años es ambivalente. Mientras algunos destacan los efectos positivos de la diversidad, los éxitos personales de no pocos migrantes, o la contribución esencial de mano de obra extranjera para compensar el envejecimiento de la población, muchos municipios y regiones dicen estar al límite en su capacidad de acogida, tanto en servicios públicos como en vivienda. Tras la invasión a gran escala rusa de Ucrania en febrero del 2022, Alemania ha recibido además a unos 1,3 millones de refugiados ucranianos, la inmensa mayoría mujeres y niños.

El balance del reto es ambivalente: miles de refugiados trabajan, pero la migración da alas a la ultraderecha

Respecto a la oleada del 2015-2016, hay muchas estadísticas sobre migración e integración, pero dadas las complejidades del tema, es difícil obtener una imagen concluyente. La integración laboral suele considerarse un factor clave, y en este caso ha funcionado razonablemente bien. Según un estudio del Instituto de Investigación del Empleo (IAB) de Nuremberg, la tasa de empleo de los refugiados que llegaron en el 2015 es del 64%, mientras el nivel promedio de la población es del 70%. Trabajan sobre todo los hombres; para las mujeres, el acceso es más complicado.

En torno al 44% de los refugiados recibe prestaciones sociales, según la Agencia Federal de Empleo, lo cual alimenta algunos resentimientos entre los autóctonos. En el 2024, las estadísticas policiales registraron que el 35% de los sospechosos de actos violentos eran extranjeros, encabezados por sirios. Sin embargo, los criminólogos alertan de que los migrantes están sobrerrepresentados, porque muchos son hombres jóvenes que viven en grandes ciudades, factores considerados criminógenos. Al tiempo, corren mayor riesgo de ser blanco de ataques xenófobos.

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