Desde la Quinta avenida de Nueva York y la plaza Europa de L’Hospitalet de Llobregat se lideran estos días intensas negociaciones para llevar a buen puerto la fusión de la norteamericana Estée Lauder y la catalana Puig, dos de las principales compañías internacionales de la cosmética y la perfumería. La posible integración de los dos grupos daría lugar a un gigante del sector de la belleza, el segundo en el podio en distintas categorías.
Dos estirpes de empresarios familiares ya en la tercera generación, los Lauder y los Puig, embarcadas en una apuesta ambiciosa. Hay consenso en los términos generales de la operación, y las dos familias propietarias y sus asesores estarían ultimando los detalles de un acuerdo de intercambio accionarial complejo, según fuentes próximas a las negociaciones.
La familia Lauder tendría el control de la nueva compañía si las conversaciones llegan a buen término
La suma de Estée Lauder y Puig daría lugar al segundo grupo del mercado global de la perfumería, con una cuota del 15%. Estée Lauder ya lidera en el segmento de maquillaje premium, con una cuota de mercado del 22%, mientras que Charlotte Tilbury (marca británica adquirida por Puig en el 2020) es líder en el Reino Unido y tercera en EE.UU. En cuidado de la piel premium, Estée es segunda con una cuota del 14%, mientras que Puig está presente en esta categoría con marcas más pequeñas a nivel global como Uriage, o consideradas nicho (exclusivas y de alta calidad) como Dr. Barbara Sturm. En fragancias de prestigio, por último, Puig está en cuarta posición, con una cuota de mercado del 9%, en tanto que Estée ocupa el sexto lugar con el 6%.
Teniendo en cuenta la facturación en el conjunto del sector de la belleza, el grupo resultante de la fusión se situaría también en la segunda posición del ránking, con 17.300 millones de euros en ingresos. La suma superaría en volumen al negocio de belleza de Procter & Gamble y de Unilever, que pasarían a tercera y cuarta posición. L’Oréal, con unas ventas de 40.700 millones, se mantendría en un destacado primer puesto.
Los analistas han aplaudido la idea de una fusión por la complementariedad de las dos compañías, tanto en productos como en presencia geográfica. Para ambas EE.UU. es su principal mercado (el 26% de las ventas para Estée y el 12% para Puig), pero el grupo de Barcelona es mucho más fuerte en Europa y Latinoamérica, mientras que la compañía con sede en Nueva York está más equilibrada por áreas geográficas y tiene una importante presencia en China. Los perfumes aportan el 72% de los ingresos de Puig, mientras que el cuidado de la piel y el maquillaje son el punto fuerte de Estée.
No solo eso, ganar escala permitiría al nuevo grupo incrementar sus inversiones en innovación, nuevas marcas e inteligencia artificial. Las reticencias vienen de la situación de Estée, en pleno cambio de rumbo emprendido por su consejero delegado desde hace un año, Stéphane de la Faverie. Algunos inversores dudan de que el grupo estadounidense sea capaz de integrar con éxito una compañía del tamaño de Puig, con marcas tan destacadas como Carolina Herrera, Jean Paul Gaultier o Charlotte Tilbury, cuando está en el proceso de dar la vuelta a las más de 20 marcas que ya posee, de Clinique a MAC, La Mer o Tom Ford. De la Faverie está desplazando las ventas a nuevos canales como Amazon.
Pese a la desaceleración que ha vivido, Estée Lauder dobla el volumen de Puig, 12.300 millones de euros de ingresos en el 2025 frente a 5.042 millones. En base a esas cifras y a la valoración bursátil, en una escala diferencial similar, el mercado calcula que la familia Puig podría hacerse como máximo con entre un 20% y un 25% de la empresa resultante de la fusión, mientras que la familia Lauder se quedaría con un porcentaje de control. Esta situación, aunque los Puig se sentarían en el consejo, abre dudas sobre la presencia futura de la compañía en España, sobre la posibilidad de permanencia de una sede en Barcelona o el mantenimiento de la cotización en la Bolsa española.
Todo ello estará condicionado a los detalles de las negociaciones en curso, en las que la clave está en el control de los derechos de voto de las dos propiedades. La familia Puig posee a través de su holding Exea el 71,7% del capital pero controla el 92,5% de los derechos de voto. Además de los Puig, son accionistas destacados Vanguard (4%), Criteria Caixa (3%) y Norges Bank (3%).
En Estée Lauder, la familia posee el 36,5% de las acciones y controla el 84% de los derechos de voto. En el consejo se sientan cuatro miembros de la familia: William P. Lauder (presidente), Gary Lauder, Jane Lauder (todos ellos nietos de la fundadora) y Eric L. Zinterhofer (marido de Aerin Lauder, también nieta de la fundadora). Otros accionistas destacados son los fondos Vanguard (7%) y BlackRock (5%).
Los Lauder están bien conectados con la Administración Trump. Jane Lauder está casada con Kevin Warsh, propuesto por el presidente de EE.UU. para suceder a Jerome Powell al frente de la Reserva Federal. El padre de Jane y Aerin, Ronald Lauder, preside el Congreso Judío Mundial y fue embajador en Austria durante la presidencia Reagan. Próximo al primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, fue uno de los principales donantes a la campaña de Trump, a quien en 2018 planteó la idea de comprar Groenlandia a Dinamarca.
