La lucha contra la inflación sufrió este viernes un severo revés al confirmarse que los precios en Estados Unidos se dispararon casi un punto en marzo, hasta el 3,3% interanual, como resultado del primer impacto de la guerra contra Irán lanzada por el presidente Donald Trump, en colaboración con Israel.
La diferencia de febrero a marzo en concreto es del 0,9%. El importante encarecimiento del combustible a causa de ese conflicto empieza a afectar también a la cesta de la compra. La inflación subyacente, que no incluye los elementos más volátiles como energía y alimentos, se incrementó de forma más modesta. Subió en el registro anualizado al 2,6%, dos décimas más que el mes previo. También se detectan algunas señales de deflación, ya que la atención médica, el cuidado personal y los coches y camiones usados registraron descensos mensuales.
El dato de febrero, publicado a principios de marzo, dejó la inflación en el 2,4%, cuando era imposible que la guerra desatada el último día de ese mes pudiera influir. Esta vez es diferente y confirma, según los expertos, que la Reserva Federal no hará un recorte de los tipos en la reunión de finales de este mes. Incluso ganan fuerza las voces que apuestan por una subida de la tasa del dinero a lo largo del año. El objetivo de la Fed es que la inflación se sitúe en el 2%.
Con el peor dato del segundo mandato de Trump, gana fuerza la posibilidad de una subida de los tipos de interés
A pesar de que este informe todavía no captura todo el efecto bélico, los precios de la gasolina hoy son más altos que en cualquier momento de los últimos tres años y siguen al alza. El precio promedio de un galón -3,8 litros- de gasolina fue de 4,166 dólares el jueves. En California, que suele tener algunos de los precios de gasolina más altos del país, era de 5,929 dólares. EE.UU. está experimentando el mayor aumento mensual en los costes del combustible desde al menos 1957, según Pantheon Economics.
No es solo la gasolina. Los altos costes del combustible repercuten en todos los elementos de la cadena de suministro, incluidos los bienes minoristas, como los alimentos, que necesitan ser transportados en camión, y los productos derivados de combustibles fósiles, como los fertilizantes para el sector agrícola. El diésel, necesario para los trenes y camiones que transportan carga por EE.UU., costó 5,689 dólares por galón el jueves, acercándose al máximo histórico de 5,816 dólares.
Esta vez los economistas acertaron en sus previsiones y se llegó a los peores niveles de inflación desde el inicio del segundo mandato de Trump. Además, predicen que esta crisis del combustible impulse que los costos al consumidor registren su mayor aumento mensual en cuatro años, según el informe. Y no se atisba una aminoración en el costo de la gasolina a pesar del anuncio del alto el fuego, que consideran que será de poco alivio y más con las complicaciones de la navegación en el estrecho de Ormuz.
Los precios de la energía tienden a subir rápidamente durante las interrupciones en el suministro de petróleo, pero bajan más lentamente después de que termina una crisis, un fenómeno que los economistas llaman el principio de “cohetes y plumas”.
Tras el anuncio de esa tregua, los precios tuvieron un cierto alivio, pero continúan estando muy por encima en comparación con antes del conflicto bélico en Oriente Medio. Los estadounidenses están pagando casi un 40% más ahora por la gasolina que a finales de febrero. El precio global de la energía ha aumentado un 10,9% en un mes de guerra.
Las distribuidoras, los servicios de reparto de alimentos o los billetes aéreos sufren nuevas tasas y esto repercute en el precio para los consumidores. Si se va a los supermercados, no hacía falta estadística para certificar que los precios se han disparado. Hay gente que habla de apretarse el cinturón en el país del consumismo.
En paralelo, las perspectivas de los consumidores se desplomaron a un nivel récord en abril, ya que aumentaron los temores por el alza de los precios de la energía y el impacto más amplio de la guerra con Irán, según la encuesta de la Universidad de Michigan.
El índice principal de confianza del consumidor de la universidad cayó a 47,6, un 10,7% menos que en marzo, alcanzando su nivel más bajo registrado. Los índices de condiciones actuales y de expectativas también experimentaron descensos mensuales de dos dígitos.
