-
Durante una guerra, un pasivo gubernamental es un punto único de fallo.
-
Bitcoin es el activo más accesible y portable para escapar de una guerra.
Bitcoin subió más de 3.000% frente al rial iraní después de los bombardeos del 28 de febrero de 2026.
Tres mil por ciento.
Otra forma de verlo es que el rial iraní perdió 97% de su valor en pocas horas frente a un dinero que no es el pasivo de nadie, que no tiene riesgo de contraparte.
El 2 de marzo, diversos exchanges iraníes reportaron caídas. El 3 de marzo, al abrir los exchanges, un bitcoin pasó de costar 2.788 millones de riales a 86.694 millones de riales, en un solo día. Ahora se requieren 32 veces más riales que antes del 3 de marzo para comprar un bitcoin. Luego de comprados, millones de dólares en bitcoin salieron de los exchanges hacia wallets personales, hacia la autocustodia.
En julio de 2020, la libra libanesa perdió 50% de su valor frente a bitcoin en diez días, durante un episodio de pánico bancario. En marzo de 2024, la libra egipcia perdió 38% de valor en un día cuando el Banco Central la devaluó frente al dólar. En comparación con el rial iraní, puede notarse que nunca una moneda nacional había perdido casi la totalidad de su valor frente a bitcoin en un día. Esta es la mayor depreciación de una moneda fíat frente a bitcoin en la historia.
Pero esta historia no está hecha de números, sino de personas de carne y hueso. Entre las que probablemente se cuenten las 100.000 personas que huyeron de Teherán, durante las primeras 48 horas después del bombardeo. Madres, esposos, hijos que no solo huyeron fuera de la capital iraní; también huyeron fuera de la moneda nacional.
Una guerra es una de las mayores muestras de cómo una moneda que sea un pasivo de un banco central es un punto único de fallo. El valor de la moneda está directamente ligado a la confianza en las instituciones. Cuando se sabe que las instituciones no podrán defenderse, la confianza se pierde, y con ella el valor de la moneda.
Así como hubo algunos que permanecieron en la capital, padeciendo los estragos de la guerra, también debió haber otros que permanecieron en el rial, y perdieron 97% del capital almacenado en riales, perdiendo no solo sus viviendas o la estabilidad de la vida, sino el instrumento que almacena valor y energía a través del tiempo y el espacio.
En los últimos meses, tras la caída de bitcoin por debajo de su máximo histórico de USD 126.000 hasta los USD 60.000, se ha puesto en duda su calidad de reserva de valor, es decir, su capacidad de transportar valor a través del tiempo. Esto a pesar de haberse alcanzado estas altitudes de precio en menos de veinte años de existencia.
Para los iraníes, como se ve, bitcoin está sirviendo perfectamente como reserva de valor.
Además, esta guerra también nos recuerda cómo Bitcoin es el mejor instrumento para transportar valor a través del espacio. En un momento de conflicto bélico, en el que es cuestión de supervivencia escapar del teatro de operaciones, poder llevar todo tu patrimonio escrito o memorizado en doce palabras es algo que no tiene parangón.
Si vas a cruzar una frontera o intentar tomar un vuelo, de ser posible, no podrías llevar bolsas de efectivo o maletas de oro, no solo por las obvias incomodidades sino por el enorme riesgo de ser robado o confiscado.
El sábado, mientras caían las bombas, los mercados tradicionales disfrutaban de su fin de semana. ¿Cómo salvaguardarse en el oro, en el dólar, en bonos o en acciones con los mercados cerrados? Bitcoin, mientras tanto, estaba ahí, como dinero de último recurso, mientras todo lo demás descansa.
En estos momentos también se muestra la necesidad de exchanges sin KYC, pues la naturaleza de Bitcoin es la accesibilidad. No necesitas nada más que un dispositivo con acceso a Internet –como el provisto por Starlink– para adquirirlo. Sin pedir permiso; sin esperar chequeos ni aprobaciones; una disponibilidad total, abierta a quien lo necesite sin hacer preguntas de más.
Más aún, históricamente las guerras han sido la perfecta excusa para que los gobiernos congelen cuentas y confisquen capital para financiar el conflicto. Los iraníes supieron esto y por eso retiraron masivamente su bitcoin fuera de los exchanges hacia la autocustodia, una característica que ningún otro activo provee.
Del 28 de febrero al 2 de marzo, las salidas totales de bitcoin fuera de los exchanges alcanzaron aproximadamente 10.3 millones de dólares, con un aumento del volumen de salidas por hora de hasta un 873 % en las primeras horas del día.

Tal como pasó en 2022, cuando Rusia invadió a Ucrania y los ucranianos acudieron a Bitcoin para poder escapar de la guerra con sus ahorros, el caso de Irán le recuerda al mercado uno de los valores fundamentales de Bitcoin: ser ese salvavidas ante los naufragios de las monedas nacionales y ante las malas decisiones de los gobernantes de turno.
Cuando se creó la Reserva Federal en Estados Unidos en 1914, uno de sus objetivos fue servir de prestamista de último recurso para salvar a los bancos, no a las personas, cuando se vieran en aprietos debido a la reserva fraccionaria. Esto creó el incentivo para que los bancos fueran más irresponsables y evaluaran menos el riesgo a la hora de otorgar préstamos, porque, en última instancia, habría un Banco Central que los salvaría. Y así, en el último siglo, en repetidas ocasiones se han rescatado bancos por otorgar préstamos a descuido, socializando las pérdidas entre las demás personas.
Cuando se creó Bitcoin, con la inscripción de “el canciller a punto de un segundo rescate para los bancos”, su propósito fue servir de alternativa ante el quiebre de la confianza en los terceros que administran el dinero. Con bitcoin en autocustodia no hace falta confiar en nadie.
Así, en un momento en que bitcoin parecía estarse convirtiendo en el nuevo juguete de banqueros e instituciones, la situación de Irán nos recuerda que el valor de bitcoin reluce más en estos casos extremos, como dinero de último recurso, cuando hay hiperinflación, cuando hay guerra, cuando hay censura, cuando hay sanciones, cuando no se tiene documentación, cuando te conviertes en refugiado, cuando el gobierno y las instituciones fallan, cuando las personas de carne y hueso lo necesitan.
