El impacto de la guerra de Irán ya se nota en la economía catalana. La Cambra de Comerç de Barcelona ha revisado a la baja la previsión de crecimiento del PIB para este 2026, en su informe de coyuntura trimestral presentado este martes. El recorte es de dos décimas, situando el avance de la economía catalana en el 2,2%, mientras que la desaceleración se acentuaría hasta el 1,7% en el 2027. Estas peores expectativas se explican por la senda inflacionista que está dejando el conflicto en Oriente Medio. El organismo prevé que los precios repunten un 3% en el global del ejercicio, un punto más respecto a sus últimas predicciones. Las consecuencias en el bolsillo de los ciudadanos, con un Euríbor también al alza, es lo que más preocupa por ahora.
“Aunque la guerra terminara ya, dejará cicatrices”, ha apuntado el jefe del gabinete de estudios de la Cambra, Joan Ramon Rovira. De hecho, la entidad ya contempla un escenario más duro si el conflicto se enquista. “El impacto en la economía catalana será muy superior si esto pasa”, ha añadido el economista. Los efectos de segunda ronda provocarían entonces que el PIB catalán se redujera entre 0,6 y 0,8 puntos porcentuales más. Esto dejaría el crecimiento por debajo del 2% y podría hundirlo hasta el 1,4% en el supuesto más pesimista. En el caso de la inflación, el aumento de los precios podría llegar a situarse entre el 4% y el 5%.
Esta incertidumbre también se deja ver en el nerviosismo que hay entre las empresas asociadas a la Cambra. El índice de confianza empresarial en Catalunya cayó a una tasa negativa del 1,6% durante el segundo trimestre del año, coincidiendo con el inicio de los enfrentamientos bélicos. Aun así, Rovira cree que el hecho de que la variación recoja justo el momento del estallido acentúa el impacto negativo en las expectativas de los empresarios. “Esto contamina las percepciones de cómo ven el futuro porque acaba de suceder todo y es muy incierto”, ha matizado el experto.
El índice de confianza empresarial en Catalunya cayó a una tasa negativa del 1,6% durante el segundo trimestre
Esta mayor desconfianza se ha notado especialmente en sectores como el transporte, la hostelería y la industria, más sensibles a los vaivenes en el precio del petróleo. De todos modos, Rovira ha defendido que, a diferencia de otros momentos de crisis, esta vez la mayor parte de los hogares catalanes ya había aumentado su capacidad de ahorro respecto a años anteriores, hecho que les ayudará a resistir mejor el embate. “Estábamos en máximos históricos de inversión productiva por trabajador antes de empezar la guerra”, ha remarcado Rovira.
La Cambra ha aprovechado también este contexto de sacudida global para volver a hablar de un problema estructural de la economía catalana: la productividad. A diferencia de lo que se suele pensar, Rovira ha reivindicado que Catalunya no está creciendo solo gracias a los sectores de bajo valor añadido, como la hostelería, sino también por los llamados “servicios avanzados”. Esta categoría incluye, en un sentido más amplio, profesiones relacionadas con la información, la ciencia, la tecnología o la consultoría. Entre marzo de 2025 y de 2026, estos servicios sumaron 79.055 afiliados a la Seguridad Social en Catalunya, mientras que la hostelería ganaba 6.491 ocupados en el mismo intervalo de tiempo.
Sin embargo, Rovira ha destacado que esta menor productividad es transversal y extensiva a todos los sectores de la economía, si nos fijamos en la comparativa europea. Para la Cambra, esto implica que la necesidad de un cambio en el modelo productivo catalán para dar más peso a los de alto valor añadido no es el factor explicativo del fenomeno. De hecho, el ente urge a aplicar otras recetas como la inversión en infraestructuras, la formación, o el I+D para atajar por fin este desequilibrio.
