Desde que el almirante y conquistador portugués Afonso de Alburquerque, apodado el césar de Oriente, se apoderó de la isla de Ormuz, a principios del siglo XVI, el estrecho que lleva su nombre ha sido disputado por ingleses, turcos, persas y otras potencias. La estratégica vía marítima se ha convertido ahora en el epicentro de la guerra desencadenada por Israel y Estados Unidos contra el régimen teocrático iraní.

El Pentágono, dispuesto a toda costa a evitar el minado del estrecho, una auténtica pesadilla para el comercio mundial del petróleo, alertó ayer a la población iraní para que evite las instalaciones portuarias de la zona, incluidas las civiles, pues pueden ser objeto de bombardeos inminentes. Estados Unidos tiene información de que los puertos de uso comercial son usados por lo que queda de la Armada iraní para albergar embarcaciones que atacan a cargueros o pueden colocar minas.
Trump afirma que la guerra “acabará cuando yo quiera”, pero Israel dice que no hay límite de tiempo
Las fuerzas aeronavales que Washington tiene desplegadas en la región destruyeron entre el martes y el miércoles 28 embarcaciones iraníes, la mayoría lanchas de pequeño tamaño, sospechosas de poder dedicarse al minado. El Pentágono proporcionó ayer vídeos de estas operaciones, que el presidente Trump comentó con su habitual tono triunfalista, y agregó que pronto reinará “una gran seguridad” en el estrecho. El presidente lleva días repitiendo que la Armada iraní está casi destruida, aunque los hechos lo desmienten.
Horas antes el propio Trump había insistido en que la guerra está casi concluida porque ya no quedan objetivos a destruir. “Cuando yo quiera que esto se acabe, se acabará”, declaró al sitio de internet Axios. Después el aliado israelí hizo una evaluación muy diferente de la situación. Según el ministro de Defensa del Estado hebreo, Israel Katz, la ofensiva contra Irán continuará “sin límite de tiempo”.
En la batalla de Ormuz, tres barcos que se aventuraron a entrar en el estrecho resultaron dañados ayer por proyectiles, presumiblemente lanzados por Irán. Un carguero tailandés, Mayuree Naree , fue alcanzado en la popa. La naviera Star Bulk indicó que su nave Star Gwyneth , bajo bandera de las islas Marshall, también fue impactada, al igual que una tercera embarcación, un portacontenedores japonés, One Majesty , en este caso con daños menores.
Los iraníes han hecho saber que consideran legítimo atacar a buques de Estados Unidos, de Israel y de sus aliados. Varios barcos iraníes que exportan petróleo a India y China sí han pasado por Ormuz en los últimos días, según la agencia Bloomberg, que tiene un servicio de rastreo del tráfico marítimo comercial. También ha sido detectado el paso de barcos vinculados a China, que puede resultar uno de los ganadores de la crisis. The Wall Street Journal estima que Irán exporta más crudo que antes de la guerra.
No es fácil saber siempre la identidad de los barcos porque estos pueden desconectar el transponedor, un sistema que permite ubicarlos, para ocultar así su presencia y su nacionalidad en la fase más crítica de la travesía. También hay que tener en cuenta que los buques cambian con frecuencia de pabellón. Todo eso hace que entrar en Ormuz sea un riesgo de todos modos, pues se arriesgan a un error y a ser objeto de ataques por uno u otro bando.
El G-7 acuerda preparar en común una futura misión de escolta de buques
En este contexto tan explosivo se celebró ayer una cumbre por videoconferencia del G-7 en la que se acordó preparar conjuntamente las futuras misiones de escolta de petroleros y cargueros, que serán realizadas por diversas armadas. Lo anunció el presidente francés, Emmanuel Macron, cuyo país ejerce la presidencia de turno del foro que reúne a los principales países industrializados de Occidente (Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Japón). El jefe de Estado francés alertó, sin embargo, de que las labores de escolta pueden tardar varias semanas en comenzar, dado que, por el momento, el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo mundial, es “un teatro de guerra”. En su comparecencia ante la prensa, el inquilino del Elíseo dijo no poder confirmar las informaciones de que Irán ha colocado ya minas flotantes y submarinas.
La coordinación en el G-7 para las misiones de escolta se produjo solo dos días después de que Macron, en un desplazamiento a Chipre y al portaaviones Charles de Gaulle , en el Mediterráneo oriental, anunciara la voluntad de liderar una flota europea para Ormuz, “en cuanto sea posible”, en una misión “pacífica” para garantizar el tránsito de barcos mercantes. La videoconferencia del G-7, en la que participó Trump, supuso un respaldo a la idea de Macron y la ampliación del operativo, al que España ha dicho que no piensa sumarse.
La protección del tráfico marítimo en Ormuz retrotrae, aunque en circunstancias muy diferentes, a hace casi cuarenta años, a 1987, en plena guerra entre Irán e Irak, cuando la Armada de EE.UU. hubo de movilizarse ante el hostigamiento iraní a los cargueros y la colocación de minas. En esa época se produjeron hechos dramáticos como el hundimiento por error de la fragata estadounidense Stark por dos misiles franceses Exocet disparados por un caza iraquí. Murieron 37 marineros. En julio de 1988, otra trágica equivocación: el crucero norteamericano USS Vincennes derribó un Airbus civil iraní, el vuelo Iran Air 655, con 290 personas a bordo, que cubría la ruta entre Bandar Abas y Dubái. El buque estadounidense confundió la señal del Airbus por un caza F-14 .
Desde Afonso de Alburquerque, hace más de cinco siglos, hasta Donald Trump, por tanto, Ormuz siempre ha sido objeto de ambiciones exteriores y de episodios bélicos. En la isla homónima, que hoy pertenece a Irán, resiste impertérrito, como testigo mudo de la historia, la fortaleza de Nuestra Señora de la Concepción, construida por los conquistadores portugueses y principal atractivo turístico del enclave.

