La guerra tiene sus beneficios

El Kremlin se frota las manos. La guerra de Estados Unidos contra Irán ha disparado el precio del gas y del petróleo. También ha cerrado parcialmente el estrecho de Ormuz. Es un escenario ideal. “La energía rusa vive un aumento importante de la demanda”, ha reconocido el portavoz del Kremlin.

A finales de enero, la situación era muy diferente. El petróleo estaba barato. Las sanciones, además, obligaban a Rusia a vender con descuento. El ministerio de Finanzas tuvo que admitir que el 2025 había sido un mal año para los hidrocarburos, principal exportación del país. Los ingresos cayeron casi un 25% con respecto al 2024. Faltaba dinero para pagar la factura de la guerra, que asciende a 180.000 millones de dólares anuales.

A Rusia la guerra le sale gratis con el barril a 90 dólares y Ormuz no está cerrado para el crudo iraní

Las guerras las ganan las economías. La principal esperanza de Ucrania es el colapso de la economía rusa, del mismo modo que en los cálculos de EE.UU. para atacar Irán y forzar un cambio de régimen estaban las protestas de enero por el alza de la inflación debido a una economía muy castigada por la corrupción y las sanciones.

Irán, por su parte, calcula que la caída de los mercados y el encarecimiento del crudo juegan muy a su favor. El presidente norteamericano, Donald Trump, no los puede ignorar y, además, la república islámica, igual que Rusia, también se beneficia del alza. Los bombardeos israelíes y norteamericanos no le han impedido seguir exportando petróleo a través de Ormuz. Casi 12 millones de barriles han salido rumbo a China desde el inicio de la ofensiva el pasado 28 de febrero.

Irán, además no tiene que derrotar a EE.UU., como Rusia sí debe hacer con Ucrania. A Irán le basta con resistir y esperar a que la lógica económica sea tan adversa que Trump ordene parar.

Al presidente ruso, Vladímir Putin, los mercados no le afectan y la precariedad económica no parece preocuparle. Sabe que en una guerra de desgaste el ejército más numeroso y mejor dotado sale victorioso.

Rusia tiene el triple de habitantes que Ucrania y su economía es diez veces mayor. Hace tiempo que debería haber ganado fácilmente. Pero no contaba con la resistencia ucraniana, como parece que la Casa Blanca tampoco contaba con la del régimen iraní.

Sin un objetivo claro es imposible saber cuándo Trump declarará victoria en Irán. Putin sí que tiene un objetivo, aunque parece inalcanzable.

El año pasado, Rusia perdió cerca de medio millón de soldados y apenas ocupó un 1% de Ucrania. A este esfuerzo militar destinó, además, cerca del 8% del PIB.

A la luz de estas cifras, los ucranianos se preguntan si Rusia puede perder la guerra. No hay una respuesta clara, aunque el tiempo ya no corre a favor del Kremlin.

Informes recientes de varios organismos occidentales, como el Banco de Finlandia y el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, coinciden en que a Rusia cada vez le pesa más el coste económico de la guerra. Le cuesta tanto que la economía apenas crece. El FMI anticipa que este año lo hará por debajo del 1%.

La guerra en Ucrania se lleva un 40% del presupuesto. Es tanto, que el Kremlin ha tenido que recortar el gasto social, en sanidad y educación. Al mismo tiempo, ha tenido que subir los impuestos. El de sociedades ha pasado del 20% al 25% y el IVA, del 20% al 22%. Para frenar la inflación, el Banco Central ha fijado el tipo de interés en el 21%.

Los ayatolás, que han reprimido con dureza las protestas sociales, calculan que tienen el tiempo que a Putin se le escapa. Se permiten, asimismo, el lujo de una paciencia que Trump no tiene. Están tranquilos porque China les sostiene, como hace con Rusia, comprándoles todo el petróleo que pueden exportar.

Tan pronto como Trump de por concluida la guerra en Irán y el petróleo recupere su precio habitual, el Kremlin volverá a tener problemas económicos. La guerra solo puede financiarla con el barril por encima de los 90 dólares. El Brent estaba a ayer a 92, pero se vendía a 50 antes de la ofensiva contra Irán.

El perjuicio que la guerra en Ucrania causa a la economía rusa es tan grande que la recuperación será difícil en un contexto global de energía barata. Putin, sin embargo, no piensa en cómo debería diversificar la economía para no depender tanto de los hidrocarburos. Confía en que China y Corea del Norte estarán siempre a su lado. Y confía también en que Europa acabará por abandonar a Ucrania. Así que, decide apretar el acelerador.

“La guerra se intensifica y seguirá haciéndolo”, afirma Nigel Gould-Davies, analista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos. No solo porque el Kremlin ordena más ataques, sino porque lo mismo hace Ucrania a pesar de su inferioridad.

Peter Zalmayez, analista ucraniano de la Eurasia Democracy Iniciative, reconoce que “Rusia nos ha llevado al límite” y que “Putin cree que tiene tiempo y dinero para seguir la guerra, tanto en Ucrania como contra Europa, a la que ataca con sabotajes y propaganda. Sin embargo, estos últimos cuatro años, Ucrania ha aprendido a resistir, y lo hace muy bien”.

Putin es una de las personas más ricas del mundo y los ayatolás también amasan grandes fortunas, que solo perderán con un cambio de régimen que parece lejano. Sin embargo, los negocios de Trump –inmobiliarios y de criptomonedas, sobre todo– requieren de bastante estabilidad. Los ayatolás saben muy bien que la guerra no le benefician.

El coste humano no preocupa a Irán ni a Rusia

El coste humano es tan difícil de cubrir como el económico, pero ni a Irán ni a Rusia les preocupa. Los bombardeos sobre Irán han causado un millar de muertos, pero la mayoría son civiles, mientras que a Putin no le tiembla el pulso ante las cifras de muertos en sus filas. El ejército ruso pierde ahora más soldados de los que puede reclutar. Cada mes necesita cubrir 30.000 bajas por lo menos. El Kremlin dispone de un registro digital con los datos de 25 millones de rusos que podrían ser llamados a filas. Putin, sin embargo, se resiste a ordenar un reclutamiento general y obligatorio porque sabe que no convencería a los jóvenes de que la patria los necesita en Ucrania. Por eso prefiere tentarlos con contratos muy bien pagados: unos 35.000 euros al firmar y un salario mensual que supera los 2.000. Los nuevos soldados, sin embargo cada vez son peores. Los mandos en las oficinas de reclutamiento se quejan de que llegan más alcohólicos, drogadictos y delincuentes, personas con muy bajo nivel intelectual. Además, un joven llamado a filas es un joven que no entra en el mercado laboral. Escasea la mano de obra, sobre todo en las industrias que no son militares. La crisis demográfica agrava el problema. Rusia tenía 145,5 millones de habitantes en el 2019 y hoy, 143.

Xavier Mas de Xaxàs Faus

Corresponsal diplomático de La Vanguardia. Ha cubierto los principales acontecimientos internacionales desde la caída del muro de Berlín y numerosos conflictos en especial en Oriente Próximo. Como corresponsal en EE.UU. fue testigo del 11-S

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