La inflación repuntó en marzo hasta el 3,3%, un punto más que en el mes anterior, cuando había quedado en el 2,3%, según los datos preliminares publicados este viernes por el INE. La guerra de Estados Unidos e Israel con Irán comenzó a finales de febrero y ha repercutido en marzo sobre los precios, sobre todo los de los carburantes y el gas.
El repunte sitúa ahora las subidas de precios en su nivel más elevado desde junio del 2024, cuando se encontraban en el 3,4%, e interrumpe una tendencia de paulatina moderación. Desde octubre del año pasado, cuando se situaba en el 3,1%, la inflación llevaba cuatro meses consecutivos a la baja y, junto a la tendencia en la zona euro, acercaba al BCE a su objetivo del 2%.
El dato adelantado del INE de este viernes muestra un repunte provocado principalmente por el encarecimiento de los carburantes, como efecto directo del conflicto en Oriente Medio. El INE lo atribuye a “la subida de los precios de los combustibles y lubricantes para vehículos personales”, así como a “al aumento de los precios del gasóleo para calefacción”. La inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos frescos, se mantiene en el 2,7%.
Sin embargo, el INE también informa de lo que, desde Funcas, su experta María Jesús Fernández califica de “sorpresa”: el precio de la electricidad ha sido más bajo que en el mismo mes del año anterior y a presionado a la baja los precios. “Esperábamos un dato del 3,6%, pero la sorpresa de la electricidad y la baja da de impuestos han situado la inflación por debajo”, señala.
El contexto económico vuelve a ser de enorme incertidumbre, aunque el escenario es más favorable al que se dio en el 2022, con la invasión rusa de Ucrania, cuando se alcanzaron tasas de inflación de hasta el 10,8%. Desde entonces, la moderación fue lenta, pero progresiva.
Para hacer frente a las presiones inflacionistas, el Gobierno ha decidido actuar sobre los productos que más se encarecen, que son la energía y los fertilizantes, con el objetivo de evitar una rápida traslación al conjunto de la economía y, sobre todo, a los alimentos.
El pasado viernes el Gobierno aprobó un real decreto-ley convalidado ayer en el Congreso con una rebaja al 10% en el IVA de carburantes, electricidad, gas o leña, además de reducciones en impuestos específicos de la luz y los combustibles. Hay también ayudas a la compra de fertilizantes y una bonificación de 20 céntimos para el carburante de los profesionales del transporte, los ganaderos y los agricultores.
Expectación ante un posible traslado de las subidas a los alimentos
Para Fernández, el escenario es “muy incierto”, pero la previsión de Funcas es que la inflación se sitúe por encima del 3% en los próximos meses. Es un pronóstico mejor al que manejaban antes de las bajadas de impuestos, superior al 4%.
Otra de las incógnitas es en qué medida el efecto de la guerra se trasladará a los alimentos. “Dependerá de lo que dure el conflicto”, indica la experta, que recuerda que los precios de los alimentos ya llevaban tiempo en ascenso y que considera que la traslación del nuevo escenario no será “tan inmediata”. “Por lo general, en estos casos lo primero que sube son los combustibles, luego los alimentos y luego el resto de bienes”, afirma.
La duración del conflicto y sus efectos sobre la economía sigue siendo una incógnita
Manuel Hidalgo, senior fellow de EsadeEcPol y profesor de la Universidad Pablo de Olavide, considera que la inflación en marzo ha sido “menor de lo que se esperaba”. “Ya desde el primer momento vimos que no iba a ser una Ucrania 2.0”, precisa, antes de indicar que las subidas se concentran por ahora en los combustibles y que las renovables moderan el impacto.
Sin embargo, pronostica que la inflación se moverá este año por encima del 3% y avisa de que existe “una incertidumbre enorme”. Los problemas con los fertilizantes, indica, elevan el riesgo de subidas de precios de los alimentos, a lo que se añade la “profunda preocupación” acerca de la duración del conflicto. “No se sabe cuánto va a perdurar el conflicto ni si sus efectos se trasladarán a otros ámbitos de la economía”, más allá incluso de la inflación, señala.
Mateusz Urban, economista senior de Oxford Economics, destaca que la previsión era un repunte de inflación del 3,6% en España en marzo, de modo que el resultado es “positivo”. “Las medidas introducidas por el Gobierno para contener el shock energético han ayudado a contener el impacto a corto plazo”, afirma. Su previsión es que la inflación se sitúe este año en el 3,2%, siete décimas por encima del escenario anterior al conflicto.
Economía defiende la bajada del IVA a la energía y la aportación de las renovables
Fuentes del Ministerio de Economía señalan que “el plan de respuesta del Gobierno está diseñado para que este shock externo no se traslade de forma permanente ni a la inflación ni al poder adquisitivo de los hogares”. Esta última semana, aseguran, los carburantes bajan por la aplicación de las medidas fiscales, aunque siguen experimentando presiones por las cotizaciones internacionales, especialmente en el caso del diésel, debido a los mayores precios del petróleo, los fletes y los márgenes de refino.
El precio de la electricidad se ha mantenido en marzo más contenido que en otros países de la zona euro gracias a la nuclear y a la contribución de las renovables, que todavía disfrutan, aparte de la capacidad instalada de eólica y fotovoltaica, de los elevados niveles de agua embalsada en las centrales hidráulicas. Eso ha permitido que las horas en las que el gas marca el precio mayorista hayan sido reducidas.
Desde Economía señalan que el comportamiento de la electricidad ha contribuido a amortiguar la inflación en marzo. “La apuesta de España por las renovables, que hoy fijan el precio de la luz en el 84% de las horas, frente al 25% de 2019, está actuando como escudo frente al shock energético por la guerra en Irán”, señalan.
