La inflación se mantuvo en el 2,3% en febrero, justo antes del ataque a Irán

El dato conocido esta mañana de la inflación de febrero nos proporciona una visión útil de donde estábamos, con los precios que se mantienen en el 2,3%, pero no nos ayuda a prever lo que viene a partir de ahora, porque incluye justo el periodo anterior al ataque contra Irán. A partir del 28 de febrero, las bombas empezaron a caer sobre Teherán, el estrecho de Ormuz comenzó a cerrarse y los precios del petróleo y el gas iniciaron su sprint alcista. Pero, este es un período que no incluye estos datos.

Por lo que se refiere al mundo de antes del inicio de la guerra, el 2,3% de aumento de los precios del mes pasado supone confirmar el dato adelantado hace dos semanas, y que es idéntico al de enero. Después de tres meses consecutivos de moderación de la inflación, en febrero se ha mantenido la misma tasa. La razón hay que buscarla en una electricidad más barata que ha quedado compensada por un aumento de los los alimentos y la restauración.

En el caso de los alimentos se confirma su resistencia a moderarse de forma definitiva. En febrero subieron un 3,2%, dos décimas más que el mes anterior. Es la tasa más alta desde junio del 2024. La causa concreta de este incremento es que el precio de aceites, pescados y mariscos prácticamente no se ha movido, cuando habían caído en el mismo mes del año anterior.

En todo caso, se mantiene y acentúa la tendencia de los alimentos que se resisten a moderarse. “Es una evolución preocupante, especialmente en los bienes no elaborados, y también en los bienes, como vestidos y calzado”, señala, María Jesús Fernández, economista senior de Funcas. 

Precisamente, los alimentos son una de las causas que han frenado la moderación global de la inflación. Aunque el IPC general ahora está situado en zona moderada, todavía no ha conseguido  bajar hasta el 2%, que es la cifra que plantea el BCE como objetivo a conseguir. Para encontrar un IPC inferior a este 2% hay que retroceder 16 meses. Y a partir de ahora, vienen curvas otra vez. 

Por otro lado, la inflación subyacente, aumenta una décima, hasta quedar en el 2,7%. De esta manera, esta tasa que, al no incluir energía ni alimentos frescos, se considera un indicador más de fondo de las tendencias de fondo, sigue manteniéndose por encima del índice general, e incluso aumentándola. Son cuatro décimas de diferencia, una amplitud que no se registraba desde octubre del 2024. La subyacente ha seguido un aumento prácticamente ininterrumpido desde mayo del año pasado.

A partir de ahora, con los efectos de la guerra, si ya se preveía anteriormente un ligero repunte de los precios en marzo y abril, por el efecto base -la comparativa con estos mismos meses del año anterior en que hubo un descenso de la energía-, ahora el ligero repunte se transformará previsiblemente en rotunda subida. 

Las previsiones actualizadas hoy mismo de Funcas ya sitúan la inflación en este mes de marzo en el 3,6% y para los meses siguientes por encima del 4%. La moderación no llegaría hasta final de año y con niveles altos. Un ejercicio condicionado siempre a la evolución del conflicto. 

Se repite un escenario similar al del año 2022 con la guerra de Ucrania, aunque hay diferencias importantes entre los dos momentos. Por un lado, entonces la inflación ya llevaba un año aumentando, a partir de la recuperación de la libre circulación después de la pandemia, mientras que ahora estábamos en una fase de control de los precios. Además, en aquel momento, el precio del petróleo se mantuvo durante meses por encima los 120 dólares el barril, niveles a los que por el momento, en la actual crisis no se ha llegado. 

Jaume Masdeu Burch

Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia

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