La izquierda recibe con cautela el plan de Rufián para un frente amplio

La resaca del acto que anoche protagonizaron Gabriel Rufián y Emilio Delgado no ha dejado ni una adhesión en tromba ni un portazo colectivo en el espacio progresista. Y lo que se ha impuesto este jueves ha sido un compás de espera. Nadie se ha sumado sin reservas al plan del portavoz de ERC en el Congreso —ese frente amplio que, entre otros, plantea repartir provincias para que en cada circunscripción concurra la fuerza con mayor arraigo—, pero tampoco nadie ha querido clausurar la conversación antes de saber cómo podría empezar a estructurarse.

El debate ha sido saludado en el espacio de Sumar, aunque la cautela se ha impuesto claramente a cualquier tentación de entusiasmo. Las formaciones integradas en la coalición —tanto las que forman parte del Gobierno como las aliadas parlamentarias— han valorado el intento de agitar un tablero que lleva meses encogido, pero han evitado compromisos prematuros. 

Yendo uno por uno, la propuesta de Gabriel Rufián de reducir la competencia entre siglas en cada territorio ha encontrado oídos atentos en Más Madrid, Compromís o Més per Mallorca, donde la melodía ha resultado sugerente. Pero todos han coincidido en que antes de escribir la letra habrá que despejar incógnitas y concretar una propuesta que, por ahora, sigue en el terreno de las hipótesis.

La excepción más sonada ha llegado desde los comuns. La exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha sido la voz más explícita contra el reparto territorial sugerido por Rufián recordando que en 2023 el espacio de Comuns-Sumar quedó por delante de ERC en Catalunya. En ese sentido ha señalado en TVE que “nunca” le dirían a Esquerra que no se presentara. “Todos son necesarios”, ha defendido, y cualquier fórmula deberá construirse sobre la base de que “todo el mundo se sienta reconocido”. 

Lo curioso es que, en paralelo, el propio presidente de ERC, Oriol Junqueras, también se ha desmarcado con delicadeza de su portavoz. Ha insistido en que es partidario de que ERC se presente en Catalunya, Bildu en el País Vasco, BNG en Galicia y Compromís en la Comunidad Valenciana, y que la izquierda estatal decida su propio camino. Pero ha dejado claro que no será él quien pida a nadie que se retire de su territorio incidiendo en que ERC no escucharía peticiones similares de nadie.

En Sumar, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, no acudió al acto del miércoles, aunque aseguró que le gustó lo que vio y oyó. Ese sentir lo ha recogido la coordinadora general de Movimiento Sumar, Lara Hernández, celebrando que la movilización vivida ayer en la sala madrileña Galileo haya servido para volver a “conectar con la calle”. Pero ha rebajado expectativas recordando que las candidaturas amplias no son nuevas — Unidas Podemos en 2016 o la propia Sumar con quince partidos en 2023—.

También el líder de IU, Antonio Maíllo, ha modulado su posición. Tras haber criticado la semana pasada el personalismo de la propuesta, ha celebrado que se haya pasado de una fase “melancólica” a otra “propositiva”. Pero ha situado el foco en el acto del sábado, en el que las cuatro fuerzas del espacio Sumar presentes en el Gobierno oficializarán su voluntad de concurrir juntas a las próximas generales con un proyecto renovado y abierto a más aliados.

Más receptivos se han mostrado dirigentes como el portavoz adjunto de Más Madrid en el Ayuntamiento, Eduardo Rubiño, o el síndic de Compromís en Les Corts, Joan Baldoví, quienes han considerado que la idea tiene sentido para frenar la ofensiva de PP y Vox y reducir la competencia interna en la izquierda. Desde Més per Mallorca han apuntado que la propuesta avanza en la confederalidad, mientras que la Chunta Aragonesista ha defendido listas unitarias en los territorios, aunque ha subrayado que no hay aún una oferta concreta sobre la mesa.

En el lado opuesto, además del desmarque de Junqueras, el diputado de Bildu Oskar Matute ha rechazado que nadie deba decir a cada cual cómo organizar su casa y ha advertido contra fórmulas “sin cimientos ni base sólida”. La unidad de acción política no implica, a su juicio, una unidad organizativa distinta de la que cada fuerza ya posee. Y el BNG ha reiterado que la autoorganización también es central en el ámbito electoral.

La dirección nacional de Podemos, por su parte, ha optado por el silencio. La formación morada ha reiterado en varias ocasiones su voluntad de liderar una coalición de izquierdas “transformadora”, con la mano tendida a IU, pero no a Sumar.

A pesar de los posicionamientos, que casi nadie quiere dar por inamovibles, el movimiento de Rufián ha logrado lo que pretendía. Abrir conversación y remover inercias. Pero el mapa de respuestas ha sido desigual. Hay interés, hay cautela. Pero también asoman muchas líneas rojas. 

Asier Martiarena Olveira

Redactor de la sección de política tras una década cubriendo la actualidad de Madrid entre 2011 y 2022. Antes en Microsoft News y el diario Metro

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