
Llegados a este punto, con el juicio por la operación Kitchen en marcha, que tiene sentada en el banquillo de los acusados a la cúpula del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional durante el gobierno de Mariano Rajoy, se necesita un chivo expiatorio: alguien que cargue con la culpa.
No es nada extraño ver en las vistas orales cómo los acusados descargan toda la responsabilidad en aquel que no puede defenderse, normalmente, porque está muerto. En este caso, el comisario Enrique García Castaño, alias el Gordo, que es inimputable por enfermedad. Desde que en el 2022 tuvo un ictus, el juez archivó la causa contra él.
García Castaño era uno de los comisarios de Policía que acumularon más poder por el cargo que ocupaba. Era el jefe de la UCAO, la unidad encargada de las vigilancias y de pinchar los teléfonos. Podía seguir los pasos y escuchar las conversaciones de quien quisiera. Pero esas intervenciones debían realizarse –siempre– bajo mandato judicial. Sin embargo, lo que ha demostrado indiciariamente la Kitchen es que con la orden del Gordoera suficiente para obtener datos de llamadas telefónicas, geolocalizar el vehículo de “un objetivo” o poner micrófonos donde se estimase oportuno.
Enrique Barón
Eso [los recibís] está al margen de los fondos que yo recibía: lo tendrá que explicar este señor”
Según la instrucción y la Fiscalía Anticorrupción, apoyada por una investigación de asuntos internos de la Policía, el operativo Kitchen se tramó desde el Ministerio del Interior que dirigió Jorge Fernández Díaz, orquestándolo su director adjunto operativo (DAO) de la Policía Eugenio Pino.
Todo, para robar documentación a Luis Bárcenas. Era el extesorero del Partido Popular, el hombre que llevó las finanzas del partido con la confianza de José María Aznar y Mariano Rajoy hasta que se descubrió que guardaba millones de euros en cuentas en Suiza. Cuando el partido le dio de lado, amenazó con cantar, dar todos los detalles de la caja b de Génova 13 y sacar a la luz pruebas que demostrarían que Rajoy era conocedor de todo.

Que existió esta operación es innegable. Lo que la Audiencia Nacional tiene que certificar es si fue ilegal, si se utilizaron agentes policiales para fines espurios y fondos reservados para financiarla. En última instancia, también tiene que fijar los responsables: quién lo ideó, lo organizó y lo orquestó.
Mariano Hervás
“García Castaño me dijo que era un servicio rutinario para seguir a Bárcenas y a su mujer”
La primera semana de testificales, el nombre más sonado ha sido el de Enrique García Castaño, que sufre una avanzada demencia que lo tiene en silla de ruedas.
Para empezar, el investigador que destapó este dispositivo –que estuvo dos días declarando– recordó que este comisario era quien tenía en su poder el contenido del teléfono de Bárcenas, quien captó al chófer del extesorero como confidente para que sustrajera todo el material posible y quien entró en el taller de la mujer del extesorero, Rosalía Iglesias, en busca de documentación.
El máximo responsable de la investigación recordó que García Castaño amenazó a sus superiores con sacar ese pendrive donde se guardaba toda la documentación robada tras haber sido relevado como jefe de la UCAO. “García Castaño, que estaba molesto, le dice en un mensaje a Francisco Martínez [por entonces, secretario de Estado de Seguridad]: ‘Y si saco el pendrive de LB, ¿qué pasa?’”.
Policía 106.577
“Mi jefe me dijo que iba a llevárselo [el pendrive con la información de Bárcenas] a Enrique”
Todos apuntan al Gordo. Quien fuera su responsable inmediato, el responsable de la comisaría general de información (CGI) Enrique Barón, explicó al tribunal que él nunca supo de la existencia de tal operación y que después se enteró de que García Castaño gestionaba fondos reservados directamente con Pino sin su autorización ni conocimiento. Al desclasificar documentos oficiales, apareció un recibí de 8.000 euros de García Castaño autorizado por la DAO. “Esa cantidad yo no la conocía. Eso es una cosa que tendrá que explicar este señor [por García Castaño] o quien se lo pagara [Pino]. Pero eso está al margen de los fondos que yo reglamentariamente y mensualmente recibía. Eso no tiene nada que ver con la CGI”, aclaró. Lo que sí dijo es que el Gordo y Pino tomaban cafés asiduamente.
Eso sí, Barón medió para apuntar responsabilidades hacia el resto de los acusados allí presentes. Un dato que ofreció y les benefició es que ninguna unidad se vio perjudicada con el uso de los agentes de la UCAO para hacer los seguimientos a Bárcenas porque no recibió queja alguna. La prueba de este testimonio medido es que al salir de la sala de vistas, tras no encontrar la puerta de salida, uno de los acusados se levantó del banquillo para ayudarle, y cuando parecía que nadie los veía, le resumió en un gesto triunfalista, con los pulgares al aire, cómo le había ido el interrogatorio.
A lo largo de la semana han pasado diversos agentes de Policía de la UCAO a quienes se les ordenó en el 2013 hacer seguimientos en los alrededores de la casa de Bárcenas y seguir a su mujer, una vez que el extesorero se encontraba ya en prisión incondicional a la espera de juicio por el caso Gürtel.
Policía 111.483
Estaba en la UCAO, la misión era realizar seguimientos a Rosalía Iglesias y Sergio Ríos”
A la mayoría, nadie les explicó qué hacían ahí ni por qué. Varios dedujeron que estaban dando apoyo a la UDEF, encargada de Gürtel. Sin embargo, alguno sí tuvo más detalles. “Me dijo (por García Castaño) que el DAO le había ordenado hacer seguimientos”, aseguró el policía 78.793. Otro agente, el 111.483, que estaba en la UCAO, reconoció que lo que a ellos les explicaron es que la misión era realizar seguimientos a Rosalía Iglesias y a su conductor, Sergio Ríos, a quienes tenían registrados con los apodos de la ‘rubia y el gitano .
De la UCAO salió todo el operativo. El plan de las defensas es delimitar estos seguimientos en un operativo policial legal y autorizado para reforzar la investigación a Bárcenas y encontrar el dinero que escondía en el exterior y con el que la Audiencia Nacional no daba. García Castaño no puede hablar, pero eso fue lo que declaró en la instrucción, donde aportó una copia de lo que su confidente Ríos logró obtener.

Entregó al juez la información requerida, a pesar de que cuando fue arrestado en julio del 2018 (por sus vínculos con Villarejo y acusado de cobrar por facilitarle información reservada obtenida desde la UCAO para clientes privados), asuntos internos no encontró ni un solo papel en sus registros. Su teoría se pondrá a examen el lunes cuando declare el principal investigador de la Gürtel para que certifique si él tuvo conocimiento de aquella operación y si se le compartió información.
Policía de la UCAO
“Cuando perdíamos al objetivo, llamábamos al comisario principal y nos daba una posición”
Durante los testimonios, el Gordo ha seguido acumulando responsabilidades. Otro agente de su unidad explicó que uno de los objetivos marcados por su jefe era seguir al chófer, pero había veces que se les escapaba. “Cuando perdíamos al objetivo, llamábamos al comisario principal y nos daba una posición”. Esto significaba que el vehículo usado por Ríos para trasladar a Iglesias estaba geolocalizado: tenía una baliza, y esta la controlaba García Castaño.
Mariano Hervás, exnúmero dos del Gordo, también centró el tiro contra su exjefe, asegurando que fue este quien le dijo que había que hacer seguimientos a los Bárcenas. Le indicó, eso sí, que era orden de Pino –afirmación que podía ser real o no–. Su comisario le explicó que estaban haciendo un “servicio rutinario”, en el que había que seguir a la mujer de Bárcenas. García Castaño le contó que había “problemas a la hora de encontrar el dinero”. Hervás desvinculó al exsecretario de Estado Francisco Martínez, también acusado. Asegura que una visita que le hizo junto a un funcionario en aquellos días no fue para transmitir la información robada, sino para la instalación de un ordenador con el que “introducir una cantidad ingente de datos en un idioma extranjero”. Con Villarejo tampoco habló de ello.
Ese funcionario era un policía que había acudido días antes a un restaurante VIPS donde le esperaban García Castaño y otra persona que aportaba unos teléfonos cuyo contenido había que volcar en un ordenador. Así lo hicieron. Al día siguiente, ese agente grabó todo en un pendrive, y su superior le dijo que “había que llevarlo con la información (de Bárcenas) a Enrique”.
Policía 78.793
“Me dijo [por el Gordo] que el DAO le ordenó que se hicieran los seguimientos”
La persona con la que estaba el Gordoaquel día era Sergio Ríos, pero el agente sostuvo que no podría certificar que fuera él. Lo que sí aseguró es que cuando fue a ver a Martínez no fue para instalarle la información de Bárcenas en su ordenador. Que le pregunten a García Castaño.


