La mitad del crecimiento de la economía española desde el 2022 se explica por la llegada de inmigrantes. Ese formidable shock de oferta que vivió España en los últimos años, sin embargo, no fue suficiente para resolver dos de los principales retos que padece la econonmía: la baja productividad y los bajos salarios. Son las principales conclusiones del estudio “La inmigración en España: retos, impacto y políticas”, editado por Funcas y presentado hoy por sus coordinadores, Raquel Carrasco y Raymond Torres.
En el trabajo se analiza como España ha pasado de ser a finales del siglo XX un país tradicionalmente emisor de migrantes a convertirse en uno de los principales receptores de población extranjera en Europa. Mientras en el país “uno de cada cinco trabajadores es inmigrante, en Francia e Italia, lo es uno de cada seis”.
Desde 2019, la población activa ha crecido un 7,8%, lo que equivale a 1,8 millones de nuevos trabajadores. De estos, casi todos son de origen extranjero. “Se trata de un shock de oferta, sin parangón entre las grandes economías europeas, que ha ensanchado el potencial productivo del país”, reza el informe. El estudio destaca el sesgo por sectores y ocupaciones donde se han colocado esos empleados foráneos. “Sin la inmigración, la economía española hubiera respondido vía precios, más que vía producción, al tirón del turismo o a la demanda de nueva construcción de vivienda”, destaca el informe.
La otra gran consecuencia identificada es que los inmigrantes ”han facilitado el desplazamiento de la fuerza laboral nacional hacia ocupaciones de mayor productividad y mejor remuneradas”.
La mitad de los foráneos son de países de habla castellana, lo que ha facilitado su integración
Según Funcas, el hecho de que buena parte de la inmigración sea de América Latina con quien se comparte el mismo idioma ha facilitado el proceso de integración. Sudamérica, América Central y el Caribe suman el 47% de la población inmigrante, Europa el 27% y África, Asia y Oceanía el 24%.
En cuanto a la edad, la juventud de los recién llegados favorece también la integración. Mientras que sólo el 62% de la población española se encuentra en edad de trabajar, en el caso de los nacidos en el extranjero es el 84%. Se considera que están en edad de trabajar los que tienen entre 15 y 64 años.
