En un mundo cada vez más interconectado, el sector agroalimentario se ha consolidado como uno de los pilares de nuestra economía. Más allá de su peso en producción, empleo o
exportación, destaca por su capacidad para vertebrar el territorio, proyectar identidad, y crear la marca España
como referente internacional en calidad alimentaria.
España tiene un sector competitivo, basado en calidad, diversidad y capacidad de adaptación, pero el contexto actual (aumento de costes, presión regulatoria, cambio climático y una creciente tensión geopolítica) obliga a las empresas a anticiparse y avanzar con ambición y visión estratégica clara.
La resiliencia histórica del sector debe traducirse en capacidad de transformación. La sostenibilidad es ya requisito ineludible desde el punto de vista medioambiental, económico y social. La eficiencia en el uso de los recursos y la adopción de modelos productivos responsables serán determinantes para la competitividad.
A ello se suma la innovación tecnológica. La digitalización, la automatización y la IA han dejado de ser herramientas complementarias para convertirse en factores clave para mejorar la productividad, optimizar procesos y responder a las nuevas demandas del consumidor. Atraer a nuevas generaciones, aprovechar todo el talento disponible y reforzar las capacidades del capital humano será esencial para sostener el liderazgo del sector. Todo ello debe contribuir a fortalecer las empresas y dar un salto en su internacionalización.
Los acuerdos comerciales, como el de la UE con Mercosur, forman parte de una transformación más amplia del comercio internacional que abre oportunidades para la proyección exterior de nuestras empresas. Aunque genera incertidumbre en algunos subsectores –los más expuestos en costes– la apertura comercial forma parte de la lógica global y exige una respuesta estratégica.
El crecimiento del sector pasa por reforzar su internacionalización para expandirse y para ganar resiliencia y competitividad. España ha demostrado que puede competir cuando apuesta por la calidad, la diferenciación y el valor añadido. Es clave consolidar la presencia en nuevos mercados, mejorar las condiciones de acceso y acompañar a las empresas en el proceso. Sectores como el aceite de oliva, el vino o la industria transformadora tienen una oportunidad clara para reforzar su posicionamiento global.
El sector agroalimentario cuenta además con dos activos diferenciales, la gastronomía y el turismo, y junto a la alimentación forman un trinomio de gran valor estratégico. La dieta mediterránea, reconocida como patrimonio cultural, actúa como elemento de conexión entre el sector primario, la industria y la marca país, genera valor económico y refuerza la proyección internacional.
En este contexto es importante generar espacios de encuentro para compartir visión, identificar oportunidades y construir respuestas conjuntas. La II Cumbre Agroalimentaria: Sistemas Alimentarios Globales, que tendrá lugar en Barcelona en el marco de Alimentaria, busca reflexionar y actuar sobre los retos a abordar. Nuestro sector agroalimentario cuenta con los activos, el conocimiento y la experiencia para afrontarlos, pero el contexto actual exige más: combinar serenidad para analizar, ambición para crecer y método para ejecutar con eficacia. Solo así podremos liderar los cambios y consolidar una posición protagonista en el nuevo escenario global.
