Al menos diez manifestantes han caído muertos bajo las balas en un intento de asalto al consulado de EE.UU. en Karachi, la mayor ciudad de Pakistán. Son cifras de la organización humanitaria Edhi, que ha trasladado al hospital a un número elevado víctimas, entre ellas varios heridos. Una protesta había sido convocada por organizaciones chiíes este domingo por la mañana, al conocerse el asesinato del ayatolá Ali Jamenei, en Teherán, en los bombardeos israelíes y estadounidenses del día anterior.
La marcha, con origen en un barrio con fuerte presencia chií en Karachi, degeneró al alcanzar la legación estadounidense. Pese a los intentos de dispersión de los antidisturbios, con gases lacrimógenos, docenas de jóvenes lograron burlar la verja y causar importantes destrozos con palos y barras de hierro en la fachada de acceso -pese a sus cristales blindado- e incluso provocaron un incendio. Se contaron también 30 heridos, al menos durante los incidentes.
Las fuerzas de seguridad, desbordadas, intentaron repeler y disolver el asalto a tiros, provocando numerosas víctimas. Varios de los manifestantes portaban retratos del ayatolá Alí amenéi, Guía Supremo de la Revolución Iraní y a la postre segunda máxima autoridad religiosa del islam chií, solo por detrás del ayatolá Alí Sistani, residente en Nayaf, Irak. El “martirio de Jamenei” (el martirio es parte fundamental del credo de los seguidores del imán Alí, primo y yerno de Mahoma) promete enardecer los ánimos en toda la geografía chií.
Los chiíes solo representan una quinta parte de la población pakistaní, aunque el “padre de Pakistán”, Ali Jinnah, era uno de ellos. También el primer ministro Zulfiqar Ali Bhutto y su hija, Benazir Bhutto (ambos tuvieron una mala muerte) así como el viudo de esta y actual presidente, ASif Ali Zardari. Todos ellos, radicados en su día en Karachi.
