
Las señales en Venezuela siguen confusas. El entusiasmo inicial de la población por el posible inicio de una transición democrática comienza a disiparse mientras Delcy Rodríguez parece acomodarse en su nuevo rol presidencial y su relación con Estados Unidos transita por una insospechada luna de miel.
“Tuvimos una larga llamada, discutimos un montón de cosas, creo que todo anda muy bien con Venezuela”, declaró Trump a periodistas en el despacho oval el pasado miércoles. “Es fantástica, trabajamos muy bien con ella, nos da todo lo que pedimos”, agregó el mandatario norteamericano.
Desde el mismo día de su investidura como presidenta encargada, Rodríguez ha sido particularmente eficiente en atender las exigencias de Estados Unidos en materia petrolera. En su alocución ante la Asamblea Nacional para presentar la memoria y cuenta del poder ejecutivo, Rodríguez anunció que está lista una nueva ley orgánica de Hidrocarburos con la finalidad de blindar las inversiones y permitir la incorporación de nuevos flujos de capital.
Desde su investidura, Rodríguez ha sido particularmente eficiente en atender las exigencias de EE.UU.
Estados Unidos, por su parte, concretó las primeras ventas de petróleo venezolano en el marco de un acuerdo de 2.000 millones de dólares alcanzado a principios de mes entre Caracas y Washington. Los ingresos de las ventas iniciales, valoradas en unos 500 millones de dólares provenientes del pago del crudo decomisado a Venezuela, permanecen en cuentas bancarias controladas por el Gobierno estadounidense, pero comenzarán a llegar a Venezuela para saciar la demanda del mercado y controlar el precio en el mercado paralelo.
Estas primeras señales son percibidas con un optimismo desbordado por sectores privados. El economista Asdrúbal Oliveros proyecta un crecimiento del sector petrolero cercano al 30% y un incremento del producto interno bruto (PIB) de entre el 10% y el 12% para el 2026. Sin embargo, para el experto José Guerra, este entusiasmo es injustificado. Guerra reconoce que “la inyección de ese dinero permitirá al Gobierno un gasto mucho mayor”, pero advierte que no tiene sentido “ocuparse primero de la economía y dejar la política para después”.
Sin embargo, para Trump ese es el orden lógico de las cosas. Su conversación telefónica con Delcy Rodríguez fue el marco que precedió el encuentro de dos horas con María Corina Machado, que sirvió para que la venezolana entregara a Trump su medalla del premio Nobel de la Paz, pero no para recibir señales concretas de más presión para avanzar en una agenda hacia la transición democrática.
Algunos creen que la transición será lenta; otros, que el interinato de Rodríguez es, por ahora, indefinido
Washington ha argumentado que la dirigente no cuenta con los apoyos internos necesarios para liderar esa fase inicial y, en su lugar, ha respaldado a Delcy Rodríguez, quien asumió como jefa del régimen chavista. Si bien la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reiteró que Trump espera que Venezuela celebre elecciones en el futuro, evitó ofrecer ningún plazo. “El presidente está comprometido con la esperanza de que algún día haya elecciones en Venezuela. Pero hoy no tengo un calendario actualizado”, declaró Leavitt en momentos en que se producía el encuentro entre Trump y Machado.
A pesar de todo, la líder opositora venezolana se sigue mostrando optimista y parece convencida de que logró transmitir el mensaje de que el interinato de Delcy Rodríguez debe ser breve. “Sepan que contamos con el presidente Trump para la libertad de Venezuela”, afirmó, en una breve intervención pública a su salida de la Casa Blanca. La reunión, según dijeron miembros de su equipo, se extendió 45 minutos más de lo que estaba previsto. Mientras tanto en Venezuela la población, inicialmente entusiasmada por la posibilidad de que la detención de Maduro abriera las puertas hacia la transición democrática, se divide entre la esperanza y la frustración.
Los más optimistas aceptan que se trata de un proceso que será lento. Se aferran al liderazgo de Machado y la vigilancia de Trump sobre el régimen chavista, y destacan la excarcelación de un centenar de presos políticos como una señal clave de la transición que está por venir, aunque no se trate de libertad plena y sigan en prisión más de 700 personas. “Yo confío en que más pronto que tarde veremos a todos los presos políticos libres y a María Corina Machado entrando al país y llegando a Miraflores”, comenta un ciudadano que prefiere mantener su nombre en el anonimato por temor a represalias.
Otros comienzan a pensar que el interinato de Rodríguez por ahora no tiene fecha de caducidad. “Tanto pedir a Dios para que detuvieran a Nicolás Maduro y terminar igual que antes, o peor”, lamenta un ama de casa frente a las neveras de un supermercado mientras constata el precio de la carne de res, que hoy se vende por entre 16 y 19 dólares el kilogramo. Un 30% más de lo que costaba a finales del 2025.
La realidad es que Machado y su equipo hoy parecen ser más conscientes de que cada vez es más difícil hacer respetar los resultados de las elecciones del 28 de julio del 2024 y comienzan a aceptar la posibilidad de que se celebren nuevas elecciones presidenciales en Venezuela. E incluso no hay certezas de que esas eventuales elecciones ocurran en un corto plazo.
