La tutela de Feijóo

Que las organizaciones políticas españolas han evolucionado hacia modelos jerarquizados y verticalizados tiene ya la condición de certeza. En el PSOE, pese a su alma federal, Pedro Sánchez ha apostado por una concepción presidencialista, incluso situando a miembros del Gobierno al frente de las federaciones. En el PP, la verticalidad ha sido históricamente casi una constante. Con Sumar y Podemos, y aún más con Vox, ambas características han formado parte de su propia génesis. Pero en los partidos mayoritarios siempre se cuidaron las formas, aunque solo fuera para simular cierta autonomía territorial. Pero ahora lo de Génova con la Comunidad Valenciana ha superado todas las expectativas; para mal.

El PP valenciano, organización clave para la estabilidad nacional del partido y fundamental para sus expectativas en unas elecciones generales, vive sumido en la incertidumbre pendiente de la decisión que Alberto Núñez Feijóo adopte sobre el futuro de Juanfran Pérez Llorca: si lo va a confirmar o no como candidato. Llorca, no lo olvidemos, fue la persona elegida hace casi un año para sustituir a Carlos Mazón, que dimitió por la nefasta gestión de la dana. Y ni siquiera Génova ha autorizado todavía que los populares valencianos puedan celebrar un congreso regional, mientras otras organizaciones territoriales ya lo tienen en marcha.

Génova ha convertido al PP valenciano en una estructura sin autoridad ni influencia

La organización valenciana, dirigida por una gestora cuyo mandato caducó hace tiempo, es hoy, simplemente, un instrumento sin capacidad para dinamizar su propia vida orgánica o para influir en la organización nacional. Se podría decir, sin exagerar, que el PP valenciano es una organización tutelada por Génova, sin capacidad para gestionarse a sí misma y que genera una profunda desconfianza en Madrid; casi un protectorado. Y eso que gobierna la Generalitat Valenciana con el apoyo de Vox.

En este contexto aparecen las especulaciones y las maniobras fratricidas. Como ese “dossier”, del que nadie se considera autor –aunque todo apunta a fuego amigo– contra Pérez Llorca, que ya circula por las redacciones y que el PSPV va a llevar a la Fiscalía con la sospecha de que contiene “supuestos delitos de corrupción”. Entre el silencio de Génova sobre Llorca y el citado dossier, algunos capitanes del PP valenciano se están moviendo para reivindicarse como alternativa al president. Este es el complejo escenario.

Cada día que Feijóo tarde en resolver la situación del PP valenciano es un regalo para la oposición del PSPV y Compromís, un refuerzo para la curva ascendente de Vox y un factor que erosiona a un partido que aspira a la pre-sidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales. Alguien debería recordar a Génova que, como bien defiende Iván Redondo, quien gana en Valencia “casi tiene un pie y medio en la ­Moncloa”.

Salvador Enguix Oliver

Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991

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