El conflicto en Irán y las amenazas de Donald Trump a España han tenido a las grandes empresas concentradas esta semana en la valoración interna de los riesgos en torno al nuevo escenario internacional. Sin pronunciarse públicamente, entre las asentadas en Estados Unidos algunas sí reconocen que están monitorizando la situación con la confianza puesta en que la crisis entre ambos países pueda resolverse sin ninguna represalia a su actividad. Al mismo tiempo, un amplio número de compañías españolas identifica la península Arábiga como el punto más sensible a sus intereses en Oriente Medio. No solo Arabia Saudí, sino también Qatar o Abu Dabi llevan años estrechando sus relaciones económicas con España en ambas direcciones.
“Aquí también somos americanas”, dicen desde una importante corporación española al informar del motivo por el que entienden que deberían quedar a salvo del anuncio de Trump acerca de la ruptura de relaciones comerciales con España. “Es demasiado pronto para sacar conclusiones”, comentan desde otra, aún con Trump insistiendo en sus críticas a España. Por ahora, las empresas no creen que el desencuentro entre ambos países vaya a afectar de forma relevante a su inversión en Estados Unidos, pero sí reconocen que el asunto es sensible si fuese más allá.
Las compañías se sienten también locales en EE.UU. y vigilan la situación en Arabia y los emiratos
Santander, Iberdrola, ACS, Repsol, Ferrovial o Acerinox tienen filiales domiciliadas en el país, a menudo con consejeros delegados estadounidenses y nombres tan locales como Turner, Weber o Avangrid. Las actividades de muchas de ellas dependen además de las autoridades estatales y no federales, lo que las aleja del área de decisión de la Casa Blanca. Se abastecen con proveedores estadounidenses y venden en el mercado interno. Son a su manera partícipes sobre el terreno del“America first”.
Sin embargo, la semana no ha sido ni mucho menos tranquila. Un ejemplo es lo ocurrido con el Santander después de que Reuters difundiese el comentario de un analista diciendo que creía que el deterioro de la relación con España podría retrasar la compra del Webster Bank por unos 10.000 millones de dólares. Sin embargo, las acciones del banco subieron un 4% ese día y Barclays elevó la recomendación de compra. Una muestra de que los inversores no le dieron importancia, pero también un ejemplo del revuelo de estos días.
Otro de los grandes focos para las empresas españolas se encuentra en Oriente Medio, con casos concretos de fuertes inversiones y presencia local. Iberdrola tiene un centro tecnológico de innovación en renovables en Qatar junto al gigante energético Masdar. Estos días, sus 47 trabajadores en la zona han estado teletrabajando y recibiendo información continua sobre la situación.
Hay además empresas de ingeniería, transporte o industriales bien asentadas en la región. Un consorcio de doce empresas españolas, entre ellas Renfe, Adif o Indra, opera el AVE de Medina a La Meca, en Arabia Saudí. Técnicas Reunidas es uno de los grandes contratistas de la mayor petrolera del mundo, Saudi Aramco, y ha firmado contratos milmillonarios para diseñar refinerías o ciclos combinados de gas. La vasca Tubacex cuenta con una alianza estratégica con Abu Dabi. Ninguna de ellas informa por ahora de problemas.
La compañía española más globalizada, Inditex, es un termómetro particular acerca de las tensiones geoestratégicas. En el 2022 anunció cierres de tiendas en Ucrania o la venta del negocio en Rusia, aunque por ahora mantiene toda la operativa comercial en las regiones alcanzadas por el nuevo conflicto. Su exposición a los países más afectados da una medida de la magnitud de la crisis y también del despliegue de la propia empresa. Suma 809 tiendas en Estados Unidos, Israel, Kuwait, Bahréin, Chipre, los Emiratos Árabes Unidos, Omán, Líbano, Qatar y Turquía. En su último informe anual cita “la inestabilidad sociopolítica” y una posible “propagación a otros países” entre los principales riesgo para sus cadenas de valor, ventas, expansión o instalaciones.
Hay otra exposición indirecta para las grandes empresas españolas en Oriente Medio, la de las inversiones de grupos árabes en su capital. Saudi Telecom cuenta con casi un 10% de Telefónica, Abu Dabi es el principal accionista de Moeve y Qatar tienen peso en el capital de Iberdrola e IAG. Son inversiones canalizadas por lo general en torno a grandes fondos soberanos engordados con los ingresos del petróleo.
La entrada del gas y la salida del vino
Las amenazas de Trump preocupan a los exportadores y resultan sensibles en el plano energético, al ser Estados Unidos un gran vendedor de gas y petróleo. Las refinerías de Repsol no están teniendo problemas gracias a la diversificación del suministro, que les protege del cierre del estrecho de Ormuz. La compañía no produce crudo en Oriente Medio y tiene en Libia sus yacimientos más cercanos a la zona de conflicto. Mientras, Naturgy maneja los grandes contratos de gas con Estados Unidos, Argelia y, al menos hasta el 2027, Rusia. Tampoco está teniendo dificultades hasta ahora.
En la relación comercial,
España no es un socio problemático, sino al contrario. Compra más bienes de los que vende. La preocupación se encuentra sobre todo en los exportadores de vino, aceite de oliva, componentes de automoción y fármacos.
