Líbano, el único país de la guerra en Oriente Medio en el que se combate cuerpo a cuerpo

El primer sentido que se agudiza en una guerra es el oído.

En pocos días, desde niños a ancianos, todos se convierten en expertos en el sensible arte de diferenciar entre el silbido de los cazas F-35 y F-12 americanos, el molesto zumbido de un dron de vigilancia, y el opaco y lejano puf de un misil balístico siendo interceptado en el cielo. 

Un pequeño temblor de la tierra certifica si ha impactado o no, ya sea desde un refugio en Tel Aviv o en un precario bloque de pisos en las zonas de mayoría árabe de Israel, donde los búnqueres no existen y la única opción es salir al balcón a ver las estelas de los proyectiles. Las alarmas antiaéreas que gritan desde móviles y altavoces en la calle completan la cacofonía.

En Teherán y Beirut, sin embargo, el ruido que parte la realidad desde que empezó la ofensiva estadounidense e israelí es el de los bombardeos aéreos. La aviación de la coalición ha descargado su fuerza sobre ambas capitales. El recuento de víctimas no deja de ascender: alrededor de 600 personas han sido asesinadas en Líbano, mientras Irán reporta más de 1.300 muertos en doce días de guerra.

Sin embargo, el martillazo de las bombas israelíes no perturba a Yuval mientras hace unos arreglos en su porche en Metula, el último pueblo de Israel, rodeado por tres costados por la frontera libanesa. Su chalet adosado cuenta con vistas al único frente cuerpo a cuerpo de un conflicto marcado por los misiles de largo alcance.

A escasos 700 metros, se extienden las ruinas de lo que fue Kefarkela, un pueblo chií arrasado por dos más de dos años de confrontación entre israelíes y Hizbulah. “Pasé un año y medio en Jerusalén por la guerra, esta vez no pienso irme de aquí”, explica el vecino, que ha cambiado las ventanas agujereadas por los francotiradores de la milicia hace meses.

La milicia, el aliado más entrenado de Irán, lanzó una ofensiva sobre su vecino sur en 2024, pocos días después de los ataques del 7 de octubre y del inicio de la ofensiva en Gaza. En septiembre del año siguiente, Israel escaló los ataques en una guerra de tres meses, en la que envió soldados al sur de Líbano y acabó con la vida del líder histórico del Partido de Dios, Hasan Nasralah.

El último pueblo de Israel

“Pasé un año y medio en Jerusalén por la guerra, y esta vez no pienso irme de aquí”, explica un vecino de Metula que ha cambiado las ventanas agujereadas por los francotiradores de la milicia hace meses

Ahora, la historia se repite con más virulencia aún. El grupo ha reactivado el frente con Israel para vengar la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, asesinado en los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero. Tel Aviv ha respondido con ataques aéreos sobre el sur de Beirut y una ofensiva terrestre en la frontera entre ambos países.

Dos niños juegan en Beirut, mientras la ofensiva israelí castiga los suburbios del sur 
Dos niños juegan en Beirut, mientras la ofensiva israelí castiga los suburbios del sur Edgar Gutiérrez / EFE

La organización chií asegura que su intervención responde a una “defensa existencial” frente a Israel, que -según su relato- ha seguido atacando posiciones del grupo desde el alto el fuego de 2024. Pero la decisión de abrir un nuevo frente ha provocado fuertes críticas dentro de Líbano, donde el conflicto ya ha desplazado a unas 700.000 personas, en un país que apenas alcanza los seis millones de habitantes.

Buena parte de los combates se concentran ahora cerca de la localidad de Khiam, en el extremo sur del país, donde confluyen las fronteras de Líbano, Siria e Israel. Para Hizbulah, esa zona es uno de los puntos más probables para el inicio de una eventual ofensiva terrestre israelí. La semana pasada, además, regresaron al área los combatientes de élite Radwan, que se habían retirado tras el alto el fuego de 2024.

Esta vez, el grupo armado ha adaptado su estrategia sobre el terreno. Según cuatro fuentes libanesas familiarizadas con las operaciones del grupo, citadas por Reuters, la milicia está recuperando tácticas de guerrilla, similares a las que empleó durante los años de ocupación israelí, entre 1982 y el año 2000. Los combatientes operan ahora en pequeñas unidades, evitan utilizar dispositivos de comunicación susceptibles de ser interceptados y racionan el uso de armas clave, como los cohetes antitanque, para un eventual enfrentamiento prolongado con las tropas israelíes.

La cautela tecnológica responde a las lecciones de la última guerra. En 2024, Israel no solo logró infiltrarse en la red telefónica privada de Hizbulah, según funcionarios libaneses, sino que también saboteó con explosivos cientos de buscapersonas utilizados por sus combatientes. Desde entonces, el grupo evita cualquier dispositivo que pueda ser susceptible de escuchas o espionaje electrónico.

Israel, por su parte, da señales de prepararse para una confrontación prolongada en el frente libanés, incluso si la guerra con Irán termina en las próximas semanas. Las fuerzas israelíes también han reforzado su presencia en el sur de Líbano, donde mantienen tropas desde la guerra de 2024. Allí han establecido lo que denominan “posiciones defensivas avanzadas” para prevenir ataques de Hizbulah contra el norte de Israel. El gobierno hebreo ha reconocido, por el momento, sólo dos bajas en sus filas.

Pese a los golpes sufridos en los últimos meses, fuentes de seguridad israelíes aseguran que la organización chií ha logrado estabilizar su cadena de mando. Según dos de las fuentes libanesas, Hizbulah ha nombrado hasta cuatro adjuntos por cada comandante para garantizar la continuidad operativa en caso de nuevas bajas entre sus líderes.

La guerra llega además en un momento especialmente delicado para el grupo. Muy debilitado tras la campaña israelí de 2024, Hizbulah se enfrenta a una creciente presión interna para desarmarse. El Gobierno libanés prohibió la semana pasada sus actividades militares, en un intento de reafirmar la autoridad del Estado sobre la seguridad del país. A ello se suma otro golpe estratégico: la caída en diciembre de 2024 de su principal aliado regional, el presidente sirio Bashar el Asad, que durante años garantizó el principal corredor logístico entre Irán y el sur de Líbano.

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El mando de Hizbulah, sin embargo, saca pecho de su armamento. Este miércoles envió una andanada de un centenar de misiles contra el norte de Israel, su mayor lanzamiento en dos años y medio de confrontación.

Metula y Kerfarkela, eternamente separadas por la geopolítica, son el testigo del cruce de misiles. Entre las dos, el monumento a la Buena Frontera sirve de barrera para tres tanques Merkava israelíes. A pocos metros, al otro lado del muro, esperan los combatientes, en el único punto de todo el conflicto de Oriente Medio donde los enemigos pueden mirarse a los ojos.

Helena Pelicano Gómez

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo

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