
Lisa Cook ha cumplido con el trámite. No era solo una amenaza. Esta gobernadora de la Reserva Federal, centro del ataque de la Casa Blanca para tomar el control de la Fed, reclamó ante un tribuna de Washington que declare ilegal y vacíe la orden del presidente Donald Trump de que sea despedida de inmediato por un supuesto fraude hipotecario del que todavía no ha exhibido ni un solo indicio.
En su denuncia, Cook responde que la afirmación de Trump para echarla de su puesto, ratificado en el 2022 por el Senado, significa un ataque “ilegal y sin precedentes”. Considera que ha sido la elegida como pretexto por el mandatario para hacerse. con la mayoría de los sietes puestos de la junta del banco central estadounidense y controlar las decisiones sobre la política monetaria. Trump lleva lleva tiempo presionando sobre esta cuestión para que se rebajen los tipos de interés sin tener en cuenta los perjuicios que pueda causar.
Las leyes federales permiten que el presidente saque a un miembro de la junta “por una causa”, lo que por lo general se entiende por una mala conducta o malversación grave. Trump sostiene que tiene una “buena causa” para echar a Cook a partir de una acusación no corroborada. Su origen se halla en Bill Pulte, director de la Agencia Federal de Financiación de la Vivienda (FHFA) y no de los más fanáticos seguidores del credo trumpista.
Según Pulte, Cook mintió en su aplicación para recibir una hipoteca a aplicar el concepto de primera residencia en dos inmuebles distintos. Al margen de que no se ha visto documento alguno que lo acredite, la gobernadora fue destituida por Trump, convertido en fiscal y juez sin proceso alguno. El Departamento de Justicia todavía no ha comunicado que exista una investigación.
“La concepción del presidente Trump de ‘causa’ no tiene principio limitado”, argumenta Cook en su denuncia judicial. “Esto le permitiría sacar cualquier miembro de la junta de la Reserva Federal con el que estuviera en desacuerdo sobre política en base a acusaciones falsas”, remarca.
Cook, la primer mujer negra en este puesto, llegó al cargo tras ser nominada por el presidente Joe Biden y dispone de mandato hasta el 2038. Mientras que Trump ha insistido en que tiene autoridad y que esta gobernadora “cometió una infracción, especialmente esta infracción”, y su coro de asesores la han llamado corrupta y quinta columnista de Biden, la Reserva Federal salió en su defensa y en la de la independencia de la institución.
“Los gobernadores tienen largos mandatos y protecciones para no ser despedidos, y son garantías para que las decisiones de la política monetaria se basen en datos y en el interés de los ciudadanos”, recalcó el comunicado de la Fed.
Pero ahí está el meollo del asunto. En la misma comparecencia en que estigmatizó a Cook, Trump alardeó de que “tendremos la mayoría” en la junta. “Una vez que tengamos la mayoría, la institución va a cambiar y será magnífico”, aseguró.
Además de cinco cargos rotarios, el núcleo duro de la Fed está integrado por siete gobernadores. Dos de estos, Christopher Waller y Michelle Bowman, fueron nombrados por Trump. Son los dos que en la reunión del julio rompieron la unanimidad y consideraron que se debían rebajar los tipos de interés, como exige el líder de la Casa Blanca. Adriana Kruger, otra gobernadora, presentó su dimisión inesperadamente el mes pasado, cuando su plazo expiraba el próximo enero. Esta decisión dio a Trump la oportunidad de nominar a uno de los suyos, Stephen Miran, que deberá ser ratificado por el Senado. El cese de Cook le daría otro asiento y la mayoría.
Trump opta por esta vía, según los analistas, para tomar el control de la Fed, después de que le convencieran de que no despidiera al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, por el desastre financiero y bursátil que se anticipaba. La Casa Blanca esperará hasta mayo, cuando acaba su mandato, para sustituir a Powell, continuamente insultado y despreciado por Trump. Salvo que el líder republicano cambie de opinión.