
La escasez de alquileres y la alta demanda han cambiado por completo las vías de acceso a esta forma de vivienda. Ahora cada vez son menos los que encuentran un piso para arrendar a través de portales o de webs de las inmobiliarias tradicionales. Y no solo porque exista poca oferta. Los anuncios están menguando porque propietarios y agencias ya no tienen ni necesidad de publicarlos para encontrar inquilinos.
Las redes andan llenas de jóvenes sorprendidos, que buscan en internet y apenas encuentran pisos. Guifré Homedes, de Amat Immobiliaris, aclara lo que ocurre: “el alquiler ha salido del circuito habitual de comercialización”.
La situación fue ampliamente debatida en un reciente encuentro de los API en Barcelona. Si hace un tiempo se publicaba prácticamente toda la oferta, ahora sólo sale alrededor de una quinta parte. “Nosotros ya sólo publicamos el 20% de los alquileres que nos llegan en cartera, y de éstos, sólo necesitamos anunciar unas 24 horas porque con eso generamos multitud de peticiones”, explica Àlex Vázquez, director de Gestión de Patrimonios y Alquileres de Forcadell.
Los aspirantes a un piso envían su currículo, su declaración de la renta, la de sus padres y hasta fotos de su mascota
El gran desfase entre demanda y oferta ha generado largas listas de espera de potenciales inquilinos solventes y con buenas referencias, que quedaron descartados de otras operaciones. A la que queda un piso libre, el propietario o la agencia acuden esta lista sin necesidad de publicitar el inmueble. Y no resulta fácil entrar en estos registros. Con tanta competencia, sólo los más pudientes y con buenas referencias logran un puesto en la lista de espera. “Antes los propietarios estaban dispuestos a que dos personas firmaran el contrato, a que los padres los avalaran… ahora quieren que un único arrendatario tenga capacidad económica suficiente como para hacer frente al alquiler él solo, aunque viva en pareja”, detalla Vázquez. El inquilino ha perdido poder de negociación.
El mercado ha alcanzado tales niveles de tensión que algunos comparan la búsqueda de un alquiler con los juegos del hambre. En Amat comentan que apenas publican los alquileres porque, literalmente, les colapsa la centralita y el correo electrónico. “Sólo anunciamos productos que no tengan tanta demanda, pisos grandes y muy caros”, añade Homedes.
En el caso de que saquen a la luz durante unas horas un piso de tipo medio, de los más solicitados, les llegan peticiones totalmente detalladas, con la documentación requerida y más, para intentar adelantarse. “Los aspirantes a un alquiler nos llegan a enviar el currículo, la declaración de la renta, la de sus padres y hasta fotos de su mascota si la tienen”, subraya el director de esta inmobiliaria para evidenciar el nivel de presión que sufren muchas personas. Según datos de Idealista, el número de interesados que compiten por cada vivienda en alquiler ha crecido un 13% en el tercer trimestre, con 62 personas por cada anuncio en Palma, 58 en Barcelona, 46 en Madrid o 42 en Bilbao. Además, el 8% de las viviendas que se alquilaron a través de este portal durante el segundo trimestre del 2025 no llevaba ni 24 horas anunciada. Entre los grandes mercados la mayor incidencia de los alquileres exprés se dio en Barcelona (12%), Palma (9%) y San Sebastián (9%).
Agencias y propietarios apenas necesitan publicitar la oferta: “en 24 horas recibes cientos de solicitudes”
Se ha producido otro fenómeno que parecía olvidado: los contactos. No pocos contratos se consiguen con el boca-oreja, asegura Òscar Gorgues, gerente de la Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona. “En muchas ocasiones es el inquilino que deja el inmueble quien trae otro arrendatario de confianza”, afirma. Esta situación está provocando que disminuyan los propietarios que recurren a agencias para alquilar sus pisos. No sólo se ahorran tiempo, también dinero al no tener que pagar los honorarios por la gestión.
Se ha creado así una tormenta perfecta que dificulta aún más el acceso al alquiler aún con la regulación que se está aplicando en lugares como Catalunya. “Ya no basta solo con solvencia económica, si no tienes contactos es muy difícil encontrar un piso”, lamenta Guifré Homedes.
Mientras, los precios del alquiler en Catalunya han aumentado ligeramente en el segundo trimestre del año a pesar del tope de rentas. En el conjunto del territorio, el precio medio se situó en 854,7 euros al mes entre abril y junio, un 3,2% más que en el primer trimestre del año, según los datos del Incasòl a partir de las fianzas depositadas de los nuevos contratos.
Los API creen que ya no basta con ser solvente económicamente y si no tienes contactos es casi imposible arrendar
En cuanto a las zonas tensionadas, donde rige la regulación del mercado, la evolución es similar. Las rentas alcanzan los 871,2 euros mensuales, un 3% más que en el trimestre anterior, cuando era de 845,23 euros. En el caso específico de la ciudad de Barcelona, epicentro de la crisis habitacional, el precio de alquiler del segundo trimestre de 2025 aumenta un 4,4% en relación a los tres meses anteriores, hasta los 1.135,55.
“El tope de rentas ha beneficiado solo a los que ya están en el mercado del alquiler, pero no ha ayudado a los que quieren entrar por primera vez, no se está generando suficiente oferta”, señala Àlex Vázquez. La competencia es máxima.
Baja exigencia
Las dificultades para encontrar alquiler en ciudades como Barcelona o Madrid y su área metropolitana ha bajado a mínimos el nivel de exigencia de los potenciales inquilinos. Se acabó lo de pedir requisitos como un piso en una manzana de calles concreta, una orientación determinada o cierta antigüedad. “Ahora te piden simplemente que esté en un municipio y el número de habitaciones, poco más, porque saben que hay mucha competencia para arrendar; las solicitudes cada vez son más genéricas”, sostiene Àlex Vázquez, de Forcadell. Desde la Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona señalan además que se está produciendo cierto desplazamiento de inquilinos entre barrios. Personas con una poder adquisitivo superior a la media de ciertos barrios están llegando allí para buscar alquiler, de manera que los habitantes naturales de estas zonas son expulsadas de su mercado natural. A medida que se alejan de Barcelona, con todo, la oferta de alquiler es más escasa.
