El impulso comunitario europeo del Made in Europe se encalla antes de arrancar motores. La Comisión Europea debía presentar este jueves la esperada ley de Aceleración Industrial (IAA, por sus siglas en inglés), una normativa con la que pretende establecer mecanismos de prioridad europea en los concursos públicos continentales. Llega en un momento crucial, justo después de que el Buy European centrara las discusiones de los líderes sobre cómo recuperar la competitividad de la economía comunitaria. En plena espiral proteccionista global, Europa quiere responder al Buy American de Donald Trump y dar preferencia a sus propias industrias.
Pero las diferencias entre los Veintisiete, y también dentro del equipo de Ursula von der Leyen, sobre el alcance de esta normativa han pospuesto, de momento a la semana que viene, su definición legislativa. Todavía no hay acuerdo sobre cómo definir, y aplicar, la preferencia europea con la que Bruselas quiere ayudar a la industria comunitaria.
“Esperamos que esta semana adicional de discusiones internas nos permita hacer todavía más sólida la propuesta”, señalan fuentes del gabinete del vicepresidente ejecutivo de la Comisión al mando de política industrial, el francés Stéphane Séjourné, o el cerebro de esta iniciativa. Todo forma parte del Pacto por una Industria Limpia, que la Comisión Europea adoptó en febrero para ayudar a Europa a reducir la brecha de competitividad frente a EE.UU. o China.
Hereu se posiciona a favor del ‘Made in Europe’, pero pide a Bruselas que no sean “dogmáticos”
La idea es que los líderes comunitarios debatan el asunto en la cumbre europea de finales de marzo. No está claro que lo vayan a lograr, porque el documento ya debería haberse aprobado en diciembre. El papel que estaba encima de la mesa estos días era demasiado flojo para algunos, demasiado ambicioso para otros. Todo el mundo quiere dejar huella en una de las propuestas legislativas más delicadas de los últimos años.
En el reciente cónclave de Alden Biesen, los mandatarios comunitarios acordaron que se estableciese esta preferencia europea, pero solo a sectores estratégicos muy concretos. Según el presidente del Consejo Europeo, António Costa, estas áreas son la defensa, el espacio, las tecnologías limpias, la computación cuántica, la inteligencia artificial y los sistemas de pago. Esto también estaría recogido en la normativa, así como medidas –apuntan algunos borradores filtrados– muy concretas como que los coches eléctricos sean fabricados mayormente con componentes europeos para recibir ayudas.
Pero los gobiernos comunitarios están profundamente divididos sobre hasta dónde ampliar el asunto. También la misma industria. Por ejemplo, algunos sectores, incluyendo el automovilístico, quieren que estas protecciones vayan más allá de la UE y de la Asociación Europea de Libre Comercio (Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza) y se permita que otros países amigos, como el Reino Unido –en un acercamiento clave después del Brexit–, puedan hacer uso de estos privilegios. Delimitar quiénes son estos socios de los que la UE se puede fiar, con valores y estándares compartidos, es una de las peleas. Por ejemplo, Europa acaba de cerrar un acuerdo comercial con India, y dejar a Nueva Delhi fuera de este esquema sería una señal problemática.
“Esperamos que esta semana adicional nos permita hacer más sólida la propuesta”, dicen en la Comisión
Francia es el principal defensor de la de idea del Made in Europe . Ayer, en una reunión de ministros de Industria que se celebró en Bruselas, el titular francés de Industria, Sébastien Martin, insistió en que “ya no es el tiempo de esperar” sino de “tener este texto, discutirlo y ponerlo en marcha lo más rápido posible”. Otros, como Suecia o República Checa, creen que un papeleo añadido puede perjudicar la competitividad del bloque. La ministra sueca, Ebba Busch, vio en el nuevo retraso una “señal positiva” para reflexionar ulteriormente y limitar su impacto al mínimo posible. “Empujar al Buy European solo afronta los síntomas pero no cura la enfermedad de la competitividad europea”, advirtió ante la prensa.
En este debate, España se posiciona a favor de la preferencia europea, pero pide que su aplicación sea consistente. Así lo dijo ayer en Bruselas el ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, quien llamó a no ser “dogmáticos”. “Nosotros creemos que tenemos que ganar valor añadido europeo y, por tanto, damos apoyo a lo que sería el concepto Made in Europe , pero de una manera que afecte positivamente a todos los sectores, con una aplicación que sea consistente”, sostuvo en declaraciones ante la prensa su llegada antes de hablar del tema con sus homólogos europeos. “Para nada nosotros apoyaríamos ningún giro proteccionista, pero en cambio sí que tenemos que impulsar el volver a relocalizar actividad productiva industrial en Europa”, reflexionó.
