
Cuando ya habían asumido el cierre nuclear como algo inevitable, llegó el apagón y los alcaldes y gran parte de los vecinos de Ascó (Ribera d’Ebre) y Vandellòs i l’Hospitalet de l’Infant (Baix Camp) vieron clara la oportunidad de una prórroga. Son demasiados puestos de trabajo y riqueza generada en el territorio como para no subirse de nuevo al tren nuclear, sostienen. La falta de robustez del sistema eléctrico se ha convertido en el principal pretexto para exigir alargar la vida de tres reactores nucleares, Ascó I y II y Vandellòs II, que en la próxima década llegan en teoría a final de trayecto, cinco décadas después de ponerse en marcha.
El alcalde de Ascó, Miquel Àngel Ribes, de un partido municipal independiente, y Assumpció Castellví (Junts), lideran la presión política ejercida desde el territorio nuclear catalán para alcanzar una mayoría política partidaria del alargue nuclear. Ninguno de los dos da por perdida la batalla a pesar del revés del jueves en el Congreso. “No comparto la abstención de Junts, mi partido, evidentemente, pero pienso que progresará, no es la decisión definitiva”, confía Castellví. “Estamos decepcionados, hemos perdido una oportunidad muy importante como país y territorio, pero esto no se acaba aquí, el reto energético pasa por las centrales nucleares y por las renovables. Son centrales seguras”, sostiene el alcalde de Ascó, vicepresidente además de la Asociación de Municipios Nucleares Catalanes (AMAC).
