Los pistoleros de la playa australiana habrían recibido adiestramiento en el sur de Filipinas

El terrible tiroteo del domingo pasado en una playa de Sídney alcanzó este martes a las Islas Filipinas. Su departamento de Inmigración confirmó hoy desde Manila que Sajid y Navid Akram, los dos pistoleros que mataron a quince personas durante la celebración de la fiesta judía de janucá, pasaron casi todo el mes pasado en el archipiélago.

Según las autoridades filipinas, padre e hijo aterrizaron el 1 de noviembre en Manila en un vuelo de Philippines Airlines. Desde dicho aeropuerto embarcaron rumbo a Davao, en la isla meridional de Mindanao. Cuatro semanas más tarde, el 28 de noviembre, siguieron el itinerario inverso, Davao-Manila-Sídney. El padre, Sajid Akram, de 50 años, utilizó su pasaporte indio, mientras que su hijo Navid, de 24 años, lo hizo con uno australiano.

Las autoridades australianas han guardado silencio  sobre la identidad de los terroristas. Sin embargo, ya se sabe que el citado Sajid estudió comercio en Haiderabad, India, antes de emigrar en 1998 a Australia, donde se casó “con una europea” (según algunas fuentes, italiana). Su hermano doctor sigue ocupando la casa familiar en Haiderabad, en un barrio musulmán de clase media. Allí nadie tenía indicios de su deriva criminal y antisemita, que además pone en un aprieto al ministro de Exteriores indio, S. Jaishankar, en visita oficial a Israel este mismo martes. 

Sobre los motivos del vuelo de los Akram a Davao -la gran ciudad del sur de Filipinas- hay más que indicios, aunque este difícilmente habría sido su destino final. Con toda probabilidad, no era más que un lugar de tránsito hacia zonas de mayor interés para individuos con su perfil, con banderas caseras de Estado Islámico en el maletero del coche. En la misma isla de Mindanao hay zonas en las que la rebelión musulmana (“mora” en el vocabulario local) se mantiene viva desde el mismo inicio de la colonización española. 

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Marawi, en Mindanao, el 17 de octubre de 2017, tras ser liberada de siete meses de ocupación por grupos afines a Estado Islámico. Los combates dejaron más de mil muertos.

EFE

Sin embargo, las últimas décadas de enfrentamiento armado con el poder de Manila parecían haber entrado en una fase de resolución. El último gran pulso se libró en Marawi, la mayor ciudad musulmana de Filipinas, que fue tomada por grupos afines a Estado Islámico en la primavera de 2017. Estos no pudieron ser desalojados por el ejército filipino hasta siete meses después, tras un largo asedio y sangrientos combates. 

Se sabe también que más de un centenar de filipinos combatieron en Siria junto a los yihadistas que terminaron ganándole la partida a Bashar el Asad. Se trata de una cifra muy inferior a la de milicianos malasios o indonesios. Pero incluso estos, en distintos periodos, recurrieron a las zonas de hegemonía insurgente en el sur de Filipinas para adiestrarse o preparar atentados. En un sangriento clip que circuló en 2016, tres militantes de Estado Islámico originarios del sudeste asiático llamaban a unirse a ellos en Siria o, en su defecto, en Filpinas.

Este podría haber sido el empeño de Sajid Akram y de su hijo, que ya era conocido por su proselitismo en estaciones de tren de Sídney. El primero fue desarmado por un transeunte -el frutero de origen sirio y expolicía, Ahmed al Ahmed- antes de ser abatido. Mientras que su hijo Naveed se encuentra en coma, por lo que la reconstrucción de la génesis del atentado y de sus posibles complicidades se enfrenta a serias dificultades.

El primer ministro australiano, Anthony Albanese -que hoy visitó al héroe de aquel día, Ahmed, en el hospital- ha dicho que detrás del atentado está la ideología del Estado Islámico (EI) y que, según la información preliminar, los autores actuaron solos.

El primer ministro australiano Anthony Albanese deseaba hoy una pronta recuperación a Ahmed el Ahmed, el frutero de origen sirio -y expolicía- que salvó muchas vidas al desarmar a uno de los pistoleros

El primer ministro australiano Anthony Albanese deseaba hoy una pronta recuperación a Ahmed el Ahmed, el frutero de origen sirio -y expolicía- que salvó muchas vidas al desarmar a uno de los pistoleros

AFP

Albanese confirmó que Naveed Akram fue investigado en 2019 por posibles vínculos con el Estado Islámico, aunque entonces no se le consideró una amenaza activa. El padre, Sajid, también había sido entrevistado entonces, según el mandatario. 

“Ahora estamos investigando por qué motivos y con qué propósito fueron a Filipinas”, ha revelado el comisario de policía de Nueva Gales del Sur, Mal Lanyon. Pero los medios australianos ya dan por sentado que ambos habrían recibido entrenamiento militar en el archipiélago, algo que Manila todavía no ha confirmado. 

Este podría haberse producido en las islas musulmanas  vecinas de Basián (parcialmente), Joló o Tawi Tawi, donde el grupo armado islamista más irreductible, Abu Sayyaf, mantiene a unos pocos centenares de combatientes. Aunque sus filas están muy mermadas por los cambios de los últimos años. No solo por la presión militar, sin también por la apertura política, que dio origen a la creación de la región autónoma de Bangsamoro, entre estas islas y varias zonas contiguas del oeste de Mindanao.

El pacto político -que tuvo un prólogo fallido en los noventa-  cuajó a finales de la década pasada, bajo el presidente Rodrigo Duterte. Aunque tanto el gobierno de Manila como el Frente Moro de Liberación -luego, el Frente Moro de Liberación Islámica- tuvieron que hacer concesiones, el proyecto fue refrendado de forma abrumadora (excepto en Joló). Se cerraba así un capítulo que había dejado más de 120.000 muertos, tres veces más que conflictos más mediáticos, como el del Kurdistán o Cachemira. 

Eso no quiere decir que las Fuerzas Armadas hayan bajado la guardia. Muchos filipinos se sorprendieron además, hace diez meses, por la colaboración extranjera, cuando un avión espía del ejército estadounidense se estrelló en las inmediaciones de Bangsamoro, matando a sus cuatro ocupantes. En todo caso, la peregrinación de sujetos como los Akram al sur de Filipinas deja claro que el yihadismo no ha desaparecido del radar .

Cabe decir, por último, que la tragedia de la playa de Bondi constituye el peor atentado en Oceanía desde 2019, cuando el terrorista Brenton Tarrant transmitió en directo su tiroteo de dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, que dejó 51 muertos y 40 heridos. 

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