Los vigilantes, de nuevo

Los mercados andan un tanto locos con las idas y venidas de Donald Trump, en particular los vinculados a acciones bursátiles y energía (petróleo y gas natural) o a fertilizantes y otros productos químicos. Son unos vaivenes que llaman la atención de los medios de comunicación, aunque los efectos de la guerra se extienden a ámbitos menos evidentes, pero tanto o más relevantes: los incrementos en los tipos de interés. En particular, aquellos que definen el coste de la deuda pública en el medio y largo plazo, crédito hipotecario y financiación empresarial. En los primeros es donde más duele de forma inmediata: afectan al déficit público y al coste del servicio de los elevados volúmenes de deuda pública de EE.UU., y también de algunos países europeos, entre ellos Italia, España y Francia.

Así, desde el 27 de febrero al 24 de marzo, la rentabilidad de los treasury americanos a 10 o a 30 años ha aumentado con fuerza: desde el 3,97% al 4,39% para los primeros y del 4,64% al 4,94% para los segundos; incluso, el muy sensible tipo de su deuda a 2 años también ha presentado un salto notable (del 3,38% al 3,90%). Y con ciertas diferencias, lo mismo está sucediendo en el área del euro o en Gran Bretaña. En este país, los guilt a 10 años se han encaramado, y mucho, desde el 4,31% al 4,98%, e incluso los sólidos bund alemanes de idéntica duración también reflejan un crepitar alcista: del 2,65% al 3,01%. Finalmente, para la deuda del Reino de España a 10 años sucede algo similar: ha pasado del 3,06% al 3,57%

Los tenedores de deuda intentan curarse en salud sobre lo que termine provocando el conflicto

Estas alzas reflejan el impacto de dos temores. El primero, la convicción de que la guerra terminará provocando un aumento de la inflación, incrementos que no podrán reconducirse en el corto plazo, aun en el caso de que finalizara ahora. El segundo, la certeza de que los efectos recesivos e inflacionarios del conflicto en Irán afectarán al saldo presupuestario de los distintos gobiernos, vía mayor gasto para compensar la crisis o vía menor ingreso por sus efectos sobre la actividad, aumentando el déficit y la deuda públicos. Sumándolos, ello implica que los tenedores de deuda intentan curarse en salud sobre lo
que termine provocando el conflicto:
es el regreso de los llamados vigilantes del mercado , en exitosa expresión del economista Ed Yardeni en 1983.

¿Recuerdan la rápida caída de la primera ministra británica Liz Truss en octubre del 2022? La provocó su mini-presupuesto de septiembre, que presentaba reducciones de impuestos sin disminuciones similares de gasto, lo que provocó una fuerte salida de los bonos británicos que la obligó, tras 44 días de mandato, a dimitir. Fue un ejemplo de manual de la fuerza de los vigilantes, como lo fue también nuestra crisis en el 2010: su acción obliga, inevitablemente, a ajustes de las finanzas públicas. Todavía no estamos ahí. Pero, si la guerra no afloja, apriétense el cinturón.

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