Luto y explosiones en la frontera de Gaza tres años después del 7 de octubre

En Netiv Haasara, el luto se mezcla con la distopía. A primera hora del 7 de octubre del 2023, tres milicianos de Hamas sobrevolaron en parapente motorizado el muro fronterizo de Gaza y aterrizaron en esta pequeña comunidad israelí, a tan solo medio kilómetro del enclave palestino. Mataron a 20 vecinos, pese a que una unidad del ejército llegó en apenas un cuarto de hora.

Tres octubres más tarde, esta comunidad israelí de 800 personas amanece con mucha más tranquilidad. Algunos vecinos pasan la mañana en sus jardines con césped artificial. Las calles, impolutas, solo son transitadas por coches solitarios o quads, mientras un grupo de obreros se dedica a rematar la futura piscina municipal.

Pero hay diversos detalles que rompen la armonía del lugar. Cada pocos metros, un refugio de hormigón pintado de colores recuerda que, durante 20 años, los misiles que venían de Gaza tardaban solo 15 segundos en aterrizar. Dentro de una de estas estructuras, nueve agujeros de bala y un pequeño altar recuerdan a una de las 1.200 víctimas del brutal ataque de Hamas. “Abuela, te echaremos de menos”, reza una pintada junto a la fotografía de la mujer.

La realidad perfecta de Netiv Haasara se rompe, finalmente, en el mirador Nir Peres, a dos minutos a pie de la plaza central. Tras una gran barrera de hormigón se extiende la gran masa gris de escombros que solía ser el norte de la franja. Un poste señala hacia la destrucción: “Ciudad de Gaza. 3,4 km”. Allí se vive otro luto inaccesible para la prensa internacional, a quien el gobierno israelí tiene prohibido el acceso desde el inicio de la ofensiva.

El alto el fuego en el enclave palestino, anunciado a bombo y platillo por Donald Trump, entró en vigor hace prácticamente un año. Sin embargo, el sonido de la guerra no ha abandonado Gaza. En el aniversario del 7 de octubre, diversas explosiones levantaron columnas de humo justo al lado de la frontera.

El eco de los impactos es claramente audible desde la comunidad israelí, así como el zumbido constante de los drones que patrullan sobre las ruinas palestinas. “Es un día emocionalmente cargado”, asegura a La Vanguardia Hila Fenlon, una de las responsables de la seguridad del moshav (comunidad agrícola israelí). Ella decidió regresar a su casa solo unos meses después de los ataques, aunque muchos de sus vecinos tardaron hasta casi dos años.

Superviviente del 7 de octubre

“Hamas nunca les prometió paz y seguridad, sino la conquista de todo Israel”

“No me hace feliz ver lo que ha pasado en Gaza”, reconoce, con la mirada en el horizonte triturado. Según la vigilante, “ellos (los gazatíes) escogieron a Hamas en las elecciones, un grupo que nunca les prometió paz y seguridad, sino la conquista de todo Israel”. Acostumbrada a ver los bombardeos desde la ventana, admite que se siente más segura desde el inicio de la invasión de la franja, que ha dejado más de 70.000 muertos según el Ministerio de Sanidad de Gaza y ha destruido la mayor parte del enclave. “Durante años teníamos que huir de los misiles de Hamas. En tres años no hemos tenido ni un solo proyectil”.

Al otro lado del muro, la paz de Trump sigue a medio construir. El alto el fuego del 10 de octubre del 2025 abrió paso a un plan de veinte puntos que el Consejo de Seguridad de la ONU respaldó en noviembre. Su pieza central es la Junta de Paz, presidida por el propio Trump, con Tony Blair, Jared Kushner y Steve Witkoff en su ejecutiva y el exdiplomático búlgaro Nikolai Mladenov como alto representante. 

Visitantes en un refugio antiaéreo junto a la carretera, cerca del kibutz Reim, donde Hamas mató a varias personas el 7 de octubre del 2023 
Visitantes en un refugio antiaéreo junto a la carretera, cerca del kibutz Reim, donde Hamas mató a varias personas el 7 de octubre del 2023 Ohad Zwigenberg / Ap-LaPresse

La Junta debía supervisar un gobierno tecnocrático palestino y el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización. Un año después, el comité palestino que preside Ali Shaath sigue en El Cairo, sin poder entrar en la franja. Indonesia, Marruecos o Kazajistán han comprometido tropas para la fuerza internacional, pero aún no se ha desplegado.

El desarme de Hamas es el gran escollo en estos momentos. A finales de julio, la Junta anunció que la milicia aceptaba una hoja de ruta para entregar su armamento pesado a un comité palestino, bajo verificación internacional, a cambio de una retirada gradual del ejército israelí. 

Netanyahu rechazó el documento días después. Israel exige el desarme total antes de retirarse, y Hamas no dará ningún paso sin retirada. Mientras tanto, las tropas israelíes han ampliado su control a cerca de dos tercios de la franja, más allá de la línea amarilla que fijó la tregua.

Para los gazatíes, el alto el fuego no ha traído la reconstrucción. Según la UNRWA, que cita al Ministerio de Sanidad gazatí, 1.394 palestinos han muerto desde la tregua, y el total desde el 2023 roza los 74.000. El 94% de la población necesita refugio y ayuda básica, y 1,2 millones de personas sufren hambre aguda. 

En septiembre, un edificio se derrumbó en la ciudad de Gaza y mató al menos a veinte vecinos. Ese mismo mes, la Junta presentó un plan de 2.450 millones de dólares para empezar a reconstruir, una fracción de los 71.400 millones que calculan la ONU y la Unión Europea.

En Netiv Haasara, la mirada está puesta también en las urnas. Israel celebra el 27 de octubre sus primeras elecciones desde el ataque, y la responsabilidad por el 7 de octubre se ha convertido en uno de los ejes de la campaña. Netanyahu se niega a crear una comisión estatal de investigación, que la oposición promete si gobierna. 

En las últimas semanas, varios medios han revelado que Emiratos y Egipto advirtieron al primer ministro de un gran ataque días antes. “Quiero una comisión que investigue y eche al gobierno de Netanyahu, que permitió que esta matanza sucediera”, declara Fenlon.

A las afueras del pueblo, a las puertas del paso de Erez, la antigua entrada y salida de Gaza para los trabajadores palestinos, el presidente israelí, Isaac Herzog, preside una ceremonia para llorar a las víctimas. En esa encrucijada de hormigón se alza un gran mural con la palabra “paz” escrita en inglés, árabe y hebreo. El 7 de octubre prendió la mecha en todo Oriente Medio y en Israel, donde la paz se ha convertido en tan solo un recuerdo.

Helena Pelicano Gómez

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo

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