
No hay mediaciones posibles: o se dice ‘sí’ o se dice ‘no’. Sí a la familia natural, no a los lobbies LGBT, sí a la identidad sexual, no a la ideología de género, sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte, sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista, sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva, sí al trabajo de nuestros ciudadanos, no a las grandes finanzas internacionales, sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas”. Con esta retórica, concebida como un combate moral sin zonas grises, Giorgia Meloni se dio a conocer en España durante un mitin de Vox en la campaña de las elecciones andaluzas de 2022. Tres meses después, aquella dirigente que hablaba desde Marbella se convertiría en primera ministra de Italia.
Santiago Abascal y Giorgia Meloni, en el Mini en el que la primera ministra italiana llegó a la residencia del líder de Vox
Desde entonces, la relación entre Meloni y el líder de Vox, Santiago Abascal, ha atravesado algunos altibajos. La salida del partido de ultraderecha español del grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) abrió una grieta con Hermanos de Italia y alimentó rumores sobre un enfriamiento entre ambas formaciones. Una brecha que Alberto Núñez Feijóo trató de aprovechar durante una visita a Roma en la que elogió las políticas migratorias del Gobierno italiano, buscando situarse como interlocutor fiable de Meloni en el sur de Europa.
La primera ministra italiana legitima a Abascal frente al PP de Núñez Feijóo
Pese a todo, la relación personal y política entre Abascal y la primera ministra italiana se ha mantenido. Meloni ha inaugurado 2026 junto al líder de Vox y en su reciente visita a Madrid —incluido el trayecto en un Mini clásico rojo por las calles de la capital— fue cuidadosamente exhibida como prueba de la buena salud de las alianzas internacionales del partido.
Porque mientras Meloni, ya desde el poder, se alinea con Francia, Alemania, España, Polonia y el Reino Unido para respaldar a Dinamarca frente a las presiones de Trump por Groenlandia, en el plano doméstico español su gesto es otro. La primera ministra italiana no ha dudado en escenificar su cercanía con Abascal, eligiéndolo como interlocutor privilegiado en España, incluso cuando el PP ha tratado de presentarse como socio fiable en el espacio conservador europeo.
Este respaldo sitúa a los populares en una posición incómoda. Mientras Feijóo busca aparecer como un aliado moderado para los gobiernos europeos, Meloni legitima a su competidor por la derecha y alimenta la presión interna sobre cualquier futura estrategia de pactos. En ese juego de equilibrios, Vox gana visibilidad y peso internacional.
